Garrochazos, encuestas y votos

(Columna de Facundo Matos Peychaux)

Varios intendentes del massismo emprenden su regreso al FpV y el PRO ante la caída de Massa en las encuestas. Las dificultades para regresar y cuál podría ser el futuro de sus votos.

Atrás quedó el escenario de triple empate que dominaba la política nacional hace algunos meses. Por el contrario, la polarización entre un candidato oficialista (Daniel Scioli) y uno de la oposición (Mauricio Macri) es cada vez mayor y no deja lugar para terceros. En este contexto, las encuestas empezaron a mostrarlo a Sergio Massa cada vez más abajo y la salida de varios de sus principales dirigentes del armado que había configurado en 2013 lejos de frenarse, se mantuvo.

A los intendentes Sandro Guzmán (Escobar) y Gustavo Posse (San Isidro), se sumaron en cuestión de pocos días los jefes municipales Jesús Cariglino (Malvinas Argentinas), Humberto Zúccaro (Pilar), Daniel Bolettieri (Almirante Brown), Raúl Othacehé (Merlo), el armador bonaerense Juanjo Alvarez y los diputados nacionales Darío Giustozzi y Eduardo Fabián se le pueden sumar otros. José Eseverri (Olavarría), prácticamente afuera del FR, y Gabriel Katopodis (San Martín) son los casos más mencionados. A su vez, el gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck y el candidato a gobernador de Chubut, Mario Das Neves hicieron intentos de despegar su figura de la del líder del Frente Renovador.

De todos ellos, algunos emprendieron su regreso al Frente para la Victoria y otros menos, al PRO. Más que saltos, son retornos. Posse y Cariglino estaban con Macri cuando irrumpió Massa en la provincia y decidieron pasarse y ahora intentan volver al macrismo. Todos los demás, eran del FpV antes del 2013 y tras su salida del Frente Renovador, regresan al oficialismo.

Sin embargo, unos y otros tienen dificultades para reinsertarse en sus espacios. En el PRO, luego de la alianza con el radicalismo, intentan recuperar un perfil más puro y propio. Tanto es así que ni Posse ni Cariglino encontraron la recepción que esperaban en el macrismo, pese a que su salida del massismo en un contexto de conocidas negociaciones con el PRO ayudó a Macri a consolidar su imagen de líder de la oposición. Recibir a figuras asociadas al peronismo bonaerense o de larga tradición en la política argentina (Posse gobierna desde 1999 su municipio y pasó en todo este tiempo por el radicalismo, el kirchnerismo, el massismo y el macrismo) representa una inconveniente para el PRO en su búsqueda de mostrarse como la “nueva forma de hacer política”, como un espacio de dirigentes “diferentes a los que gobernaron en los últimos treinta años”, como gustan decir en el entorno de Macri.

En cambio, el peronismo no tiene reticencia en sumarlos y más aún, los alienta a hacerlo. Varios funcionarios ofician de operadores por estos días entre los intendentes massistas y el Gobierno, con recursos y encuestas para mostrar. De esta manera, el éxodo de dirigentes en el Frente Renovador vuelve a posicionar al Gobierno en la provincia de Buenos Aires y más específicamente en el conurbano.

Tras la victoria de Massa en las legislativas de 2013 y los garrochazos del FpV al FR en los meses anteriores y posteriores (ver “Apogeo y caída del Frente Renovador: un juego de mapas”), se preveía para este año un mapa de intendencias mucho más fragmentado y adverso para el Gobierno Nacional que el que quedará ahora. De los 24 municipios que componen el GBA, Massa llegó a tener en su mejor momento a 9 de su lado, contra 14 alineados al Gobierno Nacional y uno (Jorge Maci, de Vicente López) del PRO. Hoy, solo 5 intendentes están alineados al Frente Renovador, contra 3 del macrismo (si se toman en cuenta Posse y Cariglino) y 16 los del oficialismo nacional (17 en caso de que se concrete la vuelta de Katopodis).

Esto le permite al Gobierno mostrarse todavía competitivo en el mayor distrito del país y mostrar que todavía domina la zona de mayor peso en términos políticos, un área tan cara a los gobiernos peronistas –que buscan controlarla– y las fuerzas no peronistas –que buscan no padecerla–.

Sin embargo, para muchos de los intendentes que emprenden su retorno, tampoco será gratis regresar al FpV. El oficialismo ya lanzó candidaturas en muchos de los distritos gobernados por massistas que dieron el salto y buscan regresar. La consigna para ellos parece ser una: que compitan en primarias.

En Pilar, Zúccaro enfrentará a José Molina. En Almirante Brown, Giustozzi puja por lograr que el kirchnerismo baje la candidatura de Mariano Cascallares, que podría ganarle si continúa con su postulación. En Escobar, Guzmán deberá disputar internas con Ariel Sujarchuk, y en San Martín, Junín y Olavarría, el FpV ya posicionó a Germán Cervantes, Gustavo Traverso y Gonzalo Bagú como sus candidatos y es probable que los mantenga, independientemente de lo que hagan los intendentes massistas de esos municipios.

En el plano de las gobernaciones, también sucede lo mismo. Mario Das Neves ensaya un acercamiento al kirchnerismo luego de haberse distanciado para apoyar la candidatura de Massa, pero ahora llevará la boleta presidencial del líder del Frente Renovador y la de Daniel Scioli, aunque eso no lo eximirá de competir con Martín Buzzi, el candidato oficial del FpV.

¿Y LOS VOTOS?

Ante los primeros signos de decaimiento y las primeras fugas, Massa intentó darle un nuevo impulso a su campaña. Lanzó oficialmente su candidatura en Vélez, anunció una alianza con José Manuel de la Sota e introdujo cambios en su esquema publicitario: cambió el slogan “Distinto” por “Cambio justo” e incorporó los colores celeste y blanco a sus tradicionales amarillo, rojo y negro. Sin embargo, ya para entonces parecía estar todo dicho.

Las encuestas ya lo dan entre diez y veinte puntos debajo de Scioli y Macri y cada vez más abajo. Tanto el jefe de Gobierno porteño como el gobernador bonaerense se aproximaron al centro, el primero incrementando su cuota de continuidad, el otro mostrando algo de cambio. Así, la “ancha avenida del medio”, el “cambio justo” que aspira a representar Massa perdió fuerza como eje de campaña, pese a que es quizás el que mejor expresa lo que los votantes buscan.

En este contexto, dirigentes y analistas políticos comenzaron a hacerse la pregunta: ¿A dónde van los votos que pierde Massa?

“Los votos que se van, se están yendo más a Scioli que a Macri. Tenemos presencias muy importantes en la microgeografía del conurbano que van pasando poco a poco al sciolismo. Tienden a volver al peronismo”, dice el consultor Enrique Zuleta Puceiro y agrega que “si Massa se retirara, la mayoría de esos votos van a ir a Scioli”.

Por su parte, consultado acerca de este tema, el diputado provincial sciolista Guido Lorenzino respondió, en una entrevista en la edición 122 de el estadista: “Todo el que es peronista y quiere apostar al desarrollo y la inclusión nos va a votar y yo creo que la mayoría del electorado que en su momento votó por el Frente Renovador hoy está convencido de que no hay que volver al pasado”.

En el oficialismo, creen que los votos que pierda Massa irán en su mayoría al FpV y por eso Scioli evita polemizar con Massa y centra su campaña discursiva en Macri. En el PRO, también especulan con que la caída del tigrense los favorezca sosteniendo que son opositores como lo demostraron en 2013. Lo cierto, es que los votos se irán para uno y otro en una proporción difícilmente anticipable.

Es que la pregunta por el futuro de los votos de Massa esconde en última instancia una pregunta por la esencia de esos votantes: ¿Qué prima más: su condición de antikirchneristas o su identificación con el peronismo? ¿Son los votantes de Massa más peronistas de lo que son antikirchneristas o al revés?

Una primera lectura podría suponer que el clivaje kirchnerismo-antikirchnerismo es más fuerte hoy en día que el peronismo-antiperonismo que gravitaba más en otras épocas, por lo que los votos tenderían a irse hacia la opción opositora mejor posicionada, que hoy día sería Macri.

Si se entiende que los votantes de Massa se sienten interpelados por un discurso que se intensificó en temas como la inseguridad, la inflación, el narcotráfico, la presencia de La Cámpora en el Estado y la oposición al garantismo, se podría suponer que buena parte migraría hacia Macri, el candidato que mejor expresa el cambio entre los dos que protagonizan la polarización actual.

En cambio, otra lectura es que primaría la fuga hacia el oficialismo nacional, dado que el grueso de las adhesiones que cosecha Massa están en la provincia de Buenos Aires (y particularmente, en el conurbano), donde resiste una pertenencia muy sentida a la cultura política peronista.

En 2013 el triunfo de Massa se explicó en parte gracias a que el ex intendente de Tigre representó la mejor opción para frenar una eventual reforma de la Constitución que hubiese devenido en la rereelección de Cristina Fernández. Sin ese riesgo, muchos votos podrían volver al FpV.

Más aún, si el candidato en octubre es un dirigente más cercano al peronismo tradicional como Daniel Scioli y no un continuista a ultranza, como Florencio Randazzo. Y todavía más, si se trata de un peronista con posibilidades de éxito y las encuestas le juegan a favor a Scioli.

Como dice Victoria Murillo, “peronismo es ganar” y en ese sentido, el regreso de los intendentes massistas al FpV es explicado en buena medida por el alza de Scioli en las encuestas. “Hay que cuidar el pago chico”, justifica más de uno de los que pegaron el salto o piensan hacerlo.

El grueso de los votantes de Massa vive en la provincia de Buenos Aires. Por eso, para ver qué podría pasar con los votos massistas, una respuesta esta en ver los números en aquel distrito. A grandes rasgos, los 11,6 millones de electores que tiene la provincia de Buenos Aires se dividen en tres tercios: uno corresponde a la Primera Sección Electoral, otro tercio representa la Tercera Sección y la última parte, el interior bonaerense.

En 2013, los 4 millones de votos de Massa se dividieron en 1,5 de la Primera Sección (con los habitantes de mayor poder adquisitivo de la provincia, más permeables a opciones no peronistas –y en la actualidad también al peronismo no kirchnerista que representa el Frente Renovador–), 1,2 millones habitan la Tercera Sección (donde existen zonas de extrema pobreza y el voto se caracteriza por una marcada supremacía del peronismo) y el restante 1,3 pertenece al interior bonaerense, donde logran sus mejores resultados los partidos no peronistas, específicamente el radicalismo. Esta lectura indicaría que los votos podrían ir en mayor medida hacia Macri.

En cambio, si existe un cierto arrastre de votos de los intendentes hacia arriba, valdría suponer que el pase de varios jefes comunales del Frente Renovador al FpV llevaría una cuota de los votos en aquellos distritos.

De todos modos, la propia victoria de Massa en 2013 muestra que es posible ganarle al oficialismo en los distritos que gobierna. Más aún, si el recuento de votos sólo pasara por la cantidad de intendencias, en el PRO –ni ninguna otra fuerza no peronista– tendría ningún tipo de chances de competir.

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