Estrategias polares

Scioli sigue kirchnerizado porque una puja interna afectaría su intención de ser el garante de la gobernabilidad

La política es como la física. Cuando un chancho sale volando hay que preguntarse porque eso pasa. La polarización natural que determinaban nuestras instituciones electorales y los datos de las encuestas previas, con un tercer candidato a distancia considerable de los otros dos, no se dio y no parece darse. Lo que siguen cantando los números es que, sorprendentemente, Sergio Massa no se cae, y esto tendrá notable influencia en el resultado de la primera vuelta.

El problema es que es difícil saber a quién beneficia la tozudez electoral massista. Sabemos de sobra que el voto a Massa se compone principalmente de dos tipos de votantes provenientes de faunas diversas: por un lado, están los peronistas que jamás votarían ni kirchnerismo ni macrismo. Por el otro lado, están aquellos que buscan algo nuevo, joven, dinámico, ambicioso, gestor de problemas y acompañado de funcionarios que saben. De este modo, un sector del voto al Frente Renovador podría converger en Daniel Scioli, si aparece lo suficientemente despegado del kirchnerismo, y otro sector podría converger en Mauricio Macri si este aumenta su volumen personal en los lugares donde se enseñorea el Frente Renovador –y Massa pasa a modo stand by–.

Sin embargo, nada de esto está sucediendo: Scioli aparece definitivamente kirchnerizado, e incluso, adopta gestos que nunca había asumido antes, aunque (o por esto), mantiene un caudal de votos que le permite seguir primero e ilusionarse con ganar en primera vuelta. Macri, por su parte, ha salido a mostrar los dientes pero sin ningunear a Massa, cosa que hasta ahora sólo le ha reportado seguir pescando en su “propia palangana” (aunque le permite estar dentro del rango de los 10 puntos de distancia de Scioli e ilusionarse con forzar una segunda vuelta).

Más allá de los nuevos intentos polarizadores entre el FpV y Cambiemos, tenemos dos estrategias polares, completamente diferentes en los dos candidatos más votados que redundan en la persistencia del massismo como fiel de la balanza. Por un lado, la estrategia de Scioli parece ser la de consolidar su voto y raspar la olla en el margen del electorado que considera que el kirchnerismo le ha hecho bien al país, desde los tiffosi insoportables hasta los que prefieren “malo conocido a bueno por conocer” (entre 40 y 45% de los encuestados). Por lo tanto, no busca atacar al núcleo del voto a Massa.

Uno de los motivos posibles del porqué Scioli no se dirige raudamente hacia el centro es que él juzga conveniente no incomodar al kirchnerismo duro, ya que cualquier conflicto interno le hará perder el principal capital electoral del que dispone que es el de “asegurar la gobernabilidad”. Y se pueden hacer todas las consideraciones psicológicas, personales, o conspirativas que se quieran, pero lo cierto es que todo el abanico kirchnerista, hasta el más duro, hoy vota por Scioli.

Por su parte, la estrategia de Macri podría intitularse como la de una “jauría de dobermans guardianes”, todos tratando de sacarle un pedazo a Scioli, para que no llegue no solo al 45% sino tampoco a sacarle 10 puntos de diferencia al segundo. De este modo, contra lo que dice el manual electoral, Macri “compartió” escenario por el tema del “fraude” en Tucuman con todo el arco opositor, incluso Margarita Stolbizer, que más que sacarle algún punto al FpV, si le roba algo es a Cambiemos. Digo, contra el manual, porque lo obvio es concentrar el voto y no fragmentarlo, ya que si Macri no reduce los diez puntos de diferencia, no fuerza la segunda vuelta, que presentará como una victoria propia. La pregunta es si con la estrategia de la jauría contra Scioli no está generando que algún cuzco lo muerda a él.

Así la oposición pasó al ataque luego de las PASO, y pese a perderlas, emulando la prosapia kirchnerista de boxear desde el piso a quien lo tiró. Así aprovechó una semana horribilis de Scioli. Ahora parece haberle tocado el turno al PRO, con el relator-candidato Niembro viviendo no precisamente “un graan momentooo”. Como siempre sucede en política, para poder eludir el boomerang de poner como eje de campaña el denuncismo, hay que disfrutar de ese oxímoron del “poder del in-poder” como hace Elisa Carrió. Así los contrincantes van a un golpe por golpe en el cuerpo a cuerpo pero también en el despliegue de estrategias polares, y hoy por hoy, está a la misma distancia técnica Scioli de ganar en primera vuelta como Macri de quedar mejor parado forzando una segunda vuelta.

Claro que la definición por penales se hace con árbitro peronista, en cancha peronista, y con la hinchada peronista detrás del arquero rival. Mientras tanto, Massa, el principal beneficiario por el teorema de Baglini que reza que la responsabilidad política es inversamente proporcional a la cercanía del poder, mantiene a su electorado con la consabida política de sobreoferta (inútil como toda utopía, pero quien puede dudar que hace muy divertido todo.

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