Chile: continuidades y discontinuidades en la elección constituyente

 Por Gabriel L. Negretto*

  

Luego de ser suspendida en dos oportunidades por motivo de la pandemia, la elección de convencionales constituyentes en Chile tuvo lugar el pasado 15 y 16 de Mayo. Como es lógico en un contexto de crisis y cambio, las proyecciones realizadas con base en datos pasados de comportamiento electoral, fallaron en la mayoría de sus pronósticos. Nadie anticipó el drástico declive del voto por las coaliciones y la mayoría de los partidos que gobernaron el país desde 1990, ni el masivo apoyo a las listas de independientes. Sumado a la paridad de género en la representación y los asientos reservados para pueblos originarios, este resultado es auspicioso para un proceso que buscó dar una salida legal y pacífica al estallido social de 2019 por medio de una nueva Constitución elaborada en una instancia  plural, diversa e incluyente. También es probable que la elección facilite la adopción de cambios profundos reclamados por la ciudadanía. Al mismo tiempo, no obstante, la elección profundiza desafíos preexistentes y abre nuevos interrogantes.

Dada la creciente fragmentación partidaria que se observa en Chile desde 2017, era esperable que ninguna coalición o lista alcanzara una mayoría y mucho menos los dos tercios de la convención, que es el umbral requerido para aprobar la nueva Constitución. Al mismo tiempo, y contrariamente a todas las proyecciones, Vamos por Chile, la coalición gobernante de partidos de derecha y centro-derecha, no alcanzó el tercio necesario para vetar decisiones.[1] De una Convención de 155 miembros,  solo obtuvo 37 representantes (23.87%).

La otra gran derrotada  fue la Lista del Apruebo, la coalición que reúne a los partidos de centro-izquierda de la antigua Concertación, luego convertida en Nueva Mayoría, que gobernaron entre 1990 y 2010, y entre 2014 y 2018. Esta coalición, que se estimaba decisiva como eje moderador entre las posiciones más radicales a favor de mantener o cambiar el statu quo, quedó en último lugar, con 25 delegados. Cabe destacar, de todas maneras, que el Partido Socialista fue el menos castigado dentro de esta lista, con 15 representantes.

En un sentido opuesto, la lista Apruebo Dignidad, que sumó al Partido Comunista y a los partidos de la nueva izquierda reunidos en el Frente Amplio, tuvo un desempeño un poco mejor al esperado, con 28 escaños. Pero la gran sorpresa, sin duda, fue la votación obtenida por los independientes, que en total obtuvieron una pluralidad de 48 escaños en la Convención. Dentro de este grupo heterogéneo, cabe destacar en primer lugar a la Lista del Pueblo, que alcanzó 27 escaños con candidatos y candidatas provenientes de movimientos sociales asociados al estallido social de 2019.

En lo inmediato, lo primero a  destacar de la elección  es que cumple con creces la expectativa de que la Convención sea un espacio diferenciado del Congreso. La principal razón por la cual la alternativa de una convención especial enteramente electa adquirió fuerza en la opinión pública y terminó imponiéndose en el plebiscito de octubre de 2020, fue crear una instancia de representación distinta de la Legislatura ordinaria, cuya aprobación popular es extremadamente baja en el país.[2] Se buscó garantizar esto por medio de un sistema electoral que complementó la fórmula proporcional vigente con reglas innovadoras de paridad de género,  listas de independientes y asientos reservados para pueblos originarios. De todos estos mecanismos, el más incierto era el de las listas de independientes, pues no era claro que pudieran competir de manera efectiva ante las fuerzas políticas más organizadas y establecidas. Sin embargo, la amplia desconfianza en los partidos y el peso del voto anti-elite (fenómenos en gran parte superpuestos), hicieron de los independientes una opción atractiva para una gran parte del electorado.

Ahora bien, ¿qué consecuencias se pueden derivar de la elección con relación a la actividad de la convención y el contenido posible de la nueva constitución? Señalaré tres principales: la ausencia de bloques homogéneos de decisión o bloqueo, la posible despolarización sobre ciertos temas divisivos, y la potencial fragilidad en la formación y sostenimiento de coaliciones de reforma a lo largo de las distintas etapas de elaboración de la constitución. En conjunto, estas consecuencias sugieren un escenario que al mismo tiempo que genera nuevas oportunidades, abre nuevos espacios de incertidumbre.

Si bien el centro político ha perdido peso y el miembro promedio de la convención se ubica ahora más hacia la izquierda de lo que se esperaba, no existe ningún bloque homogéneo y cohesivo con capacidad de imponer o bloquear decisiones de manera unilateral. Aunque es incierta la postura que adopte el Partido Socialista (que recientemente buscó participar en las primarias presidenciales con el Frente Amplio y el Partido Comunista), es razonable pensar que el resto de los miembros de la Lista del Apruebo tomen posturas moderadas. Entre los independientes, es probable que los integrantes de la Lista del Pueblo, aunque se ubican mejor como representantes populares en un eje pueblo-elite, voten en una gran cantidad de temas junto a la izquierda.[3] Sin embargo, otra de las listas de independientes exitosas, la Lista de los Independientes No Neutrales, tiene 11 delegados cuyas posiciones podrían tender más hacia el centro.

La ausencia de bloques homogéneos y el desplazamiento hacia la izquierda, hace posible una menor polarización sobre ciertos temas que eran potencialmente divisivos. En lo procedimental, algunos candidatos de la lista de Apruebo Dignidad habían planteado la necesidad de discutir si se mantendría la regla de dos tercios, sea en general o  para votar el texto final. Esta postura buscaba desarticular el poder de veto de la lista Vamos por Chile. Sin embargo, ante la ausencia actual de este veto, esa discusión ha perdido sentido. Lo mismo debería ocurrir con la idea de destrabar puntos de desacuerdo entre los representantes por medio de plebiscitos, aunque esto podría seguir sosteniéndose para conformar el creciente humor anti-partido y anti-elite en el país. También es probable que en su nueva conformación la convención decida mantener a ultranza el principio de transparencia y publicidad e involucrar a la ciudadanía en todas las etapas posibles del proceso.

En lo sustantivo, es probable que en su integración actual la convención alcance un alto grado de acuerdo sobre un núcleo de reformas a nivel general. Dentro de éstas se podría enumerar la ampliación de derechos sociales (particularmente seguridad social, educación, salud y acceso al agua), mayores restricciones al poder presidencial, protección del medio ambiente, reducción de mecanismos contra-mayoritarios en el proceso legislativo, mayor poder a las regiones y el reconocimiento de Chile como Estado Plurinacional.[4] Sumado a la disminución de conflictos en materia de reglas de procedimiento, esta convergencia haría posible no solo adoptar más rápidamente el reglamento para la convención, sino también un posible acuerdo del plenario sobre principios básicos que brinden un mapa de ruta para el trabajo de las comisiones temáticas.

A pesar de esto, la conformación de la convención profundiza ciertos desafíos preexistentes y crea nuevos interrogantes. Desde el comienzo, era dudoso que sin un proyecto precedente, la convención lograra elaborar un texto constitucional coherente en el plazo máximo de un año, aprobar todas sus normas por las mayorías especiales requeridas, y además involucrar activamente a la ciudadanía en el proceso. Esta duda se reafirma en el escenario actual.

La presencia de un gran número de independientes con posiciones claras sobre el sentido de algunas reformas pero sin posturas definidas en una gran cantidad de materias, puede dar lugar a muchas propuestas de innovación institucional que sean difíciles de decidir en ausencia de partidos y coaliciones que logren disciplinar mínimamente el debate y el voto. Cuestiones muy generales, como sistema de gobierno, bicameralismo, o estructura territorial del Estado; o muy específicas, como aprobación de presupuesto o jurisdicción constitucional, pueden tornarse de incierta y lenta resolución.

Dado el predominante ambiente crítico al sistema representativo y la posible adopción de una regla de transparencia absoluta, también surge el riesgo de que algunas decisiones se adopten solo tomando en cuenta el grado de aprobación popular que puedan tener y no la evidencia disponible acerca de sus posibles consecuencias. Cuando los delegados hablan en público no solamente están discutiendo y deliberando entre sí, sino que están tomando posiciones ante los votantes. Y eso puede llevar a posturas que no solo obstaculizan la negociación, sino que degradan la deliberación.

Mi investigación muestra que los reemplazos constitucionales deliberados y negociados por una pluralidad de fuerzas políticas con representación efectiva de los principales grupos y de las divisiones sociales en el país, tiende a profundizar la democracia.[5] Esta modalidad de cambio institucional, complementada por una amplia participación popular durante el proceso, se asocia a un diseño que en los hechos amplia los derechos ciudadanos, incrementa las restricciones al poder arbitrario del ejecutivo, y fortalece las mayorías legislativas. Esta evidencia, que brinda un razonable optimismo acerca del resultado del proceso chileno, se funda sin embargo en un estudio comparativo en el que la vasta mayoría de las constituciones fueron elaboradas por representantes de fuerzas políticas con cierta capacidad de agregar preferencias sociales a nivel colectivo. Aún carecemos de datos suficientes para anticipar los resultados de un proceso que busca restaurar un proceso representativo en ausencia de una representación organizada.

 

*Gabriel Negretto es profesor y jefe del programa de doctorado del Instituto de Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica de Chile

 

[1]Aunque luego apoyada por un acuerdo multipartidista, la regla de dos tercios fue principalmente promovida por la coalición gobernante.

 

[2] Ver https://www.biobiochile.cl/noticias/nacional/chile/2021/04/29/encuesta-cep-pinera-marca-un-9-de-aprobacion-y-solo-un-8-tiene-confianza-en-el-congreso.shtml

[3] Ver Giancarlo Visconti, “Reevaluando la Tesis del Desplome”, en CIPER, https://www.ciperchile.cl/2021/05/22/reevaluando-la-tesis-del-desplome/

[4] Ver sondeos preliminares en https://www.latercera.com/investigacion-y-datos/asi-piensa-la-nueva-convencion/

[5] Ver Gabriel L, Negretto y Mariano Sánchez-Talanquer, “Constitutional Origins and Liberal Democracy: A Global Analysis, 1900-2015,” American Political Science Review, 2021, Vol. 115 (2): 522-536.  

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