Los vices, de nuevo

En el caso de Macri-Michetti cabe esperar un trabajo en equipo si aquél llega a la Presidencia. En el caso Scioli-Zannini, hay muchas incógnitas.

Casi en tiempo de descuento se conocieron los nombres de los vices de las fórmulas. En esta nota me referiré sólo a quienes tienen más probabilidades de triunfar en las próximas elecciones. Los vices en la historia –argentina, norteamericana y latinoamericana– han tenido distintas funciones, que no viene al caso detallar. ¿Cuál es la función y qué mensaje a la ciudadanía parecen enviar las designaciones recientes? Una cuestión previa es señalar que el modo de designación ha sido distinto. Más allá de lo afirmado por Daniel Scioli, poca duda cabe de que la decisión de llevar a Carlos Zannini como compañero fue obra de Cristina Fernández. La Presidenta hizo lo que le había criticado, reiteradamente, a Néstor Kirchner: elegirle un vice al candidato a presidente. La crítica era acertada, siempre será más difícil la convivencia con un vice impuesto. En cambio, la decisión de la candidatura de Gabriela Michetti fue de Mauricio Macri. Ya había optado por ella para ese puesto el año pasado y Michetti, en actitud de desafío había preferido correr por la candidatura a jefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El resultado de su elección es conocido.

Dejando a un lado el modo de designación, las dos candidaturas vienen a clarificar o ratificar los proyectos detrás de los candidatos presidenciales. Scioli tiene a Zannini que es, y ha sido desde el comienzo y hasta el presente, del riñón mismo del kirchnerismo, de su “mesa chica” ostentando interrumpidamente el cargo de secretario Legal y Técnico de la Presidencia. Tiene similar ADN político que Cristina, en cuanto a la distancia que los separa de no pocos espacios del continente del peronismo. Zannini en la fórmula fue el mensaje más claro de que Scioli fue el candidato elegido de CFK y fue así que Florencio Randazzo abandonó la partida generando la reacción de no pocos kirchneristas pues afectaba la estrategia de la Presidenta. Randazzo, sin duda, era mejor candidato –y con más posibilidades– que los oficialistas que disputarán en las PASO de la provincia de Buenos Aires. Pero que el vice sea Zannini significa también que los objetivos e intereses del kirchnerismo probablemente estarán antes que los deseos de Scioli. Macri con su designación ha concretado lo que se había adelantado: una fórmula presidencial “pura”. Superado el distanciamiento de los últimos meses entre ambos candidatos, volvió hacia su propuesta original y dejó en carrera la candidatura de Marcos Peña. Probablemente, su decisión haya sido respuesta a la designación de Zannini por parte de la Presidenta.

Generalmente, una de las funciones del vice en el tramo electoral es engrosar el caudal de votos del candidato a presidente. En el caso del PRO, Michetti goza de conocimiento y reconocimiento público, a diferencia de Peña quien es valorado hacia adentro del partido, pero poco expuesto y conocido por la ciudadanía. Macri eligió una persona con la cual viene trabajando desde hace más de diez años, pero además, no podía ser más oportuna su decisión, si de juntar votos se trata. La candidatura de Zannini no parece que aportará votos adicionales al mundo kirchnerista. Se confía que Scioli cumpla ese papel siendo figura de atracción de sectores moderados y de clase media. Y Zannini, además, es un mensaje para la tropa kirchneristaque veían en Sciolia un candidato aguado y que no representaba al “proyecto”. Con Scioli y con Zannini gran parte del peronismo se junta en el mismo barco. La candidatura del PRO es pura porque no expresa ninguna coalición, pero la figura de Michetti significa el establecimiento de vasos comunicantes con otros sectores políticos y es una figura muy conocida en distintos segmentos sociales.

¿Qué se puede prever sobre el contexto del gobierno de ambos binomios? ¿Cómo se llevarán los componentes de la fórmula y, sobre todo, como se desempeñarán los vices? En el caso de Michetti cabe esperar un trabajo en equipo si Macri llega a la Presidencia. Hace años que trabajan juntos y sólo se supo una fisura importante que fue resuelta satisfactoriamente por ambas partes. Michetti ofrece además un conocimiento del Poder Legislativo y específicamente del territorio del Senado. La fórmula tiene, entonces, conocimiento previo, el vice fue electo por el presidente y Michetti ha mostrado lealtad hacia su jefe político, más allá de diferencias que hizo notar oportunamente. La fórmula Scioli-Zannini, en cambio, no ha tenido tanta interacción y un conocimiento profundo, el vice no fue designado por el candidato a presidente y se espera que Zannini sea fiel a Cristina. Y una cuestión no menor, Zannini desde su función de secretario Legal y Técnico se ha convertido en un experto de la llamada “presidencia institucional” (tecnología que puede tanto ayudar como entorpecer la tarea presidencial). Demasiadas diferencias. Aquí es interesante destacar que el kirchnerismo –como se ha señalado en esta columna en otras oportunidades– ha tenido su propia versión de la vicepresidencia. Ha sostenido que el vicepresidente es el representante del Poder Ejecutivo en el Senado y que el vice debe responder sin claudicaciones a la Presidencia, siendo fiel y obediente ejecutor de sus mandatos. ¿Será Zannini un obediente funcionario al servicio de Scioli o, por el contrario, seguirá respondiendo a Cristina? Aquí nos encontramos con una cuestión sin duda preocupante y crucial si, como expresan no pocos en el kirchnerismo, la Presidenta seguirá teniendo el poder aunque no tenga la Presidencia (escenario que transporta a los deseos frustrados de la Argentina de otros tiempos).

Si gana la fórmula Scioli-Zannini todo dependerá de la relación entre Scioli, Cristina y el kirchnerismo. Zannini podrá ser una pieza más de control K sobre Scioli. Y cabe señalar algo que nunca se dice: la vicepresidencia es un dispositivo que entra a jugar en los casos de crisis políticas, cuando no las produce, directa o indirectamente. Crisis, sucesión y reemplazo presidencial es una salida legal que sólo requiere la “configuración situacional adecuada” de ocurrencia, esto es: hechos que justificarían la aplicación normativa según la lectura fáctica del titular del poder real. Y como se ha expresado en otra oportunidad, en esta columna, Scioli podrá ser muchas cosas, pero no es ingenuo. Habrá que ver si tiene una estrategia institucional compensadora para el caso, o si confía sólo en su poder de seducción –y negociación incluida– que le fue suficiente para que sus vices se desplazaran explícita o implícitamente hacia las filas del sciolismo.

Parte del kirchnerismo que hoy ha empezado a apoyar al gobernador de Buenos Aires hasta hace poco decía que no representaba al “proyecto”. ¿Cómo se resolverán las diferencias entre sciolismo y kirchnerismo, entre la parsimonia de Scioli y el histrionismo de Cristina si el oficialismo triunfa en las elecciones? Zannini puede ser una pieza más que el kirchnerismo podría poner en juego, entre muchas otras que le ofrece el diseño institucional, la iniciativa y creatividad oficialista y la sosa opacidad de una oposición que ha construido, junto con el kirchnerismo, el país que hoy tenemos los argentinos.

 

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