La hora de las urnas

(Columna de Santiago A. Rodríguez)

A dos semanas del primer hito de las primarias en Estados Unidos, hay claros favoritos para alcanzar las generales, aunque difusos ganadores para febrero.

Estamos frente al final del preámbulo del calendario electoral, a partir de ahora se dará inicio a una obra en actos que terminará con un nuevo líder en la Casa Blanca en exactamente un año. Comenzando en Iowa (1/2/2016) y New Hampshire (9/2/2016) y hasta julio, cuando veremos caer la tradicional lluvia de globos rojos, blancos y azules y tomar el estrado a los candidatos que representarán a los dos principales partidos en noviembre, es tiempo de primarias.

En la última semana, coincidieron dos debates de precandidatos, republicanos como demócratas, y el presidente Barack Obama se acercó al Capitolio para dar su último discurso del Estado de la Unión.  Teniendo en cuenta que los republicanos aún tienen un último debate antes de que los delegados comiencen a ser elegidos, es bueno repasar lo que han dejado estos últimos siete días donde la sombra de Obama comienza a proyectarse y dar paso a los nuevos protagonistas.

El despertar de la fuerza

Guantánamo. Si, Obama habló de Guantánamo, más específicamente de cerrar la cárcel que los Estados Unidos mantienen en su enclave cubano. No fue lo único que en su discurso del Estado de la Unión se retrotrajo al 2008. La franca mejora de los números de la economía y la evitación de una reedición de la gran depresión han sido algunos de sus grandes hitos junto a la reforma sanitaria y por supuesto, fueron destacados. También hubo tiempo para risas, reconociendo que los presentes estaban más pendientes de las asambleas en Iowa que en sus palabras, y para la emoción, como cuando encomendó a Joe Biden dirigir un programa de investigación para erradicar el cáncer, causa de la reciente muerte de su hijo Beau y principal razón por la que el vice no participó en las primarias. Pero en el resto, a excepción de menciones al cambio climático y el descongelamiento de las relaciones con Cuba, resonaron palabras de un tinte conservador, señalando en forma enfática la supremacía del país en el ámbito militar global, destacando que los Estados Unidos son el mejor país del mundo y amenazando a Isis recordando la captura de Osama Bin Laden. Un discurso que comenzó con tintes de aquella “nueva esperanza”, cerró con notas de “el imperio contraataca”.

Trump tiene sentimientos

Entresemana, se presentó el anteúltimo debate republicano antes del inicio de las asambleas de Iowa, con un Donald Trump bastante pasado de sus 15 minutos y habiendo superado holgadamente el amor de verano. Esta vez, tardaron en aparecer los primeros roces y durante un buen tiempo reinó una tensa camaradería. Jeb Bush, que en las encuestas es un tibio reflejo de sí mismo hace unos meses, fue el primero en intentar interpelar a Trump. Sin éxito, para variar. La bullying strategy del magnate de Manhattan continúa siendo difícil de contrarrestar para los políticos tradicionales, y quienes se enfrascan en sus idas y vueltas se encuentran pronto en un laberinto.

Hillary Clinton fue objeto de múltiples ataques, en relación a su capacidad como Comandante en Jefe tras los hechos de Benghazi y el manejo de sus emails. Obama, por su parte, fue tildado de dictador y niño caprichoso, y Bernie Sanders directamente ridiculizado. Pero los misiles no fueron solo hacia el otro frente del arco político, y eventualmente comenzó el fuego cruzado.

Marco Rubio y Ted Cruz tuvieron duros intercambios en más de una ocasión, ante la mirada de John Kasich y Ben Carson, quienes fueron los más moderados y Chris Christie, quien quiso sumarse a los altercados. Sin embargo, el momento de mayor impacto, y el más reproducido tras el debate, fueron los dichos de Ted Cruz sobre los “valores neoyorkinos”, basados en la codicia y el libertinaje, sonando casi como un ministro de iglesia describiendo Sodoma y Gomorra. Trump, así como anteriormente se apropió de la figura del manto de la ira con el que la gobernadora de Carolina del Sur Nikki Haley intentó cuestionarlo, en lugar de reaccionar a la provocación, describió a los habitantes de Nueva York tras la caída de las Torres Gemelas, desarticulando –quizás por primera vez sin una bravuconada- a su oponente, que debió acompañar la invocación a los héroes del 9/11 con un aplauso.

El 28 de enero, a tres días de las asambleas en Iowa, se dará un nuevo debate, este con un aditivo particular. Entre los moderadores estará Megyn Kelly, periodista que moderó el primero y fue fuertemente criticada por Trump a través de comentarios misóginos. Será interesante observar si logra, además de mantener a raya a Cruz, manejar el nuevo encuentro con Kelly, quien hasta ahora ha sido la más eficiente en hacer mella en el multimillonario.

Por un tercer mandato de Obama, vote Hillary

En los albores de la campaña por la sucesión de Obama, la supuesta inevitabilidad de Hillary Clinton como candidata demócrata llevaba a cuestionar si la mejor estrategia para la ex secretaria de Estado era acercarse al actual mandatario o diferenciarse. En el debate de ayer no han quedado dudas que la diferenciación inicial ha dado paso a un abrazo profundo al legado de los últimos ocho años por parte de quien aún marcha primera en las encuestas.

El del domingo por la noche fue el último debate demócrata antes de las asambleas de Iowa y las primarias de New Hampshire y la última chance de Sanders de pasar al frente en ambos Estados, donde las encuestas reflejan paridad. Y, si bien ambos fueron los protagonistas descollantes del debate, más allá de una retórica más sciolista de conservar lo alcanzado y por momentos de negociación con los republicanos por parte de Clinton y una radicalización y casi quiebre con el presente de Sanders, no hubo nuevos argumentos. En esa tensión se halla la mejor performance de Clinton, que debate mejor a la defensiva, cosa que Sanders buscó evitar; resultando en, quizás, la presentación más floja de la ex primera dama, pero no por eso mala. Mientras esto sucedía, Martin O’Malley, víctima del formato, era un observador privilegiado, que aportó algunas ideas y frases pero, a menos que aparezca un cisne verde, es muy tarde para él.

A dos semanas del primer hito de estas primarias, hay claros favoritos para alcanzar las generales, aunque difusos ganadores para febrero. Si en la introducción se llamó a Obama “líder”, por sobre otras palabras como Presidente o Comandante en Jefe, es porque en el período que se presta a concluir, ha superado cualquier nota al pie que podría haberse escrito por su color de piel o certificado de nacimiento; su lugar excede hoy esos prejuicios. Sin embargo, si consideramos que su último mensaje al Congreso ha sido el de menor rating en los últimos 20 años, hay claras señales que los estadounidenses están hambrientos de salir en la búsqueda de un nuevo liderazgo.

 

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