La madrina de todas las batallas

En las elecciones de este año, luego de mucho tiempo, los principales candidatos presidenciales provienen de provincias grandes.

De ser el distrito maldito para cualquiera que lo gobernó y quiso infructuosamente llegar a ser presidente, de repente, y gracias a la Reforma de 1994, la provincia de Buenos Aires se ha convertido (junto a la ciudad de Buenos Aires) en la plataforma privilegiada para llegar a ocupar el Sillón de Rivadavia.

La explicación es sencilla: el maleficio en realidad era la expresión del poder provinciano mayoritario en el Colegio Electoral que siempre se resistió a encumbrar a quien venía del distrito más poderoso argentino a que sumara a ese poder, el presidencial. Toda la redacción política de la Constitución de Alberdi estuvo dirigida precisamente a neutralizar el poder que hasta ese momento había ostentado la provincia (donde Rosas fue solo una corporización de esos intereses estructurales) proponiendo incluso capturar a la ciudad de Buenos Aires para que el Presidente tuviera el trono que se merecía, cosa que recién sucedió en 1880 después de las batallas más sangrientas de toda la Historia Argentina.

Y hablando de batallas, fueron ellas las que hasta ahora permitieron que un gobernador de “la” provincia alcanzara la primera magistratura del país: Bartolomé Mitre, gracias a la batalla de Pavón, y Eduardo Duhalde, gracias a las carambolas causadas por la “batalla” de Plaza de Mayo. De todos modos, es un misterio de la política porque el “estadista” que vino de Lomas de Zamora desistió de presentarse como presidente y en cambio optó por utilizar el novísimo poder director electoral bonaerense (casi el 40% del voto argentino) para encumbrar a un ignoto santacruceño que contra todo pronóstico haría historia.

De todas maneras, si el gobierno de la ciudad permitió a quien tenía razón cuando decía estar a “cien pasos” de la Casa Rosada (De la Rúa, Fernando), hoy tiene a su jefe de Gobierno (Macri, Mauricio) integrando la terna de presidenciables para este año. Los otros dos, uno es el gobernador, (Scioli, Daniel) que si llega a ser presidente será el primero en hacerlo con el voto del pueblo (o de la gente, como se quiera). Y el otro, (Massa, Sergio) es quien venció en la legislativa bonaerense (bloqueando la reelección de CFK) y por lo tanto, presidenciable por derecho propio –una explicación simple de por qué los candidatos a gobernador no ranquean demasiado es porque si lo hicieran en un distrito con casi la mitad del electorado, apuntarían a la Presidencia y no a la gobernación–.

Un trío que puede habilitar por su sola existencia la posibilidad de que por primera vez se dé un balotaje diseñado para que nunca hubiera balotaje, con eso del 45% de los votos positivos, o el 40% sacándole 10 puntos al competidor inmediato, como requisitos a sola firma para ser el presidente de todos los argentinos. Imposibilidad aumentada con una PASO que en realidad oficia de primera vuelta. Se verán si estos tercios son artificiales o estructurales: si están rellenos de voto estratégico, como parecería ser, el que salga tercero en las PASO a más de 5 puntos de diferencia de los otros dos podría sufrir tal sangría de votos que evitaría una vez más la realización de una segunda vuelta. Si hay algo más que esa simple regla de votar a quien le puede “ganar a quien no quiero que gane”, se tendrá que sufragar varias veces.

Entre los que adelantan las elecciones, el distrito porteño impone una verdadera exageración estadística de instancias electivas: PASO de la Ciudad, primera vuelta de la Ciudad, segunda vuelta de la Ciudad (potencial), PASO para elegir autoridades nacionales, su primera vuelta y su potencial segunda vuelta.

El 5 de julio, fecha en la que tendrá lugar la primera vuelta porteña, se realizará la elección a simple pluralidad de sufragios del gobernador de Córdoba. En Estados Unidos las primarias de Nueva Hampshire son muy importantes, porque aunque se trata de un distrito chico, la cobertura mediática hace de ellas muchas veces un acontecimiento de efecto cascada.

Si bien el distrito bonaerense, con sus casi 16 millones de habitantes es la madre de toda las batallas electorales, la del 5 de julio podríamos considerarla la madrina de todas las batallas, ya que todos los ojos se van a fijar en ella para luego adelantar pronósticos.

En teoría, y hasta hace pocos días, Mauricio Macri parecía que iba a ser el gran ganador de las elecciones porteñas y también que tenía grandes posibilidades de ver a su escudería coronando también en Córdoba. Con esos dos distritos adentro, Macri también podría entusiasmarse con ganar en los distritos grandes que suman casi la mitad de la población (si le sumamos a la c iudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza, los 5.700.000 habitantes del interior de la provincia de Buenos Aires, que tiene características más comunes con las grandes provincias que con su conurbano).

Pero inexplicablemente Macri se ha encerrado en un laberinto del que si sale, obviamente, saldrá fortalecido como Teseo luego de matar al Minotauro. Pero también su jugada de redoblar la apuesta en la CABA, apoyando en la interna a Horacio Rodríguez Larreta contra Gabriela Michetti puede fallar (Tu Sam dixit). Y en Córdoba la coalición UCR PRO y asociados no viene nada bien. Un doble triunfo lo habilita a soñar con sustento en la Presidencia. Un doble fracaso (o sea, que pierda en Córdoba y que gane Michetti) le chamuscaría sus posibilidades feamente. Y lo que es más importante, dado el voto mayoritariamente estratégico, si se reducen las chances de Macri, suben las de Massa.

Y aquí, en este tablero de arena, tan imaginario que hasta puede tener algún viso de realidad, oh paradoja, a Daniel Scioli quizás le convendría que Macri gane en la Ciudad y pierda en Córdoba, pero no que pierda en los dos distritos. Razonamiento maquiavélico de pacotilla: Massa con chances, puede robarle al Frente para la Victoria a esos peronistas disidentes quienes sólo votarían al oficialismo si él enfrenta a un candidato considerado gorila.

Macri ha apostado en cambio a ser el hombre fuerte en la polarización de las polarizaciones, desechando la oportunidad de mostrar a la coalición con la UCR como el hecho fundante de una potencial victoria suya. De todas maneras, el radicalismo hará su negocio en el Congreso ya que yendo solo o con UNEN y saliendo cuarto en las PASO, lo más seguro es que casi no recolectara representantes en el Congreso, en cambio, intercalando diputados en lista única con el PRO conservará un número bastante importante de ellos.

Pero de llegar debilitado a las PASO presidenciales, Macri puede ser superado por el Frente para la Victoria. Muy en especial si convergen en el objetivo de seguir en el poder la Presidenta y el gobernador de Buenos Aires –tal como parecen haber empezado a hacerlo–.

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