Para construir más y mejor democracia

Con el foco en distintas aristas del sistema democrático argentino, los autores realizan un análisis del desempeño de la democracia desde 1983.

Treinta y dos años hace desde que la Presidencia de Raúl Alfonsín inauguró el ciclo democrático más extendido de nuestra historia –y muy diferente a los anteriores– y treinta años hace desde que la ciencia política nació como disciplina académica, en 1985. Desde entonces, la renovada preocupación por la democracia llevó a los politólogos a preguntarse no sólo por la esencia de la democracia (la elección popular de autoridades, las diferencias y ventajas frente a un régimen autoritario) sino también por el desempeño de ese sistema en Argentina, por su calidad. En esa segunda búsqueda se inscribe –desde distintos ángulos analizados por los diferentes autores– el libro Los resultados de la democracia (Eudeba).

El primer artículo, de Martín D’Alessandro, analiza la información vertida por los candidatos presidenciales en sus campañas desde 1983 a la fecha para observar los grados de consistencia/volatilidad programática de los partidos participantes de las elecciones nacionales. Su fin posterior es discernir si independientemente de los líderes partidarios momentáneos y posicionamientos ideológicos coyunturales, los partidos muestran políticas comunes a lo largo del tiempo, lo que favorecería la institucionalización del sistema de partidos y allanaría el terreno para un mejor funcionamiento de mecanismos de accountabbility. A medida que expone sus hallazgos, apoyado en un vasto despliegue de datos, números y gráficos, deja entrever una conclusión, que hacia el final del artículo sintetiza en una frase: «Se hace difícil a partir de elecciones previas inferir la posición de los partidos en elecciones futuras, con lo cual se vuelve difícil generar pertenencias partidarias y se confunde al electorado».

Belén Amadeo, en el segundo artículo del libro, pone el foco sobre la comunicación gubernamental. Para su análisis, diferencia entre sistemas «cerrados» y «abiertos» de comunicación política, siendo los primeros aquellos menos permeables a interferencias e intercambios con la prensa y la opinión pública y los últimos, aquellos más flexibles. Haciendo un minucioso punteo de los elementos que componen la comunicación gubernamental y sustentada en entrevistas a varios de los principales voceros de ex presidentes argentinos, realiza un recorrido por las formas de comunicación de los sucesivos gobiernos, y su grado de apertura en cada caso, un análisis que cobra especial interés en un período (el de los tres gobiernos kirchneristas) de extremo distanciamiento y desconfianza entre el Poder Ejecutivo y los medios de comunicación.

Por su parte, el texto de Carla Carrizo y Cecilia Galván indaga acerca del poder legislativo de los mandatarios provinciales, en comparación al del Ejecutivo Nacional sobre el Congreso Nacional. “¿Son los gobernadores argentinos actores legislativamente más poderosos en sus provincias como lo es el presidente argentino en el nivel federal de gobierno?”, se preguntan. Y desde allí, las autoras desatan una investigación enrevesada sobre las facilidades y dificultades de los gobernadores para rechazar o modificar leyes por medio del veto (parcial o total), marcar agenda, dictar decretos y modificar el statu quo unilateralmente. Aunque las autoras llegan a una conclusión (que los gobernadores no son más poderosos que el Presidente en cuanto a su vinculación con el órgano legislativo correspondiente), es en el trayecto de la investigación en lo que más se lucen, al sortear una tarea por demás difícil como es la necesidad de analizar y comparar los sistemas provincia por provincia, dada la heterogeneidad existente entre ellas.

Guido Moscoso, a su vez, se propone derribar los mitos en torno a la supuesta reactividad del Congreso argentino, en oposición a la proactividad del Poder Ejecutivo. La alta participación del Congreso sobre el total de la legislación sancionada, la tendencia creciente en cuanto a los proyectos de ley presentados por legisladores y la mayor cantidad de proyectos presentados, dice Moscoso, «nos muestra una suerte de convivencia entre presidentes fuertes y legislaturas más activas que marginales» y también que la evidencia presentada en el artículo contribuye a «dejar de pensar nuestra legislatura nacional como un actor institucional marginal, ya sea como ‘sello de goma’ o como cuerpo obstruccionista».

Finalmente, Mariana Prats se propone analizar la calidad democrática del país realizando un estudio sobre el sistema de partidos de su principal distrito, la provincia de Buenos Aires. Allí encuentra un «caso ateórico», dado que pese a la magnitud del distrito, a ciertas reglas electorales partidarias a la proporcionalidad y competitividad, y al sistema de representación proporcional para la elección de diputados nacionales, se esperaría una gran fragmentación del sistema de partidos, cuando en verdad la autora encuentra en la provincia un sistema de partido predominante. Pese a haber muchos partidos registrados, uno tiene el predominio cabal del distrito (el Partido Justicialista, que gobierna desde 1987) y otro (la Unión Cívica Radical) mantiene su posición como segundo partido, con una casi inexistente presencia de terceros partidos competitivos.

De este modo, los cinco artículos contribuyen a su modo –con un lenguaje accesible y un trabajo minucioso y diferenciado entre sí– con el objetivo último del libro: «Ayudar a comprender algunos aspectos que consideramos importantes de la democracia en nuestro país», según el propio compilador del libro, Martín D’Alessandro.

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