Martín Guzmán, una loción de Occidente

Por Lucio Guberman y Alan Stummvoll

 

El viaje a Europa de Alberto Fernández junto a los ministros de Economía y Relaciones Exteriores, Martín Guzmán y Felipe Solá, respectivamente, fue una vuelta de página a la novela “Quién se va” que habían protagonizado Guzmán con el Subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo. En la nueva misión oficial por Europa, la actividad desplegada por el ministro de Economía lo ratificó en el Gabinete y volvió a poner en escena su papel en la vinculación de Argentina con el mundo.

A este álbum, donde se coleccionan las cumbres del presidente con los líderes europeos y de occidente, se suma la foto del pasado 14 de mayo, otra clara muestra de lo que Guzmán le aporta al oficialismo: un nexo con el papa Francisco, Joseph Stiglitz, Kristalina Georgieva y Janet Yellen. Si bien no es el único interlocutor que puede hacerlo, lo cierto es que, dentro de la lista de recambios barajados en la coalición, muchos ni siquiera tienen visa y ciertamente, alejarían al Gobierno de esta agenda.

Sin embargo, el capítulo de tensión entre el ministro de Economía y el kirchnerismo existió. Y las explicaciones de esta y de varias tensiones más de la política actual hay que buscarlas en la relación difícil entre La Cámpora y el peronismo. Se debe bucear en la naturaleza de este Gobierno de coalición para comprender el conflicto más allá de los prejuicios. La Cámpora es el brazo organizado del kirchnerismo, socio mayoritario de la entente oficialista y la agrupación K tiene la aspiración de conformar o al menos cumplir las funciones de un partido político nacional, sumado a que la participación en las gestiones anteriores le dejó un plantel de dirigentes con experiencia para cubrir prácticamente todas las vacantes del gabinete. Sin embargo, los límites a la agrupación se los marca Cristina Fernández de Kirchner.

Hasta ahora la vicepresidenta priorizó la estrategia a la táctica y Guzmán parece ser el más  funcional a la estrategia oficialista. El ministro es la mejor expresión realmente existente de las ideas de CFK sobre el capitalismo global. Sacarlo de la cartera de Economía implicaría una reducción del espacio político oficialista, rumbo que CFK viene evitando. La expresidenta dejó en claro que “hacía falta una coalición más grande para ganar y una aún mayor para gobernar” cuando dio el paso al costado el 18 de mayo de 2019, y propuso a Alberto Fernández para encabezar la fórmula presidencial. Eso es estratégico en el tablero de CFK.

Sin Guzmán, el Gobierno perdería su perfume occidental, ergo, primarían aromas exóticos: China, Rusia, Cuba y Venezuela. Es aquí donde aparecen matices y acuarelas como el hilo de 27 tuits de la vicepresidenta, glosando el discurso de los cien días de la gestión de Joe Biden, o el nuevo bautismo oficiado por  Alberto Fernández para el presidente de Estados Unidos, desde ahora “Juan Domingo Biden”. Y todo antes de que el nuevo Perón global pida la liberación de patentes de las vacunas contra el Covid…

El upgrade del capitalismo después de la Segunda Guerra Mundial llevó a la creación de instituciones de inspiración keynesiana como el propio FMI. En los tiempos actuales de pandemia esa institucionalidad parece regresar a sus fuentes, en buena medida por el giro de Estados Unidos hacia la heterodoxia. Estos nuevos aires son más respirables para las economías como la de Argentina. Guzmán viene abogando desde la academia por reformas del sistema financiero mundial en la dirección que efectivamente van tomando y tiene excelente sintonía con los principales referentes de este giro global. Parangonando la analogía futbolística de su antecesor, el “Messi de las finanzas”, Fernández podría decir que tiene al Mascherano de las negociaciones internacionales. ¿Por qué cambiarlo?

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