Ohio, el Nostradamus de las elecciones estadounidenses
El sistema electoral norteamericano funciona de manera indirecta: los ciudadanos no votan a su jefe de Estado sino a miembros del Colegio Electoral.
Cada estado posee un determinado número de miembros del colegio electoral en proporción a la cantidad de habitantes. Aquellos estados que más electores otorgan son California (54), Texas (40), Nueva York (28) y Florida (30), siendo determinantes en cualquier elección.
Sin embargo, tres de estos cuatro estados poseen una tendencia partidaria desde hace décadas. En manos del partido demócrata: California (desde 1992 con el triunfo presidencial de Bill Clinton) y Nueva York (desde 1988 con la victoria estatal de Michael Dukakis); bajo dominio del partido republicano, Texas (desde 1980 con el éxito de Ronald Reagan).
A pesar de la consolidación partidaria en algunos estados, existen los llamados estados pendulares, los cuales no poseen una dominación clara de un partido sobre el otro y suelen modificar las tendencias del voto, inclinándose por el partido republicano o el demócrata respectivamente.
Dentro de estos estados pendulares se encuentra el estado de Ohio, al noreste de Estados Unidos, el cual posee una característica fuera de lo común a la hora de determinar quién ocupará la sala oval.
Ohio fue el decimoséptimo estado en integrarse a Estados Unidos en el año 1803 y desde 1804 que participa en las elecciones nacionales.
- Actualmente, cuenta con una población de más de 11 millones de habitantes, lo que le otorga 17 electores en los comicios presidenciales.
La razón por la cual este estado llama la atención, es que de las 56 participaciones en elecciones nacionales de las que fue parte, en 46 ocasiones el vencedor en el estado de Ohio terminó llegando a la presidencia, es decir, un 82% de las veces.
Si se toman los datos por siglo, el porcentaje aumentó en el siglo XX y XXI con respecto al siglo XIX: durante el siglo XIX, se celebraron 24 elecciones, donde en 17 oportunidades se cumplió la tendencia mencionada, un 71% de las veces.
En el siglo XX, se celebraron 25 elecciones y en 23 ocasiones el ganador en Ohio fue el vencedor a nivel nacional (92%).
Finalmente, en el actual siglo XXI, en las siete elecciones que pasaron, en seis ocasiones se cumplió la regla (86%).
Desde las elecciones de 1896, en las que resultó electo William McKinley, hasta la actualidad, solamente en tres situaciones el ganador en Ohio no alcanzó la presidencia.
La primera excepción fue en las elecciones de 1944, cuando el estado se inclinó por Thomas Dewey del partido republicano y el ganador fue Franklin Delano Roosevelt al asumir su cuarta y última presidencia.
La segunda excepción la encontramos en el año 1960, cuando el electorado de Ohio votó mayoritariamente por Richard Nixon, quien fue derrotado por John Fitzgerald Kennedy.
La tercera excepción fue en 2020, cuando Joe Biden se impuso en las elecciones nacionales, perdiendo Ohio a manos de Donald Trump por un 8% de diferencia.
Es decir, que desde 1964 hasta 2016, Ohio votó por el candidato ganador en todas las elecciones presidenciales, acertando en 13 elecciones presidenciales consecutivas.
De esta forma surge la cuestión, ¿por qué Ohio coincide tantas veces con el partido triunfante? No existe una respuesta concreta, pero sí algunos parámetros que se pueden tomar para comprender este fenómeno.
Ohio es un estado en el cual la población estadounidense está muy bien representada: posee una distribución étnica muy similar a la de la nación en su conjunto, compuesta por blancos, latinos, negros, asiáticos y nativos americanos.
Es un estado que desde sus comienzos recibió una gran oleada migratoria de diversas regiones del mundo, lo que lo hace plural en términos demográficos.
Además, Ohio es diverso en términos de religión y refleja bien la composición religiosa de Estados Unidos en general, incliyendo el cristianismo protestante, el catolicismo y el judaísmo.
En cuanto a la economía, el estado cuenta con un fuerte sector industrial manufacturero distribuido en sus principales ciudades, como Columbus, Cleveland y Cincinnati, además de contar con un gran sector agropecuario, siendo uno de los principales productores nacionales de maíz.
La representatividad de Ohio lo convierte en una muestra ideal para cualquier encuestadora. Sin embargo, esta tendencia presenta un desafío para el futuro: el crecimiento de la población latina.
A nivel nacional, el crecimiento de los latinos es evidente en muchos estados, especialmente en el sur de Estados Unidos.
No obstante, en Ohio el aumento de latinos no es de tal proporción como en otros estados, por lo que esa representatividad cada vez será menos fiel a la realidad nacional.
Dentro de algunos años se podrá apreciar si la brújula estadounidense sigue siendo certera o si los cambios demográficos logran descalibrarla.