Del kirchnerismo al kirchnerato

El FpV empieza a concebir estas elecciones en el marco de la continuidad hacia un cambio de régimen.

Que estas elecciones presidenciales se dirimen entre la continuidad y el cambio –¿qué elección presidencial no es siempre una opción entre continuidad y cambio?– es una de esas verdades de Perogrullo que sirven para definir una estrategia electoral sin contraposiciones fuertes, en la que ninguno de los competidores que aspiran a ganar apuesta por vuelcos pronunciados o definiciones contundentes. Una manera de pasar por alto la evidencia de que los candidatos que representarán a las dos coaliciones que supuestamente representarán modelos de país contrapuestos y antagónicos, como si fueran el laborismo de Perón frente a la Unión Democrática de Tamborini-Mosca, se parezcan en realidad tanto entre sí. Algo que explica porqué el gobernador bonaerense y el jefe de Gobierno porteño compiten más cómodos por la Presidencia en el programa de Tinelli que en un franco y frontal debate público que acompañe la polarización tan mentada: ocurre que compiten, ambos, por la misma audiencia y el mismo electorado.

Las definiciones ideológicas serán provistas por la gran protagonista de esta campaña, que es Cristina Kirchner. A ella le toca no sólo elegir a los candidatos sino también definir el discurso, instalar los temas de la agenda, marcar los tempos e intensidades y las actuaciones en el escenario electoral. El despliegue escénico y la profusión de simbologías ofrecidas durante las semanas de mayo no dejan mayores dudas sobre cuál es la visión estratégica y la táctica: no sólo se aspira a dejar el gobierno conservando el poder, sino también a dejar establecida una nueva fórmula política en el que la competencia electoral, el pluralismo de partidos y el sistema republicano queden subsumidos bajo un estatuto de rango superior, el del Modelo o Proyecto que tiene a Cristina Kirchner como líder y jefa indiscutida.

La asociación entre “las dos emancipaciones”, la de 1810 y la de 2003, la inauguración de un nuevo sitio en el Museo de la Memoria en el edificio de lo que fue la ESMA, el traslado del sable corvo de San Martín al Museo Histórico Nacional, la apertura del imponente Centro Cultural consagrado a la memoria de Néstor Kirchner en el reciclado Palacio del Correo y los festejos del 25 en una Plaza de Mayo colmada de gente, el festival musical y la feria a cielo abierto sobre la obra de gobierno, culminaron con el discurso de la Presidenta proyectando la continuidad de estos doce años a la próxima presidencia. Cristina ofreció allí dos definiciones en la que conviene detenerse un instante: “Quieren hacerle creer a la gente que es bueno que cada cuatro años cambie todo. ¿Saben por qué? Porque cuando cada cuatro años cambia todo, todo sigue igual”. Y continuó “Por eso, este proyecto debe continuar. No es continuidad o cambio. Que nos expliquen qué cambio quieren”. O sea, las elecciones presidenciales como plebiscito sobre la gestión saliente, la alternancia como un riesgo y la democracia delegativa como versión superior de la democracia representativa.

Los siguientes pasos de este momento electoral se explican siguiendo la misma premisa. La simplificación binominal de la interna del FpV, con las candidaturas presidenciales de Daniel Scioli y Florencio Randazzo unifica la estrategia y abre otra novedad: la bifurcación entre un kirchnerismo “oficialista” y otro “opositor” –que puede además intercambiarse los roles según se esté jugando en el tablero provincial o nacional– permite aprovechar la capacidad tradicional del peronismo de ocupar todos los espacios del espectro político. Y al mismo tiempo, el FPV abre sus compuertas al regreso de los herejes y cismáticos al redil; dirigentes e intendentes que habían migrado hacia la alicaída propuesta poskirchnerista del Frente Renovador de Sergio Massa y reconocen que, al fin y al cabo, es más importante ganar que renovar.

El último documento de Carta Abierta (“Con convicciones, sin pantomimas”, Página 12, 31/6) le pone texto y subtexto a esta particular composición de lugar, buscando que no se pierda el objetivo de conservar el poder. Señala que “aún son muchas las tareas pendientes, las que se podrán concretar sólo a condición de la continuidad de este Proyecto Político”, continuidad que –si bien reconoce– “no es incompatible con esta Constitución (…), hace imprescindible requerir que el programa que enuncien quienes aspiran a presidir la Nación incluya la convocatoria a una Asamblea Constituyente, en la búsqueda de una Ley Fundamental inspirada en los principios de solidaridad y fraternidad, que consagre la participación ciudadana, la igualdad social, una reformulación del régimen de propiedad que asegure su función social y una recuperación de las tradiciones culturales de los pueblos originarios y los sectores populares en la letra que organice la vida de los argentinos”. La opción, señala Carta Abierta, no es “continuidad o cambio” sino “normalización o profundización de la anomalía”. Y por supuesto, se sitúan en la segunda opción. Junto a Randazzo contra Scioli en las PASO, y con Scioli frente a Macri en octubre, en nombre de Cristina.

El kirchnerismo, la fuerza política que gobernó durante los últimos doce años y que sigue conduciendo los destinos del peronismo en el poder, deriva así en “kirchnerato”, un tipo de régimen democrático específico en el que se renuevan gobiernos y se eligen presidentes pero en el que el poder político permanece en las mismas manos. Por lo pronto, en las de la Gran Electora, tal como ocurriera en los tiempos del orden conservador oligárquico y tal como lo anunciara Néstor Kirchner, al reasumir la presidencia del PJ, en marzo de 2010: “Estamos decididos a gobernar la patria hasta el 2020 porque tenemos toda la fuerza”.

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2 Respuestas a Del kirchnerismo al kirchnerato

  1. Rodolfo Barruti dijo:

    Fabián
    Muy interesante tu análisis en cuanto a como sería la sucesión del kirchnerismo al kirchnerato.
    Esto es posible porque en la oposición no se ha formado masa crítica alguna que suponga una alternativa de poder a ese régimen que tan bien describís.
    Inclusive la “agenda setting” no solo es responsabilidad de CFK sino también de esa falta de alternativa porque la otra pregunta a hacerse finalmente es cuál sería la diferencia real en cuanto a políticas públicas-en caso que existiesen- entre Macri, Scioli y Massa cuando en algunos negocios son socios funcionales como para asegurar que el kirchnerato continúe.

    El problema reside en esa falla estructural de la política argentina desde el 2001 cuando la falta de representatividad de los partidos políticos derrumbó a los partidos tradicionales y tuvimos 5 Presidentes en menos de 10 días.

    De esa falla estructural es hija el kirchnerismo el cual obtuvo el menor porcentaje electoral de la historia argentina aunque siempre comenten el 54% olvidándose adrede de la elección del 2009 en la cual amagaron irse del poder y presentar su renuncia.

  2. Derroche Constitucional dijo:

    Que máquina industrial de humo fue Barruti

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