“Viene una etapa de gobiernos más de centro en la región”

(Entrevista a Elsa Llenderrozas, electa directora de la carrera de Ciencia Política en las últimas elecciones en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires)

Por Facundo Matos Peychaux

En el último tiempo, la ciencia política llegó a los medios tradicionales y a otros espacios donde no solía llegar. ¿Qué desafíos trae eso para los politólogos?

Lo que vemos es que la ciencia política como disciplina está ampliando los campos de profesión y el perfil de los politólogos se está expandiendo a distintas funciones, no solamente en el ámbito de la investigación y la academia sino también en los ámbitos públicos a distintos niveles (locales, provinciales y nacionales) y privados. Tenemos una expansión novedosa de la disciplina y esto plantea como desafío el compromiso por reforzar la excelencia y la rigurosidad en cuanto a la producción de conocimiento y la rigurosidad en el estudio y el análisis de los fenómenos políticos. Por supuesto, desde el punto de vista de las instituciones de formación, lo que queremos el actual director de la carrera, Luis Tonelli, y desde mi futura gestión, es subir un escalón más en la capacidad profesional de los estudiantes, preparar a los futuros politólogos para una inserción profesional más diversificada.

Esa diversificación se ve notablemente en un nivel de especificidad y de detallismo en el estudio de los fenómenos políticos notable que antes no existía.

Sí, en la UBA tenemos áreas de especializaciones en temas de teoría política, política latinoamericana, opinión pública o estudios de relaciones internacionales, tenemos varias especializaciones por las cuales los estudiantes van seleccionando una carrera de especialización y buscan de esa manera una inserción profesional de acuerdo a sus intereses. La investigación y la producción de conocimiento ya no es la única salida que tiene el politólogo. Lo vemos que está hoy en los medios de comunicación, es el que es consultado para los análisis políticos, incluso para empresas nacionales y multinacionales. Tenemos una disciplina que nos prepara con mucha versatilidad para distintas funciones.

Es la primera vez que una mujer llega a la dirección de la carrera en la UBA y la primera vez que la dirige una graduada de la carrera en la misma facultad. ¿Qué aporte diferencial le puede dar desde ese punto de vista?

Eso habla de un proceso de transición generacional y de la consolidación institucional de la carrera. El hecho de que me haya formado en la misma casa de estudios me conecta con las necesidades de los estudiantes y esperamos también por el hecho de ser mujer poder incluir una perspectiva de género en distintas propuestas e iniciativas que pretendemos llevar adelante.

¿Se está abriendo la ciencia política al mundo exterior?

Sí, totalmente. La ciencia política es una ciencia social, comprometida con los fenómenos políticos y sociales y mucho de ese impulso para conocer y analizar el fenómeno político es la transformación política de la sociedad. Muchos de los que estudian la ciencia política todos los días están pensando en el hacer y en cómo ayudar a aquellos que toman las decisiones y transformar la realidad. Tenemos muchos graduados de nuestra carrera o de otras pero que comparten nuestra pasión por la disciplina que se dedican a la política práctica y se destacan. Cada vez son más los que vinculan el conocimiento del fenómeno político con la práctica política para darle al análisis un valor agregado más que solamente el de la opinión.

Su especialización es en las relaciones internacionales, donde hay varias novedades: el fenómeno del Papa, el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, la crisis siria. ¿Qué análisis hace del contexto político global que estamos atravesando?

Estamos en una etapa de transición del orden político mundial. Se está reacomodando la estructura de poder en distintos ámbitos, hay países que están ascendiendo en la estructura de poder y, frente a estas situaciones, los países tienden a sentir la incertidumbre que se plantea. Por eso a nivel de los países como Argentina y América Latina hay un momento de evaluación del momento mundial y de ver cómo nos adaptamos a él. La mayoría de los países están intentando aplicar una política de diversificación de socios, aliados y ejes de inserción frente a este nuevo escenario multilateral que crea oportunidades de múltiples vínculos.

En la última década, la región vivió un momento económicamente próspero a raíz del boom de las commodities y el debilitamiento del dólar, un escenario que parece estar desapareciendo, o al menos atenuándose. Ese panorama económico contribuyó al surgimiento de Estados más inclusivos, con gasto público elevado y, desde lo político, al llamado giro a la izquierda o hacia gobiernos más populistas si se quiere. Frente a este nuevo orden económico que parece abrirse a futuro, ¿vendrá un nuevo orden político?

En este momento lo que hay es un fin de ciclo en general en América Latina de la bonanza económica que significaron tasas relativamente altas de crecimiento económico, demanda de nuestros productos principalmente de China y otros valores positivos que están en declinación en este momento. Ese círculo virtuoso se está cerrando y nos estamos enfrentando a un escenario futuro más adverso. Creo que a los países de la región siempre nos falta un poco de pensamiento estratégico y de prospectiva y no se ve que haya suficiente preparación frente a ese cambio. No hay un Plan B hasta ahora, no se ve cuál es la reacción en general de los países de la región para adaptarse a ese escenario más adverso. Si miramos a Brasil, vemos que se está acomodando por el lado del ajuste y la devaluación. El futuro inmediato es más pesimista que el que tuvimos en la última década y eso puede poner en riesgo algunas de las medidas y los planes que en algún momento se habían implementado simplemente porque los Estados no van a tener los mismos recursos. Se viene un proceso de adaptación de gobiernos y procesos presidenciales más hacia el centro o centroderecha en la región. Lo que se ve en el campo económico también puede tener efectos en las opciones presidenciales que encaren ese proceso de adaptación al nuevo escenario.

Saliendo de la región, la foto del niño sirio muerto fue una señal de la crisis humanitaria que está viviendo el mundo. ¿Aprendimos algo las sociedades, los policy makers del violento Siglo XX o todo sigue igual?

Estamos viviendo momentos dramáticos en términos de violencia, fenómenos de terrorismo, migraciones forzadas y esto está poniendo a prueba a grandes decisores políticos, a los liderazgos, a jefes de Estado, jefes de Gobierno, incluso en Europa, donde siempre se dijo que tiene un poder normativo muy fuerte en términos de expansión de valores asociados a los Derechos Humanos y las democracias. Esta crisis pone en jaque parte de esa capacidad de Europa de procesar estos problemas.

Justamente, un debate que está dando la Ciencia Política internacional es acerca de qué momento está viviendo la democracia a nivel global.

Estos fenómenos de violencia, terrorismo y en torno al tratamiento de la cuestión de la inmigración y los refugiados, que cada vez se vuelve más masiva, pone en cuestión la capacidad de los procesos democráticos de procesar estas problemáticas. De todas maneras, uno mira en términos de procesos históricos mucho más largos y hay muchos avances y logros en términos de defensa de los Derechos Humanos en términos universales y de la democracia como el régimen político más apto para tomar las decisiones y respetar los derechos individuales y de las minorías.

En particular en nuestra región, las democracias latinoamericanas mostraron una cara novedosa, distinta de las habituales democracias liberales o tradicionales.

América Latina viene en los últimos treinta años de un proceso de transición y consolidación a la democracia combinado con estabilidad política apoyado sobre el pilar del respeto de los Derechos Humanos. Hemos construido instituciones regionales basadas en estas ideas que intentan reforzar la defensa de la democracia como un régimen más apropiado para la región, siempre respetando la característica de la democracia en cada país y como cada uno la construye. La democracia también está en un proceso de cambio constante y esperemos que los casos puntuales en América Latina que están entrando en un proceso de inestabilidad puedan de todas maneras canalizar a través de las instituciones una salida política pacífica de no violencia y más estabilidad.

¿No es únicamente en Brasil sino también en Chile, Guatemala y otros países, pero el caso brasilero es especialmente importante para Argentina?

Por supuesto es importante y es de destacar el caso de Brasil por su magnitud por su territorio, su importancia económica y por ser un país motor en los procesos políticos regionales. El modo en que se resuelva la crisis política que está atravesando la Presidenta Dilma Rouseff va a determinar la forma en que se va a afectar la estabilidad regional. Lo que suceda en Brasil va a impactar necesariamente en el resto de los procesos de la región. Por eso es importante que la crisis en Brasil se resuelva positivamente y de una manera que no desestabilice a los países de la región.

¿A qué responde el hecho de que hayan surgido sucesivamente y en poco tiempo casos de corrupción en Chile, Brasil, Guatemala?

Es una combinación de procesos: el malestar social por la situación económica más desfavorable influye. Cuando las economías dejan de crecer y de expandirse, los reclamos superan la posibilidad de dar respuesta por parte de los Estados. En estas sociedades la corrupción se vuelve un reclamo transversal a los distintos sectores de la sociedad y surge como problemática cuando se combina con una situación negativa en lo económico, lo que lo vuelve un desafío para el próximo período. La corrupción es un problema que se ha mostrado cada vez más extendido a nivel regional y es un problema que debe ser abordado a partir de instituciones más sólidas, de controles entre los distintos poderes, de mayor transparencia, de funcionamiento de la Justicia. En fin, los procesos institucionales que sabemos que sirven para contener este problema.

¿Estamos más preparados tras la consolidación de las democracias latinoamericanas en las últimas tres décadas?

Lo que nos protege mejor es cuando las instituciones funcionan y sabemos que las crisis políticas y económicas se pueden resolver a partir de canales institucionales preestablecidos y no tenemos que estar buscando soluciones por fuera de lo que indica nuestro régimen político democrático. En ese sentido, sí, estamos más preparados. No es lo mismo la Argentina de 2015 que la posdictatorial.

 

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