La política económica de Phillip K. Dick

En estos días el Gobierno no ha recibido una dosis de realismo por parte de los mercados sino de confusión

Por Ernesto Calvo

 

Decía el escritor Philip K. Dick que la realidad es aquello que, cuando uno deja de creer, no se va. Los lectores de el estadista, por ejemplo, pueden dejar de creer que este medio de comunicación es real y, sin embargo, no por eso desaparece la revista de los quioscos o los archivos de sus servidores. Sin embargo, si lo consideramos como un test, el test de Dick, siempre me ha sorprendido la poca carga de realidad que tiene la política. Grandes pedazos desaparecen cuando uno deja de creer en ellos, con consecuencias que no siempre son predecibles.Las crisis ponen en duda todas laspequeñas conexiones que sostenían a las grandes ideas. En las crisis, todos los detalles tienen que ser probados nuevamente.

En estos días el gobierno ha recibido una dosis de realidad, dirán algunos. Lo opuesto, sin embargo, nos dice Philip K. Dick. El modelo de gobernabilidad que Cambiemos se había dado para la economía pende de un hilo, forzando cambios en todos los niveles. El pedido al FMI, el realineamiento de ministros, la descripción errática de los indicadores macroeconómicos por parte de los funcionarios de gobierno, muestran que el orden de lo real que organizaba el discurso económico ha implosionado. Lo que queda no es más real. Es la proliferación de dudas en donde antes había conexiones. El shock ha desarmado la visión de mundo que el Gobierno se había dado, pero no ha llenado ese vacío con nueva información. Es un resultado costoso para todos los argentinos. La vida cotidiana se degrada en la medida en que cae el consumo,el empleo se vuelve más precario, el acceso a bienes esenciales se reduce.

En efecto, el Gobierno no ha recibido una dosis de realidad por parte de los mercados sino una dosis de confusión. Lo que queda, una vez que descarta sus anteriores creencias económicas, es menos que lo que tenía antes. El pedido a los empresarios para que limiten los aumentos de precios describe el remplazo del pensamiento económico por el voluntarismo político. Uno sólo puede desear que el gobierno haya enviado ese mensaje a los votantes y no a los actores económicos. Las solicitudes de buen comportamiento a los empresarios sólo pueden ser leídas como una señal de impotencia.

En este contexto, el llamado a ajustar el gasto y acelerar la reforma fiscal son los prejuicios que quedan cuando el razonamiento económico se desvanece. La economía de manual, las respuestas genéricas, la desarticulación entre los datos económicos y la política que se les ofrece a los votantes, son el resultado de la desaparición de un imaginario que no tiene con que ser remplazado. Es por eso que el anuncio del nuevo rumbo viene después de la crisis y no antes. El Gobierno no recibió una dosis de realidad, sino una dosis de escepticismo. Lo que queda, después de que el Gobierno ha dejado de creer, es el pensamiento mágico, el discurso económico menos sofisticado.

 

LA ECONOMIA DE MANUAL PARA VOTANTES SIN RUMBO

En la medida en que el gobierno comienza a recitar manuales introductorios de economía en lugar de perderse en los detalles de la actividad económica, uno sabe que política económicaha dejado su lugar a la ciencia ficción económica. Los instrumentos que dispone el Gobierno no son perillas que deben calibrar la economía. Quedan ahora grandes principios, grandes ideas, grandes políticas, con menos detalle y menos contenido. En este respecto, los gobiernos no son muy distintos a sus votantes.

En un trabajo publicado el año pasado junto a Kiyoung Chang y Tim Hellwig, analizamos cuán importante eran las percepciones e ideología de los votantes al definir su voto. Cuando la economía sube o baja, cambian también las consideraciones de los votantes respecto del valor que tiene“ un buen administrador” o“ un partido que está más cerca de mis creencias ideológicas”. En este trabajo, mostramos que una mala economía produce señales más ruidosas, por lo que la decisión de los votantes se torna más aleatoria. En buenos tiempos, en cambio, los votantes le dan menos importancia a la ideología y más importancia al detalle de las políticas públicas. ¿Cuál es el motivo? La mala economía disminuye la información de la cual disponen los votantes y, a rio revuelto, ganancia de especuladores. Los votantes premian o penalizan a los políticos en modo menos predecible, y la rotación política se acelera. El peronismo ha escuchado el ruido del rio, fuerte y claro, comenzando a reunificar sus piezas antes de lo esperado con vistas a 2019.

Otro resultado interesante de la investigación es que la mala economía produce votantes menos pragmáticos y mas ideológicos. Esto es lo opuesto que lo que uno pensaría, dado que los votantes, cuando la economía es mala, deberían estar más preocupados por elegir a buenos administradores en lugar de elegir administradores mas ideológicos. La paradoja es, nuevamente, un problema de información. En tiempos de mala economía las perillas y manivelas pierden valor informativo. No sólo los administradores sino también los votantes toman nota de que el resultado no está bajo control de los burócratas y funcionarios de turno. El resultado, más rotación y más ideología.

Esto también es cierto para los políticos. Es decir, no sólo los votantes se vuelven más ideológicos. Cuando la economía cae, los políticos dejan de administrar los detalles y pasan a recitar discursos. Si los tiempos de crisis son tiempos complejos, con menores niveles de información y mayores niveles de escepticismo, la conversión ideológica del oficialismo debería remplazar, con grandes ideales, la pérdida de capacidad para administrar los detalles.

En la política, estos son tiempos de escepticismo en el gobierno y de costos sociales entre votantes. La vuelta del FMI es leída por los actores económicos como una señal de que el gobierno no tiene a la economía por la manija. Entre los votantes, como en otras épocas, esto augura que los costos sociales serán predicados por los que están arriba y pagados por los que están abajo. En los próximos meses veremos si el gobierno remplaza economía por dogma y legisla la igualdad de Anatole France: “La ley, en su majestuosa igualdad, prohíbe que tanto el rico como el pobre pueda dormir bajo puentes, mendigar por las calles o robar pan” . La realidad es lo que nos deja el mejor equipo en 50 años cuando uno deja de creer

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