¿Tenemos vice?

(Columna de Maximiliano Campos Ríos)

La elección de un acompañante en la fórmula es una cuestión en la que varias aristas deben ser tenidas en cuenta.

Todos tienen uno. O dicen tenerlo. Tanto Massa como Macri anunciaron en las últimas semanas que tienen un vicepresidente. Massa viene diciendo hace mucho que lo tiene, y ahora finalmente anunció que el 10 de junio, cuatro días antes de oficialización de listas, lo dará a conocer. Macri hace un juego similar, anuncia una y otra vez que tiene un vicepresidente, cambia el discurso, y desorienta sobre el nombre.

Varias cuestiones son importantes al momento de tomar la decisión de elegir al vice. En primer lugar, y atendiendo a la problemática que agrega la política nacional con el (re)surgimiento de alianzas y coaliciones, la nominación del presidente y su vice responde a la necesidad de equilibrar la fórmula.

En segundo lugar, y ligado a lo anterior, las PASO son una vía fácil de resolución de problemas dentro de una coalición, pero también plantean dificultades para el armado de la fórmula: la lista no puede modificarse luego de la elección, y quien gane no puede elegir un vicepresidente distinto al que lo acompañó en la boleta de las PASO.

En tercer lugar, la falta de cultura institucional de nuestro sistema político hace que la vicepresidenciasea, y haya sido, constantemente denostada, no desde ahora, sino desde siempre. Esta situación desacredita el rol del vice, y hace poco interesante para líderes con vocación de poder, la opción de asumir el cargo.

El primer punto a tener presente, y como establece Ignacio Labaqui en una nota recientemente publicada en Bastión Digital, “la vicepresidencia suele ser usada como un mecanismo para mantener equilibrios partidarios, geográficos, de género o etarios. Ya sea que se use la vicepresidencia como una suerte de premio consuelo o como un dispositivo para sumar votantes”. Es por eso que a veces se elige a una mujer para que equilibre la fórmula si el presidente es hombre, o se busca un candidato del interior si el presidente es de Buenos Aires. A diferencia de lo que ocurre en EstadosUnidos, donde la nominación responde en gran medida a la idea de equilibrar dentro del partido pero también a quien reúne los requisitos para el cargo. Incluso varios vicepresidenteshan sido contendientes del presidente en las primarias de su partido. En Argentina, Menem buscó en ambos períodos un vice de Buenos Aires: Duhalde y Ruckauf, respetivamente. Kirchner buscó apoyo en Scioli, de la Capital Federal y Alfonsín fue a Córdoba para equilibrar la fórmula con todos los sectores del partido radical. Ninguno pensó en un colaborador, en un posible asesor, ni mucho menos en alguien que pueda reemplazarlo.

Ligado a lo anterior, y en segundo lugar, las PASO lejos de ser una solución, son otro problema. Si la elección fuese como en Estados Unidos, donde quien gana decide quién lo acompaña. O bien, quien sale segundo en las primarias, integra la fórmula con quien resultó ganador, como suele suceder en Uruguay. Esto abriría una nueva posibilidad de negociación, y fortalecería las alianzas y coaliciones. Por el contrario, antes de la presentación de listas, todos los frentes deben resolver el tema de “la fórmula” lo que complica las negociaciones. La fórmula ganadora en las primarias disputará los cargos. Modificar el sistema, de manera tal que la integración de fórmulas pueda darse luego de las PASO, dará como resultado una mayor competitividad y fortalecerá los armados pero, sobre todo, realzará la figura del vicepresidente y su institucionalidad. En tercer lugar, y en un breve recorrido histórico, desde los comienzos de nuestro sistema, el vicepresidente fue criticado, utilizado como una figura decorativa o bien al servicio para “controlar” al presidente en ejercicio, como hizo Yrigoyen con Elpidio González, vicepresidente de Marcelo T. de Alvear. La historia reciente también tiene buenos ejemplos. Ningún presidente, al menos desde 1983 hasta la fecha, ha hecho uso de su vicepresidente como podría ser el caso de otros países, donde el presidente se apoya en su vice, incluso teniéndolo como un consejero.

Retomando la disputa electoral de nuestro país, Macri, ni Massa dan pistas de su posible compañero/a de fórmula, ni cuál será el rol que este desempeñará a futuro. Massa tiene la difícil tarea de contrarrestar los votos que fue perdiendo en los últimos meses. Para ello, podría optar por un vice del interior con arraigo territorial que nivele su fórmula, y que aporte un caudal electoral importante. Por otro lado, podría optar por un dirigente de peso del peronismo, que atraiga al voto justicialistahacia sus filas, desalentando el voto por Scioli. Aquí, un dirigente peronista del interior sería una opción de máxima. El problema será encontrarlo.

Macri tiene una difícil tarea: escuchar a su asesor estrella, Jaime Durán Barba, a sus íntimos, o jugarse por lo que más le sirva para posicionarse. De lograr mantener el ritmo de crecimiento de los últimos meses, Macri se asegura el balotage. Elegir un vice puro del PRO, como dice Duran Barba, podría darle fortaleza al armado propio e incluso abrir las chances a los otros contendientes del espacio para fortalecer sus propias fórmulas. Un buen candidato podría ser Rogelio Frigerio. La otra opción es “nivelar” la fórmula con una mujer, un candidato de otro partido, o un peronista. La primera opción le dio resultado en las dos elecciones porteñas. La segunda, un extra partidario fuerte, debería incluir a sus principales socios: Sanz o Carrió. El primero es el que mejor le sienta, por más que el propio Macrilo niegue una y otra vez. La tercera opción complicaría las chances de sus adversarios. Un peronista como Reutemann que atraiga al voto del PJ permitiría ganar posiciones sobre Massa y Scioli. Por ahora, el jefe de Gobierno no lo desmiente.

Scioli es quizás el caso más paradigmático. Está dispuesto a negociar ese lugar con los K para recibir su apoyo. Sabe que le pondrían a alguien para controlarlo, e incluso para intentar cogobernar con el poder de los votos en el Congreso. Algo semejante sucedió con Mariotto en 2011, hoy su principal aliado y lobbysta en la provincia. Aquí Axel Kicillof podría ser una opción. Por otro lado, y para contrarrestar el avance de Macri y Massa, Scioli podría optar por un gobernador peronista: Gioja, Urtubey o el propio Capitanich. Todas hipótesis. Urtubey sería el que mejor encarne ese lugar: un gobernador joven, peronista y con una victoria sobre sus espaldas.

De todas maneras, ningún candidato da nombres ni arriesga. Nadie piensa en que el vicepresidente debe, según la Constitución, asumir el cargo del Presidente en caso de enfermedad, ausencia o incapacidad. La elección del Vice se transforma en juego de apuestas, de conveniencias personales o electorales, cuando debería funcionar como un mecanismo para incentivar la competencia y distribuir el poder, pero sobre todo, pensando en gobernar y fortalecer la investidura de la vicepresidencia. Un presidente que piense en ello, y disponga el cargo del vice para una figura de peso, preparada para gobernar y con capacidad de manejo político en la Cámara de Senadores, se asegura una victoria, al menos en el plano político.

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