Croquis del punto de partida

La decisión de la Convención radical fue la consecuencia de una serie de tendencias que se venían manifestando en la sociedad.

El resultado de la Convención del radicalismo definió con contornos más precisos la oferta electoral para las próximas elecciones primarias de agosto. Durante los últimos meses las principales novedades estuvieron en la vereda opositora del sistema político. Repasemos: salida de Elisa Carrió, del FAUnen, sangría de dirigentes del Frente Renovador, agonía y disolución del FAUnen, alianza entre Mauricio Macri y Elisa Carrió, retiro de la candidatura de Hermes Binner, aparición de Margarita Stolbizer y, finalmente, la decisión de la UCR de confluir en las PASO junto al PRO y a la Coalición Cívica.

Si bien la principal pregunta formulada en estos días apunta al posible efecto que podría provocar dicha confluencia; considero más apropiado pensar lo sucedido en Gualeguaychú como consecuencia de una serie de tendencias que se venían acentuando en la sociedad. Es decir, la decisión de la UCR no constituye un rayo en un cielo estrellado; sino que es una reacción perfectamente “racional” ante la evolución del paisaje políticoelectoral. A continuación se describen las tres principales tendencias que explican la estrategia electoral votada en la Convención radical:

1. (Re)Fortalecimiento del kirchnerismo: En un juego que lleva varios años, otra vez se lo había dado por muerto y nuevamente reaparece fortalecido en la escena pública, dotado de la centralidad y audacia que lo convierten en el actor principal de la política argentina. A la luz de este dato, la decisión de sintetizar cosechas electorales de distintas fuerzas opositoras puede interpretarse como señal de una expectativa de que el FpV podría sacar más del 40% de los votos; eventualidad que exigiría diseñar una estrategia que impida que un desempeño electoral de esas proporciones convierta al Frente para la Victoria en ganador. En otras palabras, si el liderazgo de Cristina Fernández fuera realmente percibido en clave de pato rengo, las estrategias opositoras serían completamente distintas.

Pese a la intermitencia del humor social, el Gobierno Nacional conserva un piso de adhesiones bastante inelástico y nunca inferior al 40%, lo cual lo transforma en un actor políticamente potente y electoralmente muy competitivo. Asimismo, la interna del oficialismo ha ido adquiriendo mayor atractivo, dinamismo y protagonismo. El kirchnerismo enfrenta el desafío sucesorio que han transitado, con mayor o menor éxito, distintos procesos políticos en curso en la región. Al respecto, durante mucho tiempo se ha insistido sobre la “esterilidad sucesoria” del oficialismo y su incapacidad para construir –o mejor dicho, desplegar– candidatos. Lo cierto es que para el mercado electoral de potenciales votantes kirchneristas (donde importa analizar esta cuestión), el repertorio de candidatos resulta interesante y contiene suficientes matices, que son el combustible motivacional de cualquier elección. Si bien este universo de votantes está regido sentimentalmente por la identificación con Cristina Kirchner, empiezan a esbozarse preferencias entre los precandidatos. Más allá de tales preferencias, los votantes de inclinación oficialista perciben que existe un proyecto, un equipo y un rumbo –definido por un estilo y ciertas coordenadas ideológicas– que es “más que la suma de las partes”; allí anida el principal activo del oficialismo frente a las opciones opositoras, aún en construcción en términos de un concepto o identidad que enhebre a las partes. Asimismo, la importancia concedida a la gestualidad de la presidenta acredita la gravitación emocional y política de su liderazgo sobre un amplio segmento del electorado. Es decir, pese a que muchas encuestas solían ignorar la interna del oficialismo, las mediciones que colocan el foco sobre agosto ilustran una interna kirchnerista muy competitiva y convocante.

2 Declive del massismo y fortalecimiento del PRO: El Frente Renovador viene sufriendo, desde hace unos meses, una lenta pero sostenida hemorragia de adhesiones, aunque habría que cuidarse de absolutizar tendencias. Las interpretaciones sobre el resultado de las elecciones del 2013 constituyen una lección muy didáctica respecto a lo que ocurre con algunos pronósticos demasiado taxativos: el FPV y el PRO se fortalecieron desde entonces, el FAUnen se deshilachó y el Frente Renovador se debilitó. En paralelo al declive del massismo, el PRO ha conseguido romper sus techos distritales e ideológicos; el partido de Mauricio Macri viene creciendo en regiones del país y sectores de la sociedad donde antes se lo percibía muy ajeno. Con cierta simetría estética e ideológica –condiciones ideales para configurar una rivalidad atractiva– se va esbozando en el horizonte la competencia entre el FpV y el PRO, que parecieran desear enfrentarse en la final.

Debe añadirse, las oportunidades políticas disponibles en algunas provincias, en las que el radicalismo podría competir en muy buenas condiciones, que le permitirán revertir su inédita evaporación del mapa provincial (solo gobierna una provincia). Esta oportunidad favorece la racionalidad electoral, por encima de consideraciones identitarias.

3 Vigencia del clivaje kirchnerismo versus antikirchnerismo: El final ha quedado reservado para la variable más importante a la hora de entender la actuación de casi todos los actores políticos en Argentina. Me refiero a la plena vigencia del clivaje que organiza y estructura la política argentina desde hace varios años: kirchnerismo versus antikirchnerismo. Tal antagonismo configura la divergencia motivacional que será resuelta en octubre: la competencia entre la continuidad y el cambio. En una sociedad polarizada a partir de estas aspiraciones encontradas, el concepto de “triple empate” resulta contranatural; los votantes irán buscando al que mejor exprese la continuidad y a quien mejor represente al cambio. Los cambistas estarán atentos a que las promesas de cambio contengan garantías, ya que todo cambio entraña un riesgo y la oposición no ha cultivado en los últimos años credenciales de “presidenciabilidad” (consistencia interna más estabilidad). Por su parte, quienes aspiren a representar la continuidad, deberán recoger los desafíos y matices que contiene ese deseo.

Más que dividida por un grieta que interfiere amores, amistades y vínculos sanguíneos, la sociedad argentina se encuentra en un estado de efervescente politización, que estimula una mayor vitalidad cívica y participativa. Aquellas perspectivas que tanto cuestionaban el paisaje cívico de fines del Siglo XX, cuando se respiraba nihilismo y desafección, no deberían descalificar tanto al desacuerdo político, ya que constituye un prerrequisito esencial de una esfera pública más abierta y convocante.

Be Sociable, Share!
Esta entrada fue publicada en Edición 118. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *