La fortaleza de Cristina

 

Por Joaquín Múgica

 

La expresidenta sigue siendo la dirigente más importante de la oposición

 

Cristina Kirchner se corrió del centro de la escena en el inicio de 2018. El único canal que utilizó para comunicar sus ideas públicamente fueron las redes sociales. Como en el inicio del año pasado, cuando su nombre se mantuvo presente en el debate público y su candidatura era la incógnita que carcomía al peronismo bonaerense. Pero el paso al costado momentáneo no excluyó su nombre de la reconstrucción que atraviesa el peronismo a nivel nacional. Está presente en la amplia discusión por medio de sus voceros y los gestos de los legisladores que le responden.

La expresidenta es la dirigente más importante de la oposición. Sus ocho años en el máximo escalón del poder nacional la enaltecen por sobre el resto de la dirigencia y el acompañamiento electoral que mantiene la vuelve una figura excluyente. Todavía puede darse el lujo de elegir con quienes hablar y esperar elogios públicos de los diversos dirigentes que conviven en el peronismo. Los que más la halagan son los intendentes bonaerenses. Muchos la necesitan para permanecer en el poder. Las gestiones deficientes en sus distritos y el soplido en la nuca de los políticos de Cambiemos, convierten a Cristina en una salvadora que concentra votos. No hay proyecto político detrás de esa ambición. Es, en la mayoría de los casos, una cuestión de conveniencia.

El Gobierno ve en Cristina el principal motivo por el que pueden avanzar con medidas antipopulares y regular el costo político que generan las decisiones. La exjefa de Estado divide el peronismo y sostiene el discurso del oficialismo que la tiene a ella como la encarnación del pasado trágico y a Mauricio Macri como el obrero incansable que cada día intenta reparar el daño hecho en la década kirchnerista. Así potencia la fortaleza de Cambiemos y debilita la imagen del peronismo en su conjunto.

 

El Gobierno ve en CFK el principal motivo por el que pueden avanzar con medidas antipopulares y regular el costo político

 

La confrontación con el kirchnerismo sigue siendo el gran negocio del Gobierno. Pese a que el Presidente decidió que su Gabinete deje de hablar del pasado y la herencia, y se dediquen a expresarse sobre el futuro y los buenos resultados que, suponen, lograran con la dirección que tomaron con la política económica. Por eso el Gobierno celebra los encuentros en los que la fuerza que lidera la exmandataria muestra volumen dirigencial y expone la nueva relación con Hugo Moyano. La cumbre del peronismo K en San Luis es el claro ejemplo del enemigo político que quiere elegir Cambiemos para el año electoral que se avecina.

El Gobierno mantiene firme la idea de que la negociación de acuerdos y proyectos de ley seguirá siendo con el peronismo federal, pero la batalla dialéctica y política será contra el kirchnerismo. Es una estrategia que puede desvanecerse si un candidato del sector donde los gobernadores del PJ pisan fuerte logra encaminar el liderazgo de la mayor parte del peronismo. En ese caso, el discurso del oficialismo quedaría obsoleto y la confrontación con el pasado, encarnado en el esquema que respalda Cristina, se licuaría lentamente.

El peronismo está tan fraccionado que es imposible determinar cuál será el resultado de todos los encuentros y reuniones que se realizan en varios puntos del país. Los encuentros tienen identidades diferentes, dirigentes sin representación partidaria, ex funcionarios sin rumbo y legisladores e intendentes con buenas intenciones pero demasiado preocupados por amontonar nombres para ganar la elección presidencial.

Cristina permanece en silencio, pero apoya las diferentes reuniones a las que asiste Agustín Rossi. El santafesino representa sus intereses y los del espacio político. En el kirchnerismo algunos aspiran a que sea candidata, otros a que se corra de ese lugar de privilegio y colabore en el armado de un gran frente. De cualquier manera, su figura representa el límite que, tarde o temprano, un sector del peronismo pondrá como excusa para dividirse del kirchnerismo.

En las oficinas del peronismo federal, espacio que encabezan los gobernadores, sacan cuentas pensando en el 2019 y, con encuestas en la mano, intentan darle forma a los bocetos de un proyecto político sin Cristina Kirchner. Según los relevamientos que utilizan como brújula, en los últimos meses un sector importante de la sociedad argentina cree que Cambiemos solo tiene fuerza porque confronta con la ex jefa de Estado, y que el peronismo del futuro inmediato tiene que mantener su identidad, pero aspira a tener un diálogo fluido con el oficialismo.

 

El debate de fondo del peronismo es si comienza un nuevo ciclo o si reconstruye lo que se desarmó el día que ganó Macri

 

Juan Manuel Urtubey, Florencio Randazzo y Sergio Massa son los nombres que aparecen en las hipótesis del futuro electoral que discuten en el peronismo anti K. Son opciones que se desmarcaron del kirchnerismo hace bastante tiempo y que, pese a no tener el acompañamiento popular que en la actualidad tiene Cristina, logran restarle puntos a Macri. Ninguno de los tres tiene el respaldo de la ex mandataria, pero todos tienen espacio para crecer y consolidarse como una alternativa del peronismo anti K. Así lo marcan las encuestas prematuras que consumen legisladores y operadores peronistas en un año en el cual la oposición busca un rumbo y padece la grieta interna.

Frente a una potencial candidatura, Cristina concentra la mayor parte del voto opositor pero le permite a Macri crecer en la intención de voto. Es decir, cada vez que la expresidente está presente en un posible escenario electoral, la polarización de apodera del electorado y los beneficios quedan en manos del oficialismo. En un país donde existe el balotaje y donde más de 30% no está dispuesto a votar ni a Cristina ni a Macri, la fortaleza de la expresidente como candidata opositora tiene un claro límite para crecer.

El año del peronismo será largo, tumultoso, desordenado y alborotado. Habrá fotos, encuentros, reuniones secretas y cambios de opinión. Como sucedió hasta ahora y como ocurrirá, sin dudas, en los próximos meses. Cristina Kirchner seguirá ocupando un lugar central en la discusión. En definitiva, el debate de fondo que tiene el peronismo es si comienza un nuevo ciclo político o si reconstruye lo que se desarmó el día que Macri le ganó a Daniel Scioli. En cualquiera de las dos alternativas, la expresidenta será parte de las estrategias para que el peronismo vuelva al poder. Con ella o sin ella. Con el kirchnerismo o sin ellos.

 

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