Scioli y sus desafíos para sumar votos

Con el triunfo de Cambiemos en Buenos Aires perdió fuerza el argumento de que sólo el FpV asegura gobernabilidad.

Daniel Scioli está en problemas. Luego de las primarias, demostró muchas dificultades para aumentar su caudal electoral. El balotaje lo complicó aún más porque su propia realización lo debilita dado que aspiraba a ganar en primera vuelta.

Además, las condiciones en las cuales se debe realizar la segunda vuelta supeditan su discurso. Un aspecto central es que se presenta como el garante de la gobernabilidad dado que es el candidato del FpV que es la mayor estructura política del país y que cuenta con una gran cantidad de recursos institucionales. Pero la idea de la gobernabilidad perdió fuerza en la medida en que el FpV no gobernará ninguno de los cinco distritos más grandes del país, porque tendrá solo la mitad de las intendencias del conurbano bonaerense y de pocas ciudades grandes del país. Sí tendrá mayoría en el Senado gracias al PJ tradicional, pero perderá el quórum propio en Diputados.

Y junto a la pérdida de recursos institucionales se observa un distanciamiento del oficialismo de actores sociales relevantes como los sindicatos con mayor capacidad de movilización y los grandes empresarios.

Luego está la cuestión personal. La buena imagen que Scioli mantiene desde hace muchos años obedece a que evita los conflictos y se muestra propenso al diálogo con todos los sectores. Esas características se convirtieron en un activo político en la medida en que gran parte de la sociedad considera que es necesario reducir el nivel de enfrentamiento que existe en el país. Si se quería cerrar “la grieta” nadie aparecía más indicado que Scioli para esa tarea.

Por lo cual este Scioli confrontativo que sale a cuestionar duro a sus rivales no es el que la sociedad valora. Claro que el cuestionamiento a Macri es un camino inevitable en un escenario de balotaje.

La distancia con el Gobierno Nacional es otro punto clave a resolver en la estrategia de Scioli. Es obvio que esté cerca por cuanto es el candidato oficialista; para tomar distancia está Macri. El problema es que la proximidad asegura casi el 40% de los votos pero no muchos más. En esto la economía tuvo un papel relevante dado que no hay espacio ni para el voto castigo ni para apostar a que todo siga igual. Es un porcentaje enorme pero insuficiente para ganar; para eso hay que lograr apoyos fuera de la coalición oficialista. Cómo conseguirlos sin recurrir a un discurso que irrite a la propia base es otro desafío para Scioli.

Los caminos elegidos

Para enfrentar esta situación desventajosa, la estrategia del oficialismo –seguida sin mucho éxito hasta ahora– es abroquelarse detrás de su candidato y evitar las declaraciones que muestren fisuras internas.

Darle un mayor margen de acción lo cual incluye incorporar algunas propuestas de Sergio Massa y una tibia diferenciación con algunas políticas oficiales.

La otra línea es el ataque a Macri. Se recuerda constantemente aquellas iniciativas del Gobierno que el PRO no acompañó. Pero el propio Macri ha sostenido que piensa mantenerlas y además no tendría ni remotamente el apoyo legislativo para modificarlas o derogarlas. Por eso, esa línea de ataque, cuando es llevada al extremo pierde credibilidad.

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