El FIT ante el Gobierno de Macri

(Columna de Fernando Rosso)

Tanto por el anclaje social (y, específicamente, en los sindicatos), como por la emergencia política en el marco de una crisis de los progresismos, el FIT tiene un terreno fértil para seguir avanzando.

El maratón de elecciones ejecutivas que finalizó con el triunfo de Cambiemos en el balotaje –tomado de conjunto– reveló un desarrollo significativo para el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT). Los resultados de la polarizada contienda presidencial y de la segunda vuelta (donde el FIT llamó a votar en blanco) y que fue una especie de “polarización institucionalizada”, pueden distorsionar el balance de conjunto, tomando los comicios provinciales y nacionales. Si el 2013 fue el año de la emergencia política del FIT en el escenario nacional, el 2015 implicó la consolidación de conquistas políticas y parlamentarias en todo el país.

En la Cámara de Diputados del Congreso Nacional, el Frente de Izquierda tenía antes del 2015 un interbloque de tres bancas, el año pasado sumó una más y ahora son cuatro los diputados con los que cuenta allí. En su “bastión”, Mendoza, tenía un senador provincial y ahora conquistó un interbloque de dos, poseía una bancada de tres diputados locales y ahora tiene cuatro (antes tenía seis concejales, y ahora suma nueve en distintos municipios de la provincia). En Córdoba, ocupaba una histórica banca en la Unicameral, y ahora tiene un interbloque de tres legisladores en el segundo distrito del país. En Neuquén tenía una banca en la Legislatura local y sumó una más, igual que en la ciudad de Buenos Aires.

Además, renovó y conquistó nuevos referentes nacionales: el joven Nicolás del Caño y la abogada Myriam Bregman (ahora diputada nacional), integraron la fórmula que encabezó la contienda presidencial y se sumaron, como nuevos portavoces, a los históricos referentes del FIT.

Con esta ubicación, el FIT se instaló como una voz en la escena política, que hace escuchar sus posiciones ante cada hecho político de relevancia: así fue con el rechazo al temprano “decretismo” de Mauricio Macri, ante los despidos masivos en el Estado o contra el llamado “protocolo antipiquetes”.

El duro ajuste de Macri, que es todo lo neoliberal que habilita la relación de fuerzas, ya está teniendo importantes consecuencias sociales en general y sobre los trabajadores en particular.

Justamente, en el movimiento sindical y específicamente en las organizaciones de base es donde el FIT había conquistado, incluso antes de su emergencia política, posiciones e influencia durante todos estos años.

Este avance es reconocido y visualizado hasta por analistas o intelectuales que están en las antípodas de la izquierda. La reconocida intelectual liberal Beatriz Sarlo explicó recientemente: “Otra cosa que preocupa a los dirigentes sindicales de origen peronista o no peronista es el avance de los trotskistas en sus sindicatos” (1). Y el editorialista del diario La Nación Joaquín Morales Solá coloca a los trotskistas entre los “importantes sectores sociales” que protagonizan las protestas, a las que califica –con su particular visión de cualquier conflictividad– como un “trastorno del espacio público” (La Nación, 23/12/2015).

Frente a una política de ajuste y ante el quietismo que hasta ahora vienen mostrando las conducciones de los sindicatos (a excepción de los estatales o docentes), la izquierda tendrá protagonismo en la resistencia más firme a un ajuste severo.

Pero, además, en el terreno político hay un amplio campo de acción por la disposición de fuerzas que dejó el cambio de Gobierno. La centroizquierda no peronista quedó bastante reducida a su mínima expresión durante el ciclo político anterior. Y la centroizquierda filo-peronista, que se referenciaba en el kirchnerismo, se encuentra ante una encrucijada.

La estrategia del kirchnerismo es dar la pelea “por dentro” del PJ que, luego de la derrota, se encamina hacia un nuevo equilibrio y una conducción inclinada hacia la derecha. Por lo tanto, muchos sectores que desde el llamado “progresismo” hacia la izquierda apoyaban de alguna manera u otra al kirchnerismo se encuentran a la intemperie de referencia política.

El vendaval macrista avanzó, en el marco de un ajuste general, en liquidar símbolos caros al universo del progresismo como la Ley de Medios e incluso llegó hasta el encarcelamiento de Milagro Sala. Frente a esto, el progresismo se encontró no sólo ante a su propia impotencia política para poner algún límite sino dentro de un partido con referentes que mantuvieron silencio e incluso apoyaron algunas de estas medidas, y hasta se proponen colaborar con la gobernabilidad de Macri. Con la “expropiación” y el bastardeo de demandas que históricamente fueron parte del acervo de la izquierda, cierto kirchnerismo actuaba como una mediación política en el marco de un momento de expansión económica.

Luego de la derrota, en el llano y en la oposición, el Rey está desnudo y la estrategia de recuperarse en el marco de un partido con figuras como Juan M. Urtubey, José Luis Gioja o el mismo Daniel Scioli pone límite a cualquier eventual “izquierdismo”, además de dejar en evidencia la incapacidad para frenar la avanzada del macrismo. Dicho sintéticamente: el pejotismo es el limitado “corralito” del progresismo kirchnerista.

Tanto por el anclaje social (y, específicamente, en los sindicatos), como por la emergencia política en el marco de una crisis de los progresismos, el FIT tiene un terreno político y social fértil para seguir avanzando en este año que no es electoral, y eventualmente cosechar políticamente todo esto en el 2017 en el marco de unas elecciones legislativas de carácter muy diferente a las del año pasado.

(1) Entrevista con Marcelo Zlotogwiazda en “La vuelta de Zloto” en Radio Del Plata.

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