Pasaron las PASO y algo nos queda

Uno de los hitos fue que la percepción de eficacia de todos los gobiernos fue seriamente cuestionada

Se me ocurren algunos conceptos que permiten describir las primarias del 11 de agosto y, asimismo, vislumbrar algunas tendencias futuras. 

Competitividad. Las elecciones fueron altamente competitivas y seguirán siéndolo en las generales, y probablemente a futuro. Competitividad significa que no hay un único actor con chances de ganar. Un sistema es altamente competitivo cuando hay menos de 20 puntos entre el ganador y el cuarto. Esa fue la matemática que prácticamente se dio en todo el país. Quizás lo que varió es que no todos los partidos que presentaron candidatos a primarias tuvieron competitividad interna. Pero sí la hubo partido a partido. 

Participación. Se afirmó que hubo apatía y desconocimiento por parte de la sociedad. Sin embargo, el porcentaje de participación no fue bajo comparativamente a otras elecciones.

Intensidad. Se trató de una campaña de alta cobertura pero de baja intensidad. Es importante analizar los incentivos del sistema electoral en lo que atañe a los spots para medios masivos. A estos hay que entregarle el material publicitario cinco días antes de que aparezcan en el aire. Si un spot quiere contestarle a otro de un adversario, desde la decisión de realizarlo, sumando el tiempo de producción, se tarda no menos de una semana. Ello produce una ralentización de la negatividad y niega la posibilidad de que aparezca lo que en la jerga se denomina efecto ping-pong. 

Monólogos. Sí hubo negatividad en los spots pero lo que sucedió es que por el sistema de pautado, las campañas se planifican como monólogos pues las estrategias no se modifican e inciden mutuamente. Por ello, las campañas de los otros –adversarios– no incidieron en la del resto de los candidatos. 

Corrimiento. Mucho se habla de la incidencia de las campañas electorales y la tesis dominante es que las campañas preferentemente afirman tendencias preexistentes. Así se dio en esta circunstancia, aunque hubo corrimientos electorales significativos de acuerdo a guarismos potenciales que se avizoraban en muchos distritos. Seguramente habrá modificaciones electorales producto de la conformación de listas definitivas de cara a octubre, ya libres de la competencia de quienes no superaron el 1,5% y de los candidatos que perdieron en sus respectivos partidos (esto último afectará a 16 distritos). 

Oficialismo. El oficialismo nacional tuvo un evidente deterioro de votos. Desde la estricta matemática ha mantenido el rol de primera minoría nacional, y no tendrá una modificación sustancial de la cantidad de bancas. Sí sorprendió que la agregación estimada de un tercio de los votos totales resultó siendo de sólo un cuarto, debido no sólo a desempeños negativos en distritos de alta concentración poblacional y visibilidad mediática (previsible) sino a desempeños menores y algunas derrotas en provincias en las que había ganado con comodidad en 2011. En el oficialismo, Daniel Scioli ha quedado bien considerado en su partido y en la opinión pública, siendo junto con CFK uno de los dos puntales en los que basaron la campaña en la provincia de Buenos Aires, pero que se usó como puntal de candidatos en todo el país. 

Internas. Es importante no dejar de vislumbrar que en varias de las provincias en donde el FpV salió derrotado había fuertes pujas internas o divisiones partidarias que hicieron estallar al peronismo en diversas ofertas electorales. Es un hecho que no minimiza la incidencia del contexto nacional, pero le agrega un plus explicativo a realidades distritales. 

Oposición. En la oposición, el PRO se consolidó en su distrito pero sin una estructura nacional sólida y deberá revalidar votos en octubre frente al dilema de si UNEN conserva la sumatoria que sus candidatos obtuvieron individualmente. No obstante, y por ahora, Mauricio Macri pasó la prueba. Lo mismo vale para Hermes Binner en Santa Fe (aunque si UNEN mejora su desempeño en la Ciudad en octubre también impactará positivamente en su figura, así como en un reposicionamiento de Elisa Carrió). Binner, junto a Julio Cobos en Mendoza, tuvieron dos de las mejores performances provinciales en términos comparados en la oposición. Cobos encabeza una mejora sustancial de la UCR en varias provincias. Y también hay que sumar a José Manuel de la Sota en Córdoba, quién deberá rever su previo fallido esquema de alianzaso. Sergio Massa fue la novedad y su destacable victoria, aun no siendo el aluvión electoral que se estimaba, lo incorpora al juego nacional como un actor sumamente importante. Quizá no como “el” actor excluyente, porque los nombres anteriores se han reposicionado, pero sí como la novedad mediática.

Proyección. En la carrera que proyecta líderes nacionales más allá de 2013 no hay grandes novedades, salvo la incorporación de Massa al juego de actores previos, lo que hace que, tempranamente, muchos sean ganadores relativos, predecibles y con un status quo que no se modificará vertiginosamente. 

Voto estratégico. Se sostiene en muchos medios que habrá un voto estratégico (o útil) de cara a octubre que favorezca a opositores en desmedro de candidatos del oficialismo nacional. Seguramente habrá más profesionalización, pero no creo que el comportamiento electoral migre necesariamente hacia un voto estratégico entre las PASO y las generales. Estos reacomodamientos para vetar candidaturas se dan en contextos en los cuales ganan los candidatos que son reprobados mayoritariamente. Los resultados a priori no promueven eso, más propio de un fenómeno del balotaje que de una primaria donde permanecerán los mismos candidatos. Sí podrá haber especulación estratégica de candidatos que deciden bajarse por su mala performance en agosto y ello sí puede generar incidencias significativas, especialmente si se trata de candidatos spoiler, que son aquellos sin posibilidades reales de vencer en la contienda pero cuya presencia en la misma puede condicionar el resultado final de la votación porque detrae votos desproporcionadamente de uno de los candidatos con verdaderas opciones. 

Performance gubernamental. He aquí uno de los hitos de las PASO. La percepción de eficacia de los gobiernos fue seriamente cuestionada. Los bajos desempeños oficialistas y opositores (aún ganando) dan cuenta de ello y es una gran señal a considerar. Quizás el factor económico, en particular la inflación, ha sido una de las variables más significativas de esto. No es casual que, especialmente en el NOA Y NEA, oficialistas que antes habían ganado por mayorías abrumadoras hayan reducido su voto a la mitad o hayan perdido. Allí los pisos salariales son más bajos y los efectos económicos impactan más rápidamente. 

Futuro. Fueron elecciones de medio término. Queda claro que, clausurando la reforma constitucional, no habrá re-re. Pero el kirchnerismo lleva 10 años gobernando y con una sólida estructura nacional que seguirá presente, independientemente de los resultados. Si hubiese una fractura del arco identitario del peronismo (como se evidencia ya) los escenarios pueden ser, electoralmente hablando, muy inciertos. La sumatoria del voto progresista (socialismo, UCR y aliados) arroja un significativo valor cercano al 24%. La Argentina tiene –sin usar todavía– sistema de ballotage, es decir, doble vuelta en elecciones presidenciales. Todo está abierto y esta elección legislativa no es la mejor referencia para imaginar escenarios futuros. La Argentina tiene un sistema multipersonalista inestable. Ello hace que el mejor modo de ser serio en el análisis es ser, ante todo, prudente.

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