Presidencia en construcción

El Gobierno se anotó, hasta ahora, más logros en el ámbito político que en el económico. Un repaso de sus primeros dos meses y medio en el poder.

Los primeros dos meses de gobierno de Mauricio Macri arrojan un balance heterogéneo, con zonas de mayor y menor éxito. En el espectro económico, su mayor logro fue la salida del cepo cambiario a poco de asumir, como prometió durante la campaña, y sin las consecuencias negativas que pronosticaban algunos economistas y dirigentes políticos. Así lo percibe incluso la opinión pública. Según el consenso de las encuestadoras, el manejo del dólar y la salida del cepo son las áreas económicas donde los encuestados ven un mejor manejo por parte del Gobierno.

En cambio, la aceleración de la inflación, la quita de subsidios energéticos y la política salarial aparecen entre las áreas donde no solo la opinión pública ven con mayor preocupación, sino también el mismo Gobierno. Entre algunos economistas del macrismo, existía la creencia de que los precios estaban valuados a un tipo de cambio cercano a los $16, por lo que una devaluación del 40-50% no produciría un grave salto inflacionario. Sin embargo, según el índice de precios de San Luis, que el Gobierno Nacional recomendó utilizar como alternativa hasta que el Indec elabore su propio indicador, la inflación entre diciembre y febrero ya acumula un 10,7%, al que en febrero se le deberá agregar el impacto de la suba de tarifas.

En ese punto, fue pobre la comunicación de los anuncios, que no contemplaron informes ni promesas de inversiones sino solo de aumentos en un contexto de masivos cortes de luz que hicieron aún más intolerable la suba de tarifas. Aunque la mayor parte de la opinión pública coincide en que un ajuste de tarifas es necesario y hasta inevitable, nadie quiere ser alcanzado por los incrementos, lo que empieza a erosionar la buena imagen del Presidente.

Asimismo, el traspié innecesario con el gremio de docentes nacionales -en el que la comunicación también jugó un rol importante- complicó aún más las paritarias. En medio de ello, la quita de retenciones a la exportación agropecuaria y minera y la ausencia del proclamado acuerdo de precios y salarios reforzó la idea de que el PRO gobierna para los ricos, una idea a la que el macrismo le busca escapar desde sus mismos orígenes.

Para moderar esa percepción eso, el Gobierno apuró los anuncios destinados a los sectores populares. En esa línea se inscribieron desde hechos concretos como la postergación de la suba de tarifas al gas y la suba del mínimo no imponible (aunque de todos modos no cumplió con las expectativas de los sindicatos), o simbólicos como la frase “hermanos trabajadores” en la presentación de las modificaciones impositivas, una columna publicada en Diario Popular en la que promete “cuidar el bolsillo de los trabajadores” o promesas la de dinamizar la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia para controlar la suba de precios.

En el plano político, también hubo idas y venidas. La relación con el Congreso mutó. En el primer mes, el macrismo apeló a la firma de decretos que no siempre fueron de justificada necesidad ni urgencia. Se trataba de un mecanismo que no por haberlo criticado durante el kirchnerismo se vio impedido de utilizar cuando lo necesitó. Así, se deshizo de la Ley de Medios, creó nuevos ministerios, designó a Federico Sturzenegger como presidente del Banco Central en comisión, un paso fundamental para llevar adelante la salida del cepo y la moderación de la emisión monetaria que según los economistas del PRO era fundamental para evitar sumar aún más presión a la inflación, y frenó -aunque no sin costos- el decreto de Cristina Fernández que lo instaba a devolverle a las provincias el 15% de precoparticipación con el que financia a Anses, una medida inviable por su costo fiscal. No obstante, cuando ese mecanismo mostró sus limitaciones y su tiempo se hubo vencido, no dudó en virar hacia la búsqueda de diálogos y consensos para con las cámaras legislativas.

En ese sentido, la relación con los gobernadores se volvió central, no solo por su peso en el Congreso sino para dar muestras de gobernabilidad y de gobierno en equipo, una idea cara a la filosofía macrista. Según la óptica PRO, los mandatarios provinciales no son adversarios sino socios en la gestión de cara a un programa que saque del estancamiento al país. Este enfoque, con el que Macri busca darle una impronta federal a su gobierno para alejar además los fantasmas de las acusaciones de gobernar solo para el centro del país, se volvió uno de los activos centrales del gobierno en términos políticos.

El Gobierno se anotó hasta ahora más logros en términos políticos que económicos, paradójicamente para una fuerza más equipada en especialistas económicos que en cuadros políticos. Uno de los logros que podría anotarse en el próximo tiempo en ese aspecto es un acuerdo con los holdouts. Para eso, sin embargo, tendrá que sortear el obstáculo político que representa un Congreso en el que no tiene mayoría.

Gobernar la Ciudad y gobernar el país son dos tareas distintas. En sus primeros pasos, Macri se encontró con los primeros problemas que conlleva una gestión más compleja, de mayor alcance y con problemas más acuciantes que la porteña. Como señala Fabián Bosoer, las características que muestre la Presidencia de Macri se irán moldeando de acuerdo a las respuestas le vaya dando a los problemas que surjan de la gestión.

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