El voto y la utilidad olvidada de las encuestas

(Columna de Ignacio Ramírez -director de Ibarómetro- y Guido Moscoso -director de estudios de Ibarómetro-)

La cultura política dominante en Argentina favorece al oficialismo de cara a las próximas elecciones y le plantea desafíos a los candidatos de la oposición.

Durante años electorales, a los que nos dedicamos a la consultoría política y la investigación en opinión pública nos persigue una pregunta: “¿Quién va a ganar, tenés números?”.

Ya sea en la intimidad de alguna reunión social o en los distintos espacios de los medios de comunicación, familiares, amigos, colegas y periodistas plantean su curiosidad. La respuesta más accesible e intuitiva para calmar esta curiosidad por el futuro consiste en compartir datos sobre lo que comúnmente denominamos intención de voto. Es decir, realizar una traducción sin mediaciones de lo que los encuestados —a partir de una muestra y el famoso margen de error— responden frente a la pregunta: “Si las elecciones a presidente fuesen el próximo domingo, ¿usted a quién votaría?”. Los datos que reflejan la intención de voto son tan efectivos como potencialmente engañosos e insuficientes para satisfacer las demandas de pronósticos electorales. Son efectivos porque arrojan valores numéricos que pueden ser asimilados sin mayores inconvenientes, sobre todo desde el sentido común y en los escasos tiempos televisivos. Pero también son engañosos e insuficientes dado que los nú- meros desprovistos de teorías o conceptos que les den sentido, sólo conducen a un empirismo ciego, al fetiche del número como signo de certeza o de verdad. En definitiva, la intención de voto “a secas” nos deja sabor a poco y suele exponerse a la mala praxis interpretativa. Como por ejemplo, creer que el futuro puede estimarse haciendo una simple pregunta.

Sin embargo, existe un abordaje alternativo –menos transitado– para aproximarnos al enigma sobre el comportamiento electoral. Así como los viejos discos de vinilo tenían dos lados, el lado A dedicado al tema principal de mayor difusión, candidato a hit, y el lado B en el que se ubicaba a la canción secundaria, menos recordada por los grandes públicos pero atesorada por los más melómanos; las encuestas electorales también tienen dos caras. En este artículo esbozaremos alguna respuesta (provisoria, desde ya) al desenlace electoral del 2015, pero sin apelar al lado A de las encuestas –intención de voto–, sino recurriendo a las principales teorías del comportamiento electoral y deduciendo desde allí el final más probable. Nuestro itinerario es sencillo y consta de dos momentos. En primer lugar resumiremos brevemente cuáles son y qué dicen las principales corrientes teóricas que dan cuenta del comportamiento electoral para luego sí presentar algunos datos que a la luz de estas perspectivas puedan servir de pistas sobre el futuro pronunciamiento electoral de los argentinos.

Desde la publicación de The People’s Choice en 1944, texto fundacional de la literatura especializada, el comportamiento electoral se constituyó en un desafiante problema de investigación, central para las ciencias sociales. Desde entonces se fueron desplegando distintas interpretaciones y teorías del voto para explicar (¿y anticipar?) el comportamiento electoral de los ciudadanos. Conocer la anatomía de las democracias exigía descifrar esa caja negra ciudadana ¿por qué votan lo que votan?

Las primeras teorías sobre el tema pusieron el acento en los llamados factores estructurales o de largo plazo: clase social, religión, etnia, región e identificaciones ideológicopartidarias. Movilizado por estos factores, el voto sería una decisión relativa a la identidad, a través del cual expresamos quiénes somos y/o de dónde venimos. Voto al partido X porque soy trabajador, católico, conservador, me crié en un hogar peronista o nací en Cataluña. A medida que la modernidad clásica fue siendo teñida por aires posmodernos, las cosas cambiaron: también nuestra manera de votar. Muchos investigadores sostuvieron que los antiguos marcos interpretativos debían ser dejados de lado y desplazaron el centro de gravedad de la explicación hacia factores de corto/mediano plazo, tales como el desempe- ño del Gobierno (voto retrospectivo), la imagen de los candidatos, las campañas, el impacto de la economía, por invocar algunas de las tesis más estudiadas. Aquel “Voto para Expresar” (quién soy, de dónde vengo) se habría metamorfoseado en un “Voto para Responder” (a una campaña, a un oferta electoral, a un desempeño de un gobierno o una coyuntura económica). Lo cierto es que no se trata de elegir uno de los enfoques expuestos, ya que el voto constituye el resultado de un complejo proceso en el que interactúan todos los factores (y otros más) consignados.

Ahora bien, si consideramos estas perspectivas ¿qué nos dicen las encuestas sobre las próximas elecciones presidenciales de Argentina? A continuación iremos ilustrando algunas de las teorías comentadas a través de evidencia empírica recogida en base a distintas encuestas telefónicas de alcance nacional llevadas a cabo por Ibarómetro durante los meses de mayo y junio de este año, y a una investigación sobre cultura política argentina llevada a cabo por Flacso e Ibarómetro en julio de 2014.

1 Afinidad partidaria. Si bien en el curso de los últimos treinta años de democracia hemos asistido a una despartidización de la ciudadanía, es posible reconocer ciertos lazos de identificación políticopartidaria adaptados al paisaje sociopolítico actual. De esta manera, al preguntar cuál es el espacio político que despierta mayor cercanía los resultados son los siguientes: el kirchnerismo recoge cerca del 38% de las identificaciones, Cambiemos –sumando al PRO, la UCR y la Coalición Cívica de Elisa Carrió– aglutina cerca del 30% de las inclinaciones, mientras que la dupla Massa-De la Sota que conforma el UNA alcanza el 14% de las adhesiones subjetivas. En síntesis, el kirchnerismo representa la identidad política de mayor penetración en la sociedad argentina.

2 Voto ideológico. La teoría del voto ideológico sostiene la búsqueda de armonía que existe entre el perfil ideológico del votante y el candidato/espacio por el que vota. Se trata de un aspecto relevante, puesto que Argentina transpira una nueva atmósfera ideológica cuyo vector más importante reside en la mayoritaria adhesión (superior al 60%) a la idea de un Estado que intervenga activamente en la economía. Si consideramos este dato como un signo del clima ideológico que envolverá a las elecciones, resulta sencillo advertir una mayor proximidad con la fisonomía simbólica del kirchnerismo, en contraste con la arquitectura de valores del PRO, más alejada del promedio ideológico de época. Desde este enfoque, tendrá más chances de imponerse aquel candidato/espacio que mejor represente el Zeitgeist epocal.

3 Voto retrospectivo. Alrededor del 50% de los argentinos realiza una evaluación positiva del gobierno de Cristina Kirchner, en una clara tendencia alcista desde febrero a la fecha. En sintonía con este valor, cerca del 57% de los consultados formula un balance positivo del ciclo iniciado en 2003. Esto es, desde la lógica que piensa el voto en términos de accountabilty (elecciones para convalidar o castigar al gobierno vigente en función de su desempeño) las cosas parecieran favorecer al rumbo político en curso, más que anticipar una masiva opción por el castigo/cambio.

4 Imagen de candidatos. Al repasar la dimensión personalizada del voto, surge que entre los principales aspirantes a suceder a CFK, el mejor posicionado es Daniel Scioli con el 54% de popularidad. Algo por debajo se encuentra el principal candidato de Cambiemos, Mauricio Macri, con el 49% de imagen positiva. En tercer lugar, cuatro de cada diez encuestados exhiben una opinión positiva de Sergio Massa. Asimismo, la imagen positiva de la Presidenta (ingrediente que intervendrá en el voto) también se mantiene por encima del umbral del 50%. Es decir, cuando traducimos el voto a personas, los dirigentes de mejor imagen son quienes encabezan electoral y/o simbólicamente la lista del FpV.

5 Voto económico. Con respecto a la marcha de la economía, si bien en la evaluación de la situación económica argentina actual predominan más las inquietudes que la euforia, las percepciones favorables vienen creciendo de manera sostenida. Por otra parte, la apreciación sobre el futuro de la economía —aspecto que suele tener mayor peso sobre el voto— sí arroja un balance positivo: el 48% de los consultados opina que la situación económica mejorará o se mantendrá igual de bien, mientas que el 30% manifiesta expectativas abiertamente negativas. En suma, el factor económico pareciera también configurar una pulsión más continuista que una generalizada sed de cambio.

Considerando estos cinco ejes, ¿qué deberíamos esperar a partir del 10 de diciembre de este 2015: ¿continuidad, cambio justo o cambio? En la medida en que el Frente para la Victoria siga siendo el espacio político que mayor identificación emocional consigue despertar, que el clima ideológico vigente subsista, que la evaluación del desempeño del gobierno de CFK en particular, y del ciclo kirchnerista en general, siga siendo positivo, que el candidato del oficialismo y la Presidenta conserven los actuales niveles de popularidad, y que las expectativas económicas sigan siendo favorables, las diversas teorías sobre conducta electoral alumbran un desenlace continuista.

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Una Respuesta a El voto y la utilidad olvidada de las encuestas

  1. Federico de la Vallina dijo:

    Una nota muy interesante! más para esclarecer a aquellos despistados que piensan que la opinión pública es tan sólo la sumatoria de uno o dos dígitos porcentuales.

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