En el kirchnerismo todavía se preguntan por qué perdieron

En las lecturas de su derrota está la clave del futuro del FPV: ¿resistencia o renovación?

¿Cómo ha interpretado el kirchnerismo su derrota electoral? ¿Qué conclusiones sacó de este fin de ciclo en el que, al cabo de doce años en el poder, le tocó entregar el Gobierno Nacional y bonaerense al partido que caracterizó como la representación de “la vuelta al pasado”, el neoliberalismo de los años ’90 y la crisis de 2001? La primera evidencia fue que la magnitud de la sorpresa y desazón no se correspondió tanto con los resultados –de hecho, la elección presidencial más competitiva de la historia– cuanto con el tamaño y la intensidad del relato que abrazaron como un mantra, primero triunfalista y después catastrofista, con el que llegaron a esta instancia final. Así, del triunfalismo se pasó a la perplejidad y luego al desasosiego. El paso siguiente fue el despertar a una nueva realidad política sin hegemonías, ni partido dominante, ni confrontaciones dramáticas y definitorias en las que todo está en juego. O a otra distinta; la del inicio de una nueva resistencia “para que vuelva Cristina”.

Así fue esta catarsis inicial kirchnerista, desde la noche del domingo 22-N, en que descartado todo margen para deslegitimar el triunfo de Macri y Cambiemos, se empezaron a ensayar distintas lecturas, a la despedida del 9-D en la Plaza de Mayo, en la que Cristina no dijo “adiós” sino “hasta luego”. A grandes trazos, encontramos estas líneas de interpretación sobre las razones de la derrota:

1 La conspiración mediática y corporativa. La contraofensiva de la derecha, en el país y en la región. “El asedio de grupos económicos, la concentración comunicacional adversa, las infinitas chicanas judiciales, el acoso de los fondos buitre y el veto del Departamento de Estado (…) el viento a favor de las corporaciones soplando sobre el cuerpo fatigado de un oponente que venía de conducir la recuperación nacional…, tocado además en su etapa final por la más grave crisis del capitalismo desde el crac del ‘29”, (explicaría) las razones de la derrota del FPV” (Roberto Caballero, “La mitad más uno no es el todo”, Infonews, 29/11).

2 El triunfo de la “antipolítica”. “Macri actúa frente a las conciencias pulverizadas que, por la fuerza del nuevo relato triunfante, condenan lo mismo que muchas veces las sostiene, los sistemas de subsidios, jubilaciones sin aportes previos, etcétera. Esa paradoja derrotó a Scioli, aunque apenas por un mendrugo porcentual (…) Lo que consiguieron quienes prepararon al individuo Macri (pues, ¿qué es el neoliberalismo, estrictamente hablando, si no la invención de sujetos abstractos?) es otro “relato” superior, basado en la fuerza de esas abstracciones, que supieron convertirse en microrrelatos concretos, vecinales (“no me importan los ‘fondos buitre’ sino el ‘dealer’ de la esquina de casa”). (Horacio González, Página 12, “¿Quién ganó?”, 24/11).

3 Los errores tácticos, problemas de coordinación y fallas de comunicación. No resultó convincente el candidato y su campaña o, por el contrario, fue la actitud de CK de cercarlo e imponerle condiciones a Scioli (Zannini, Aníbal Fernández) para luego dejarlo solo. El reconocimiento de que –Julián Domínguez dixit– “a Scioli muchos sectores no lo acompañaron como debieron hacerlo dentro del Frente para la Victoria, y lo hicieron por mezquindades”.

4 El cansancio de la gente. El prolongado ejercicio del poder, lo que era una virtud, se transformó en un problema. “El voto, una creación colectiva única, cambia los escenarios en momentos culminantes. Este es uno de ellos. La democracia republicana es reformista casi por definición pero algunos giros de timón operan efectos muy drásticos. Así será en la Argentina tras un lapso largo y bien ganado de hegemonía kirchnerista (…) (Macri) es el primer mandatario no peronista ni radical que llega a la Casa Rosada merced al voto popular. Es un avance que la derecha o centroderecha desplace al peronismo por mecanismos democráticos y no mediante golpes cívicomilitares” (Mario Wainfeld, Página 12, 23/11).

5 Se confundió al contendiente… y la naturaleza de la contienda. Se pretendía un nuevo 17 de octubre del ’45 y se planteó la campaña como si se estuviera frente a la mismísima Libertadora del ’55. Ni una cosa ni la otra tenían visos de realismo o verosimilitud. En tres de ucronías alusivas, o abusivas, imaginemos un Perón que hubiera llegado al poder en 1934 y gobernado durante los siguientes doce años. Que la Década infame hubiera sido una “Década ganada” y no hubiera existido ni “fraude patriótico” ni dictadura del GOU. No hubiera sorprendido, en tal caso, que en las elecciones de febrero del ’46 hubiera ganado la Unión Democrática.

6 La pérdida de contacto con las demandas, aspiraciones y necesidades de las mayorías. Finalmente, los ejercicios de una genuina autocrítica, dispuesta a replantear, revisar, modificar no sólo las estrategias comunicacionales y errores tácticos sino la manera de concebir la naturaleza de la acción política y el “regreso al llano”. “La democracia el único sistema en el que creemos, la nobleza obliga a admitirlo y a no simplificar ni banalizar nosotros esta derrota. Lo que sigue es una profunda mirada hacia el espacio del FpV para entender mejor cómo se movieron algunos hilos viscosos que restaron fuerza y votos (…) Esta bisagra nos indica que para reenergizar nuestras ideas no nos vendría mal a todos un baño de humildad” (Sandra Russo, Página 12, 23/11). En qué línea de interpretación prevalezca está la clave del futuro del kirchnerismo. Si se va a ir transformando en el polo de referencia de una oposición cerril, contestataria y autorreferencial, o estarán dispuestos a acompañar esta nueva etapa reconociéndose como una parte más de un sistema político renovado, con todas sus tensiones y conflictos, entendiendo que algo, definitivamente, ha cambiado.

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