Una nueva recesión

Se precisa una macroeconomía sana, sustentable y predecible para que el sector privado haga lo suyo: generar riqueza, crear empleos e innovar. Sin el barco estable, todo lo demás se desvanece.

Por Alejandro Radonjic

 

Las diferencias entre un electrocardiograma y una serie de la evolución del PIB de Argentina son minúsculas. El mundo (cuanto menos, los países a los que nos debería interesar espejar) son más aburridos, por cierto, pero sus habitantes viven mejor.

En la jerga no académica, las volátiles trazas del PIB vernáculo se llaman “serrucho”: suben y bajan (mucho y en poco tiempo). ¿Cambiamos? No. Estamos en 2018 (un nuevo año par) y se viene, lo dicen todos, otra recesión. La 10° desde el regreso de la democracia.  Pero a no desesperar: “lo bueno” es que sería breve y hacia el cuarto trimestre vuelve la alegría. Eso sí, mientras tanto, el mundo crece casi 4% y el market-share criollo se encoge. Nos estamos desintegrados (y eso no es inteligente).

Constituiría, asimismo, nada menos que la segunda recaída recesiva de la era Cambiemos. Todos, antes y ahora, prometieron décadas (sí, décadas) de crecimiento y se ahogaron (solos) a los pocos trimestres. Así las cosas, 2010-2020 será una década perdida para el PIB ajustado per cápita. No sorprende que la pobreza siga merodeando el 25-30% y el gasto social tan alto como necesario. Récord, en rigor.

Houston, tenemos un problema. Varios, por cierto, pero aquí nos ocuparemos del crecimiento, es decir, la capacidad de un país de producir más y mejor. Sostenidamente y sin atajos: por caso, para 2019, año electoral, ya se planea “un poquito de atraso cambiario”, “algo más de gasto”, “cuotas para todos”, “subsidios aquí y allá” y demás.  Nuevos atajos. Además, ¿permitirá Mme. Lagarde?

El dato del crecimiento global no es menor. Según el FMI, y otros, el PIB planetario avanzará casi 4% durante el año en curso, con picos de 6-7% en Asia emergente. Y sin inflación. ¡Sí, se puede!

Más allá de las tensiones aquí y allá, no hay una crisis mundial y, sin embargo, los policy-makers vernáculos firmarían ya que el PIB “Made In Argentina” no caiga en 2018. Hubo sequía (y otros temas no controlables), es cierto, pero, aun con ellos, se podía aspirar a crecer hasta 3% en 2018… pero “pasaron cosas”. Más allá de la sequía, la recessão de Brasil y la suba del bono del Tesoro de EE.UU., las explicaciones no deben buscarse en el mundo. Aunque, quizás sí, las eventuales soluciones. La razón fue, es y será eminentemente política, y no sólo política económica. Si no es la política el medio para cambiar la realidad, o anticiparse a ella…

Se precisa una macroeconomía sana, sustentable y predecible para que el sector privado haga lo suyo: generar riqueza, crear empleos e innovar. Eso, como base. Sin atajos ni artilugios para generar veranitos insustentables ni esperar, tampoco, que el desarrollo llegará por osmosis. Luego, vendrá todo lo demás (planeamiento estratégico, acuerdos, mesas tripartitas, negociaciones internacionales, leyes, regulaciones, incentivos y demás). No hay que poner el carro adelante del caballo. Sin el barco estable, todo lo demás se desvanece.

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