Los acuerdos provinciales del radicalismo aceleran el calendario electoral

El para muchos sorpresivo acuerdo en Jujuy entre Sergio Massa y Gerardo Morales  ha evidenciado la profundidad y audacia de la estrategia radical de alianzas de cara a las elecciones del 2015.

La gestación de un acuerdo que permitiría sincronizar las chances radicales para la elección gubernativa con las expectativas de crecimiento nacional de Sergio Massa no puede sorprender. Era, en efecto, un secreto a voces. Durante los últimos meses, la conducción nacional del radicalismo ha dado pasos inéditos en su difícil peripecia de los últimos veinte años, al decidir dejar en libertad de acción a sus dirigentes y candidatos provinciales para la gestación de las alianzas que mejor convengan a sus intereses electorales en provincias y municipios. Al mismo tiempo que en el nivel nacional tanto Ernesto Sanz como Julio Cobos han comenzado a anticipar el lanzamiento de sus respectivas campañas nacionales, en la mayor parte de las provincias los candidatos a gobernadores han comenzado a concretar acuerdos de distinta naturaleza, orientados a optimizar las ventajas que seguramente brindarán los adelantamientos electorales provinciales.

El movimiento implica un cambio estratégico de proporciones. En una primera instancia, sectores importantes de la conducción nacional han comenzado a avanzar en la gestación de acuerdos con el PRO de Mauricio Macri. En este caso, las razones tienen más que ver más con la presión del electorado radical que con las preferencias de los dirigentes. Cuesta, en efecto, imaginar a un cuerpo como la Convencional Nacional de la UCR habilitando la posibilidad de un acuerdo con quien hasta hace mucho era considerado como “el límite”, en la jerga política actual. Sin embargo, es claro que al menos dos tercios de los votantes radicales ven en Macri una candidatura más que posible.

El acuerdo UCR-PRO avanza más en la base electoral que en el deseo de los dirigentes. Y no precisamente por falta de voluntad de los radicales. Las mayores dificultades en el avance se deben sin duda a la virtual ausencia en las filas del macrismo de operadores de calidad equivalente. En este y en muchos otros aspectos, el PRO revela sus dificultades para superar la escala del partido municipal y alcanzar el nivel de diseño y construcción de alianzas sociales y políticas que impone la lucha por el poder presidencial.

El movimiento inaugurado por Morales en Jujuy  responde a necesidades diferentes. En Jujuy concurren circunstancias comunes con una buena parte del resto de las provincias argentinas, donde la unidad del peronismo contribuyó durante décadas a consolidar casi treinta años de hegemonía peronista. La aparición de Massa incorpora un factor de importancia extraordinaria: la posibilidad de una división real en las bases electorales del peronismo y la posibilidad de establecer alianzas pluripartidistas de gobierno de casi segura concreción inmediata. En provincias como Jujuy, La Rioja, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Formosa, Chaco, La Pampa, Tucumán, Catamarca, Mendoza, San Juan o Misiones, el radicalismo se ha renovado sustancialmente y ha avanzado incluso electoralmente. Ha conquistado la mayor parte de las grandes ciudades provinciales y en las dos elecciones del año 2013 ha llegado a convertirse en una alternativa cierta de gobierno en muchos distritos hasta ahora monopolizados por un peronismo unido y disciplinado desde el Gobierno Nacional y administrado desde caudillismos locales de gran eficiencia gubernativa.

De producirse una fragmentación en los apoyos tradicionales del peronismo, las chances de un vuelco electoral de proporciones cobran una sugestiva importancia. De allí que un dirigente como Morales, durante años enemigo acérrimo de  cualquier intento de gobernadores e intendentes radicales por avanzar en posiciones transversalistas, haya decidió inaugurar el nuevo enfoque. Buena parte del fracaso del programa transversal de Néstor Kirchner y Cobos en el 2007 se debe a la inexplicable resistencia de las autoridades nacionales, con Morales entonces a la cabeza, para aceptar un papel del radicalismo limitado al Gobierno de diez o doce provincias. Esta vez, las cosas son diferentes y el sentido común parecería imponerse sobre una resistencia tozuda a ver más allá de los intereses coyunturales de una candidatura personal. Esta nueva actitud le ha permitido al radicalismo convertirse en una alternativa cierta de gobierno en muchas provincias donde hasta hace poco era sencillamente impensable cualquier posibilidad  de alternancia

Por lo que ha trascendido, la generalización de este acuerdo podría llegar a ser casi inmediata, toda vez que a las menos seis provincias anuncian adelantamientos de sus cronogramas locales. Con el correr de los próximos días, podrán advertirse los efectos de este primer anuncio.

Un primer efecto tendrá que ver seguramente con el impacto sobre la intención de voto presidencial. Hasta el momento, Massa comparte con Macri y Scioli el podio de las expectativas electorales y los porcentajes respectivos de voto permiten hablar de un empate técnico, con alcances todavía difíciles de estimar. Massa era hasta el momento la opción menos dinámica. Su avance inicial, que lo llevo a adelantar a Scioli con casi seis puntos de venta, se había paralizado, como consecuencia sobre todo de sus dificultades para penetrar en las provincias. Un acuerdo con el radicalismo le permite ahora ampliar sus perspectivas y volver crecer en, al menos, la mitad de los distritos de todo el pais. De la mano de los futuros gobernadores radicales, ya desde hace meses bendecidos por las encuestas más serias, Massa cuenta ahora con posibilidades ciertas para disputarle al peronismo hasta sus bastiones más firmes e inconmovibles.

Por el lado del radicalismo, los efectos no serán menores. La perspectiva de un oficialismo provincial dividido agrega a los candidatos radicales la posibilidad de representar mucho más que el voto descontento de los sectores medios de las ciudades. La generalización de esta alianza con el peronismo renovador no es del todo imposible para un radicalismo que ya en el año 2011 acepto la posibilidad de una alianza de este tipo.

Más allá de las posibilidades de estos acuerdos, lo importante es que la decisión radical de dejar de lado las posiciones de intransigencia que lo llevaron a su posición actual y le permite volver a incidir en la construcción de la agenda pública del pais, hasta ahora monopolizada por el histrionismo del Gobierno Nacional.

De prosperar, un acuerdo con el anunciado no sólo puede reforzar las posibilidades de un triunfo opositor en el 2015. También fortalecerá las posibilidades de que el radicalismo defina mejor sus posibilidades e intereses reales, de cara a una elección en la que no podrá llevar candidatos propios. De avanzar en una clarificación del papel que le toca desempeñar en una circunstancia nacional como la actual, el radicalismo avanzará también en la recuperación de su papel de relevancia fundamental en el proceso de reconstrucción de la vida política después de veinte años de hegemonías paralizantes.

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