“Si puede verlo, puede serlo”

 

Es fundamental el armado de redes que pongan en contacto a mujeres con presencia política con otras que quieren tenerla  

por Virginia García Beaudoux

Si puede verlo, puede serlo”. La actriz Geena Davis, una de las estrellas de Thelma y Louise, acuñó el lema para llamar la atención sobre la necesidad de contar historias de mujeres en los medios. Historias como la de la conquista del voto femenino que se narra en la película Suffragette. Historias que sean mensajes inspiracionales que influyan y afecten de modo positivo las creencias de las mujeres acerca de su propio poder, sus talentos y roles en el mundo público; para que puedan comenzar a imaginarse y verse a sí mismas ocupando espacios y desempeñando funciones.

El poder político continúa teniendo nombre y rostro de varón. Las cúpulas de partidos y espacios políticos están en su mayoría dominadas por hombres; al igual que los sindicatos, ministerios, secretarías y órganos de decisión de todo tipo. Hace apenas poco más de setenta años que las mujeres conquistaron en nuestro país el derecho a votar y ser votadas. Llevar tanto menos tiempo que los hombres en el espacio público y en la vida política ha tenido como consecuencia una desventaja de importancia cardinal: disponer también de menos redes y apoyos de los que disponen los hombres.

¿Qué podemos hacer para achicar esa desventaja? “Si puede verlo, puede serlo”, pienso. Armar redes que hagan visibles y pongan en contacto a las mujeres que lo están logrando en política con otras que desean lograrlo y “serlo”, sería un gran punto de partida. Redes de mentoras, mujeres con más experiencia que apoyen a otras que recién comienzan, que compartan con ellas sus consejos a partir de sus propias vivencias y aprendizajes.

“Si puede verlo, puede serlo”, pienso e insisto. La primera vez que tomé conciencia del poder real de esa frase, fue gracias a lo que me dijo una de las políticas con más años de experiencia que entrevisté para mi libro “¿Quién teme el poder de las Mujeres? Bailar hacia atrás con tacones altos” (Madrid: Grupo 5, 2017). Tiene una impresionante trayectoria, se desempeñó como ministra de Transporte, ministra de Obras Públicas, dos veces como miembro del Parlamento Europeo, fue gobernadora provincial, y me contó la siguiente historia: “En los Países Bajos tenemos unos alcaldes que son reclutados por los gobernadores. Esa fue una de mis tareas. Tenía muchas dificultades para encontrar candidatas. Buscaba una táctica para mejorar eso. Los mejores candidatos y candidatas eran los concejales locales. Los hombres se me acercaban todo el tiempo para pedirme que los postulara como candidatos a alcaldes. Les respondía que debían cumplir al menos un período como concejales y que en su segundo término vinieran a verme, y si pensaba que estaban calificados los pondría en la lista. Las mujeres nunca venían. Ni siquiera en su segundo mandato. Deseaba cambiar esa situación, así que les pedí a todas las concejalas de mi provincia que se reunieran y conocieran a dos o tres alcaldesas de otras provincias, con la esperanza de que pudieran ver lo bueno que era convertirse en alcaldesa. A partir de esa experiencia, las mujeres comenzaron a venir a verme. La táctica realmente fue de gran ayuda”.

“Si puede verlo, puede serlo” entonces aplica a la política también, vuelvo a pensar. Como casi todo en la vida, no hay un único modo de hacerlo. Existen diversos modelos de mentorías. Algunas, como el proyecto “Mujeres en el Servicio Público” de la iniciativa Global Women’s Leadership del Wilson Center, se proponen empoderar a las mujeres conectándolas en un mentoring estratégico de “par a par” y bidireccional. Otras, como “Mujeres para Ganar”, son redes de mentoreo intrapartidarias. En este caso, se trata de una red del Partido Conservador de Gran Bretaña, cuyo objetivo es lograr que más mujeres del partido resulten electas para el Parlamento. Otras, como “Hijas del voto”, iniciativa de la organización Equal Voice en Canadá, enfocan sus esfuerzos de mentoreo en las jóvenes. Cada año invitan a mujeres de entre 18 y 23 años para ser una de las 338 que resultarán electas para ocupar una banca en el Parlamento durante un día: se elige una mujer joven por cada distrito para representar a su comunidad y comunicar su proyecto. El objetivo es asegurar que cada una de esas 338 lideresas emergentes comience a familiarizarse con las instituciones políticas y su funcionamiento; y que entren y permanezcan en contacto con los hombres y mujeres que actualmente las ocupan para reforzar su inspiración y aprendizaje.

Sería deseable que cada mujer que “lo logra” en política impulse a otras a lograrlo. Debemos evitar que se conviertan en aves exóticas. Necesitamos actuar, crear redes para que ellas empoderen a las que sueñan y pelean por sumarse, para que vean que es posible y se convenzan de que pueden serlo, aún en un mundo todavía tan desigual

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