La democracia en entredicho

 

La detención de Lula no es un hecho aislado sino que se inserta en una tendencia sudamericana

por Mariano Fraschini y Nicolás Tereschuk

 

A partir de la decisión de la justicia brasileña de sacar literalmente de la disputa presidencial al favorito para ganarla, justamente el principal dirigente de la oposición, el tipo de juego político que vino primando desde mediados de los años ochenta en Sudamérica parece dirigirse hacia un sendero incierto, novedoso y peligroso, que pone en juego a la propia esencia del sistema democrático. No deja de llamar la atención que esto ocurra en el país que pocos años atrás parecía dirigirse, según varios analistas, hacia un salto cualitativo en su institucionalidad.

Al parecer, no todo lo que brilla es oro. La prisión del expresidente y precandidato Lula Da Silva en medio de múltiples cuestionamientos al procedimiento judicial podría decirse que pone en entredicho hasta la definición mínima, de democracia. Si el método democrático es para Joseph Schumpeter “aquel sistema institucional, para llegar a las decisiones políticas, en el que los individuos adquieren el poder de decidir por medio de una lucha de competencia por el voto del pueblo”. Aquí vemos una gran proporción de esa ciudadanía que se queda sin candidato por el que inclinarse. Lo básico.

Las democracias presidencialistas de baja institucionalización (DPBI) en Sudamérica tienen como característica principal el cumplimiento parcial de las leyes y la labilidad en la interpretación y ejecución de las reglas. Asimismo, la relevancia de las fuerzas extrapartidarias, es decir, los gobernadores, los sindicatos, los empresarios, los movimientos sociales y los militares (y los paramilitares) afectan, junto a la facciosidad interna y externa de los partidos políticos regionales, la performance de los presidentes. Estos, asimismo, ingresan en una dinámica bipolar con la oposición (que puede ser partidaria, mediática o corporativa) que da por resultado un esquema político institucional muy particular, y es el que viene transitando Sudamérica en los últimos treinta años desde la recuperación democrática. En este marco se vino desplegando hasta el momento el juego político sudamericano, probablemente a excepción de lo que ocurre en Uruguay y Chile. Más allá de algunas tensiones propias de este esquema, las acciones se mantuvieron dentro de esas fronteras institucionales.

En ese escenario, la candidatura de Lula se presentaba (¿se presenta?) como un desafío para los poderes fácticos brasileños. A pesar de que durante su mandato, el ex tornero mecánico“ no afectó” sensiblemente los intereses materiales corporativos, este bloque de poder decidió que no había lugar para un retorno de Lula al Palacio del Planalto. La medida judicial que acompaña la estrategia del bloque de poder es dejar afuera de carrera al expresidente y apresarlo, a decir de expertos de diversa orientación ideológica, con muy pero muy escasas evidencias. ¿Constituye esta medida una que pueda enmarcarse dentro del esquema habitual de las DPBS? ¿Se trata de una lábil interpretación de las reglas o directamente de una “estrategia brusca” de exclusión del adversario político? ¿Esta decisión abre un nuevo esquema político institucional alternativo a las DPBIS?

Unos números atrás en el estadista ( http:// elestadista.com.ar/?p=13365) nos interrogamos acerca de la emergencia de un “juego brusco institucional” en la región, a partir de la irrupción de un conjunto de nuevas dinámicas que intentan ir más allá de los límites de las DPBIS. En ese marco sugerimos la existencia de transgresiones institucionales propias de un contexto en el que las normas tienen la labilidad que hemos marcado y que corrían el riesgo de violentar una serie de derechos fundamentales (civiles y políticos), en especial la de sectores que se encuentran más bien volcados a la oposición política. Identificábamos, entonces, un nuevo juego institucional que provisoriamente definimos como“ brusco”. En ese nuevo escenario, el intento de sobrepasar los límites de las DPBIS podría implicar un nuevo esquema, en el que la “brusquedad oficial” hacia sectores de la oposición política y social, se rutinice y se convierta en una estrategia gubernamental.

El encarcelamiento de Lula es otro hito en una serie de medidas políticas-judiciales que se vienen desarrollando en la región. El encarcelamiento de figuras opositoras en Argentina y la virtual proscripción de Rafael Correa en Ecuador , entre otras, emergen como elementos que nos permiten hablar de una nueva estrategia de los nuevos gobiernos del pos giro a la izquierda.

En ese contexto, la década larga de “giro a la izquierda” en la región estuvo caracterizada por una mayor estabilidad de los presidentes. El fenómeno de la inestabilidad presidencial que se reiteró en la Sudamérica en los años ´80 y ´90 se vio modificado: los presidentes lograban ser electos y reelectos, desplegando sus programas de gobierno. La salida anticipada de Fernando Lugo apareció como un mojón incómodo y el impeachment a Dilma Rousseff ofició de“ fin de un ciclo”.

Aún así, la detención de Lula revela dos aspectos no siempre mencionados de esta vigencia del “giro a la derecha”. La primera es la endeblez de sus basamentos políticos. En otros términos: si esta derecha fuera “hegemónica”, en el sentido de dotar de dirección intelectual y moral a la política regional, difícilmente debería echar mano al encarcelamiento de dirigentes opositores. Si los estados están conformados por dosis de coerción y consenso, la exposición de la cara más coercitiva hace ver más una debilidad que una fortaleza.

El segundo elemento es el de la estabilidad política en entredicho. El final anticipado del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, en Perú, y la bajísima popularidad del presidente interino Michel Temer, en Brasil, sumado a las tensiones económicas que atraviesan los llamados “mercados emergentes” hacen pensar en un escenario donde lo que hoy parece definido en poco tiempo puede mutar.

Puntualmente en Brasil, luego del triunfo electoral de Dilma Rousseff en octubre de 2014 y la aplicación de una agenda económica neoliberal, el país carioca ingresó en una fase de inestabilidad de la que aún no logra salir. La salida anticipada de la presidenta brasileña en 2016, una práctica habitual en la región, no logró detener el deterioro económico e institucional. Lejos de consolidar un polo de poder estable, la alianza parlamentaria, mediática, judicial y corporativa que sostiene a Temer no logró construir un candidato para darle continuidad a su política

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