Acuerdo con el FMI, ¿el fin del optimismo?

La realidad se encargó de llamar a las cosas por su nombre: el segundo semestre fue reemplazado por la estrategia de confrontar con el pasado y el gradualismo se transformó en una devaluación del 50%

Por Jorge Alvarez

 

El Memorándum de Políticas Económicas y Financieras (MPEF) suscripto por el Gobierno de Cambiemos con el FMI marca el fin de una etapa iniciada en diciembre 2015 donde el optimismo y porque no, el voluntarismo, caracterizaron las iniciativas presidenciales de acuerdo “al mejor equipo de los últimos cincuenta años”.

Del equipo inicial ya quedan pocos jugadores y de los nuevos integrantes ninguno proviene de las tribus originarias.

Distintos analistas señalan que el mayor deterioro que ha sufrido el Gobierno de Cambiemos fue perder la credibilidad de ser portadores de un plan y de una traza estratégica en la planificación de la gestión, de la mano de los Excel y el gobierno tecnocrático.

El anuncio de una “lluvia” de inversiones, la generación de expectativas sobre el segundo semestre de 2016, la apelación a los brotes verdes y el gradualismo fueron algunos de los anuncios enmarcados en el discurso oficial que buscó sembrar optimismo en la sociedad argentina.

Luego la realidad se encargó de llamar a las cosas por su nombre: la lluvia de inversiones fue reemplazada por capitales financieros que aprovecharon el carry trade para extirpar una ganancia pingue, el segundo semestre fue reemplazado por la estrategia electoral de confrontar con el pasado kirchnerista y el gradualismo se transformó en una devaluación de más del 50% en apenas pocos días.

En la campaña del 2015 el foco puesto en la necesaria reconstrucción institucional del país le permitió a Cambiemos naturalizar que por el origen de sus integrantes, y sus trayectorias, el país se encaminaba a una normalización en el funcionamiento de las instituciones, agobiadas por el uso del Estado para fines políticos.

A poco de andar, el Presidente propuso la incorporación de dos miembros de la Corte sin respetar los procedimientos constitucionales, luego vinieron las designaciones de parientes todos los organismos estatales y las cuentas off shore no declaradas por casi todo el gabinete, sin contar, claro, lo delicado del asunto del Correo Argentino y el caso Farmacity en lo que respecta al conflicto de intereses en los más altos niveles de Gobierno.

Luego de ganar las elecciones en octubre de 2017, Cambiemos se puso a hacer planes de cara al 2019 pensando en la triple reelección de sus piezas fundamentales hasta que, en el mes de diciembre, el tratamiento de la reforma previsional, acompañada por una gresca entre activistas y carros hidrantes de Gendarmería, dejó un tendal de heridos y una sesión del Congreso suspendida, iniciándose allí una concatenación de sucesos que, al parecer, culminaron con el acuerdo con el FMI.

El plan de las triples reelecciones aún sigue en pie y se mantiene bajo la expectativa de mantener desunido al peronismo, fijar expectativas de crecimiento bajas y lograr un módico crecimiento en el 2019…pero ese es otro cantar. Se avecina el fin del optimismo.

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