La dimensión neoperonista de Juntos por el Cambio

Por Julio Burdman 

El radicalismo estaba entusiasmado por sus elecciones internas con alta participación en los principales distritos del país. Parecía una secuela de Gualeguaychú, donde el partido centenario no sólo discutía liderazgos, lapiceras y candidaturas, sino también el perfil de la alianza que iba a competir con el peronismo kirchnerista. Todos postularon un rol más activo dentro de Juntos por el Cambio. Andrés Malamud, politólogo y candidato de una de las listas ganadoras, le dijo a Carlos Pagni que era hora de volver al Cambiemos original y “desperonizar” la estrategia. Pero pocos días después de la algarabía, un Mauricio Macri entrevistado por Jorge Lanata dijo que si Perón viviera sería cambiemita. Evidentemente, “desperonizar” no forma parte del vocabulario del líder opositor.

Esto podemos verlo como algo reiterado, o entenderlo como una posible novedad. Por un lado, es cierto que Macri cada tanto lanza un centro al electorado de enfrente, cita a Perón y se mete en la disputa de su legado. Por el otro, también es cierto que las sociedades experimentan cambios y las lógicas políticas se actualizan. No es descabellado que Macri salga a cazar votantes dentro del 48% del Frente de Todos.

Hasta hace poco, eso lucía improbable. La idea de que la política argentina está partida al medio por la figura de Cristina Kirchner fue dominante entre los años 2008 y 2019, y se grabó a fuego en nuestras mentes. Ello derivó en la imagen de dos campos electorales antagónicos, uno peronista y otro no-peronista, que podían transformarse hacia adentro pero nunca mezclarse. Pero aparecieron nuevos fenómenos. CFK facilitó una nueva coalición, incluyendo a justicialistas de centro como Alberto Fernández y Sergio Massa en los roles protagónicos, explotó una pandemia y se cristalizó una gran crisis económica.

Las identidades políticas están en cuestión y ambos megaespacios, FdT y JxC, están amenazados por la posibilidad de fugas de dirigentes y votantes desilusionados. A Juntos por el Cambio le aparecieron ya dos pequeñas úlceras, por ahora confinadas a la región metropolitana: los libertarios decepcionados de la economía macrista, y el peculiar experimento neocarapintada de Gómez Centurión. Son dolencias relativamente benignas, porque ya fueron diagnosticadas y son tratadas en el consultorio de la doctora Patricia Bullrich. Mientras tanto, el riesgo que enfrenta el peronismo es más complejo, porque puede provenir de varios flancos. Pueden surgir corrientes internas dentro del PJ, como las que intentaron conformar Alberto Rodríguez Saá o Fernando Gray, o justicialismos provinciales que se encierren en sí mismos, como el caso del cordobecismo de Juan Schiaretti. También pueden aparecer pequeños cismas neoperonistas, como el partido de Guillermo Moreno. Pero la amenaza mayor proviene de Juntos por el Cambio.

No se trata solamente de la hipótesis del engordamiento de la “pata peronista” cambiemita, hoy liderada por Miguel Pichetto y Joaquín de la Torre, que antes tuvo referentes como Emilio Monzó o el fallecido “Momo” Venegas. Juntos para el Cambio puede convertirse, como un todo, en un espacio buscador de votos de la vereda de enfrente. Para ello necesitaría abandonar el antiperonismo discursivo que lo caracterizó en los años más álgidos de la grieta. Pero eso no sería tan difícil, si tenemos en cuenta el origen peronista de muchos de sus dirigentes principales. Sobre todo, de aquellos que hoy se encuentran en el momento robusto de su curva de crecimiento político, como Horacio Rodríguez Larreta, Diego Santilli y Cristian Ritondo. Tres nacidos y criados en el justicialismo porteño de los ‘90.

Si la grieta se extingue por el paso del tiempo o la transformación de la agenda política, entonces la identidad de Juntos por el Cambio también se vería desafiada, y el antiperonismo reciente carecería de sentido. Recordemos también que Mauricio Macri ingresó a la política con la idea de integrarse a un polo neomenemista, cuyos mentores iban a ser ex gobernadores de aquella época como Carlos Grosso (el minigobernador menemista de la Capital), Ramón Puerta (Misiones) y Juan Carlos Romero (Salta); Francisco De Narváez, empresario y amigo de Macri, también afín al peronismo, se sumaba al plan.

Mientras tanto, en la Capital, Macri conformaba su primer partido, Compromiso para el Cambio, con la participación de los mencionados Rodríguez Larreta, Santilli y Ritondo; María Eugenia Vidal se formó con ellos y en ese ambiente. Podemos destacar también que los intendentes del Conurbano bonaerense de Juntos por el Cambio a partir de 2015 (Grindetti, Valenzuela, Méndez, Molina), se valieron de armados neoperonistas locales para ganar elecciones y luego gobernar. O que Bullrich conoce bien ese paño, aunque ya no lo integre.

Pensando en las elecciones legislativas de este año, todo lo anterior se visualiza mejor si nos detenemos en el principal desafío electoral de Juntos por el Cambio, que es la provincia de Buenos Aires. Allí, la coalición opositora gana con claridad en el interior provincial -los ganadores de la interna radical son, precisamente, de ese interior cambiemita. Pero esa superioridad no tiene demasiados misterios. JxC puede mejorar su desempeño en Mar del Plata, Bahía Blanca o los pueblos industriales del corredor del Paraná, pero ahí no está el secreto para hacer la diferencia. Lo que necesita es ganar en municipios clave de la Primera Sección electoral, y descontar votos en la Tercera Sección, que es el bastión nacional del kirchnerismo.

Esa es la batalla decisiva. Allí, Néstor Grindetti y Diego Kravetz están a cargo de un armado electoral que consistirá en disputarle votos al Frente de Todos. Para ello, el candidato ideal es un dirigente afín a esa estrategia. Naturalmente, la respuesta del Frente de Todos será cuidar el bastión conurbano con más peronismo. El resultado de todo este proceso sería un JxC más inclinado a desarrollar su dimensión neoperonista, y un Frente de Todos que se reperonizará. Perón siempre vuelve: nos espera un año electoral bien peronista en la madre de todas las elecciones.

 

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