Santa Fe y Córdoba, los duelos clave

 

Por Néstor Leone

 

Cambiemos pretende arrebatarle estas dos provincias a socialistas y peronistas. Lógicas propias y estrategias nacionales

 

Gobernadas desde hace tiempo por expresiones políticas distantes o a contramano de los ciclos nacionales, Santa Fe y Córdoba son objetos de deseo del actual oficialismo.  Las buenas performance en las presidenciales de 2015 y, sobre todo, en las legislativas de 2017, habilitan esas pretensiones. También el largo predominio de las fuerzas que están a cargo de sus ejecutivos y acumulan cierto desgaste: 11 años en un caso, 19 en el otro. Si a eso se le suma que ambos distritos forman parte del núcleo agroexportador, que son piezas importantes del entramado industrial y que representan el 18% de la población, los esfuerzos de Cambiemos parecen sumar razones para retroalimentarse.

En el año previo a las elecciones, el Gobierno da por descontado que los comicios en ambos distritos se darán de manera desdoblada, más allá de las sugerencias o las presiones para“ simplificar” el calendario y unificarlos con las nacionales. Cierta tradición en el caso cordobés y una disposición legal en el caso santafesino son prerrogativas en ese sentido, que se complementa con la convicción compartida de que las chances serían mayores para los candidatos de los gobiernos locales que la lógica que se imponga sea la discusión provincial, por encima o más allá de los grandes temas de debates nacionales.

En cuanto a estrategias electorales, la Casa Rosada decidió dar vía libre a las apetencias de un variado número de candidatos posibles, sin definir todavía qué mecanismo utilizará para saldar esa disputa, lo que aumenta los recelos y, de alguna manera, adelanta los tiempos de una campaña que se presume extensa y condimentada por múltiples ingredientes. Por lo menos, hasta que las encuestas, los cálculos de intereses o las correlaciones de fuerzas internas definan lo contrario. El estado de situación por el que atraviese el aparato productivo en el momento en que se cierren las urnas, con el impacto de las políticas económicas, ajustes varios al poder adquisitivo y algunos problemas acumulados en sectores importantes para ambas provincias (el lácteo, en particular) contribuirán a definir adhesiones y voluntades. En uno y otro sentido.

 

LA BOTA

En Santa Fe, el gobernador Miguel Lifschitz puso a disposición de la opinión pública su proyecto de reforma de la Constitución provincial, diseñada en 1856 y reformada parcialmente en 1962. Cuanto logre avanzar con la iniciativa mostrará, a su vez, cómo quedó el balance de fortalezas y debilidades de su gobierno. El esquema de alianzas que lo llevó a la Casa Gris está ciertamente desmembrado.

El Frente Progresista Cívico y Social, que gobierna desde 2007, perdió de manera orgánica a la UCR, uno de los aliados históricos del socialismo en la provincia. Aunque conserva espacios y funcionarios radicales en su gestión. Las dos victorias muy ajustadas en las test anteriores, las derrotas contundentes en los turnos legislativos y algunos problemas recurrentes en la gestión (en seguridad, sobre todo) marcan los límites. Y esto, más allá de que Lifschitz logre con la reforma una reelección posible o sea el exgobernador Antonio Bonfatti el candidato del espacio. Enfrente, las dos principales fuerzas que pelean el dominio de la provincia. Por un lado, Cambiemos. Por el otro, el peronismo. El intendente de la ciudad capital, José Corral aparecía como candidato “natural”. Pero al radical le apareció un contrincante: el diputado nacional, rosarino y referente del PRO, Luciano Laspina, menos conocido, pero con el respaldo de algunas oficinas importantes de Casa Rosada. La inquietud del radicalismo santafesino ya resulta explícita y marcará el pulso de la relación entre los aliados. Mientras que por el peronismo, el senador Omar Perotti asoma como el aspirante con más chances. Precandidato en dos ocasiones, en ambas perdió en primarias contra el kirchnerista Agustín Rossi, eficaz para sumar en la interna peronista, pero con menos chances para captar el voto independiente. Perotti ya recorre la provincia como aspirante, mientras Rossi parece más abocado en la lucha nacional como jefe de bloque del FpV. Alejandra Rodenas y María Eugenia Bielsa completan el combo de pretendientes.

 

MEDITERRANEA

En Córdoba, el peronista Juan Schiaretti pone en juego bastante más que su continuidad. Unión por Córdoba, el sello por el cual intercaló gestiones con Juan Manuel de la Sota desde 1999, representó una forma de mostrar puntos de acuerdos y disidencias con el Ejecutivo nacional de turno, sin resignar autonomía ni poder territorial. Cordobesismo lleva por nombre en el argot mediterráneo. Modalidad, por cierto, que le ha asegurado sucesivos triunfos, pero que no le ha permitido trascender los límites de la provincia. De la Sota lo intentó en varias oportunidades, sin éxito. Schiaretti lo estaba intentando, incluso como líder posible de una liga de gobernadores. Hasta la derrota electoral de octubre pasado, donde apostó por Martín Llaryora, su vice, y no pudo evitar que la “ola amarilla” golpeara sus pretensiones. Mientras trata de recomponer su esquema, el gobernador apuesta a mantener su vínculo en buenos términos con el gobierno del presidente Mauricio Macri, a apoyarse en la gestión local y a jugar algunas fichas en el tablero peronista, donde perdió terreno. Con pronósticos reservados.

En Cambiemos, en tanto, sobran las miradas optimistas, aunque no haya candidatos definidos. La provincia fue sede de la primera confluencia. Allá por septiembre de 2014, cuando todavía no existía como frente electoral ni como coalición de gobierno. En Marcos Juárez, radicales y macristas acordaron ir juntos a las urnas y ganaron la intendencia. En septiembre próximo, en una de las pocas elecciones del año, tendrá que revalidar, ya como fuerza consolidada y doblemente victoriosa en la provincia. De hecho, en Córdoba, Macri recogió 7 de cada 10 votos en el balotaje con Daniel Scioli, en las presidenciales de 2015. El intendente de la ciudad capital, el radical Ramón Mestre encabeza el lote de aspirantes. Y , en confrontación abierta con Schiaretti, busca ganar centralidad. Desde Casa Rosada no le dieron la cucarda. El diputado de la UCR y jefe del interbloque oficialista Mario Negri es un posible contendiente. A los que se suma Héctor Baldassi, dirigente del PRO y mimado por Casa Rosada, entre otros

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