El futuro del trabajo

Con la nostalgia no se construye el futuro: por una recuperación de las ideas de la libertad desde la izquierda

Libertad, autonomia y trabajo: como construir un futuro laboral que supere la relacion salarial desde una perspectiva de izquierda?
Con la nostalgia no se construye el futuro: por una recuperación de las ideas de la libertad desde la izquierda
Sofía Negri 24-02-2025
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En épocas donde las ideas de libertad se manipulan para la implementación de políticas que institucionalizan la violencia y exclusión social, la respuesta no puede ser únicamente criticar esa práctica de manipulación sino proponer un programa que articule la libertad desde una mirada radicalmente de izquierda

Hacer esto no requiere más que movilizar los deseos de los trabajadores en torno a la autonomía dentro de un proyecto para el futuro del trabajo que retome los valores de la justicia social.

1 . Viva la libertad

Hace unos años escribí una nota sobre la importancia de pensar la libertad más allá de la igualdad dentro de debates sobre qué futuro queremos. Hace catorce meses que gobierna en Argentina un partido que hace de la libertad su ethos. En ese sentido, el abandono dentro del progresismo de las ideas de libertad podrían explicar en parte su fracaso electoral y su actual dificultad para volver a enamorar políticamente. Desde el amplio universo político de izquierda y centro izquierda, se puso el foco en un discurso en torno a la igualdad, olvidando que la igualdad tiene sentido si nos lleva a ser más libres.

¿A qué me refiero? Derechos laborales como vacaciones pagas, jubilación, obra social lo que hacen es generar bienestar social individual y colectivo para que las personas no se vean obligadas a trabajar 24-7 durante toda su vida. La fortaleza y popularidad del peronismo como proyecto político que otorgó y amplió los derechos laborales no deriva única y estrechamente de los derechos en sí sino de la imaginación política para pensar más allá de lo existente, para romper estructuras de explotación, para empujar los límites. 

El feminismo lo tiene más claro. Criticar y deconstruir el sistema de género que organiza nuestras sociedades implica proponer una sociedad donde las personas sean más libres para ser quienes son y llevar la vida que deseen sin tener que cumplir con las expectativas impuestas sobre ellas. Para ello, el movimiento feminista ha sabido articular diversas demandas demostrando una capacidad de adaptación que deriva de una identidad contingente. Esta forma de identidad mantiene al movimiento relevante sin despojarlo de su fundamento por la lucha contra un sistema de género explotador.

El filósofo Marcuse criticaba la definición empírica o demasiado concreta de los conceptos políticos. Decía que esto les quitaba capacidad crítica, restringiéndolos de más a instancias específicas. Entre los conceptos que mencionaba, se encontraban la igualdad, la libertad y la democracia. Decía que la sobre-definición volvía a estos conceptos inmunes a la contradicción. Pero más aún, Marcuse identificaba en este fenómeno una consecuencia política. Para demostrar su punto analizaba investigación sobre reclamos de trabajadores en fábricas. El autor decía que los investigadores, al presentar los reclamos de los trabajadores en términos concretos, por ejemplo sobre el estado de higiene de los baños o problemas financieros específicos, transformaban reclamos en cuestiones triviales y así les quitaban el potencial crítico que poseían para movilizar una lucha más profunda en contra de las condiciones de alienación dentro del espacio de trabajo. 

Su argumento es que el enfoque empírico en torno a conceptos políticos obstruye su potencial uso para la lucha. En ese sentido, dar la batalla política a partir de un repaso concreto de los derechos que cierto espacio político quiere eliminar o a partir de un análisis de cada una de las falacias en las que sus propuestas se basan no solamente es inútil sino que además obtura la discusión profunda

Si la discusión ha sido planteada en términos de libertad, démosla. Discutamos la libertad desde una mirada de izquierda, donde estuvo siempre latente. 

Al trabajador no le interesaba la jornada de 8 horas por ley porque todos fuesen a tener la misma carga horaria sino porque le permitía tener más tiempo fuera del espacio de trabajo y mayor certidumbre sobre su vida cotidiana. La tarea entonces es construir un imaginario social de libertad con base en la justicia social, pero con elementos utópicos que vuelvan a entusiasmar. 

La política de izquierda tiene que recuperar su capacidad imaginativa, su voluntad disruptiva, su desapego de las normas. 

Los análisis sobre cómo las propuestas e ideas del gobierno de Milei son implausibles, catastróficas o puras falacias son necesarios pero no construyen imaginarios alternativos que enamoren. Está bien querer ser realistas y desarrollar propuestas pragmáticas, pero para transformar la realidad y entusiasmar es necesario despegar del suelo los zapatos (Shakira dixit). Uno de los espacios centrales donde es urgente hacer esto es en la política laboral.

"Los análisis sobre cómo las propuestas e ideas del gobierno de Milei son implausibles, catastróficas o puras falacias son necesarios, pero no construyen imaginarios alternativos que enamoren", sostiene Negri. 

2 . Bye paradigma de la relación salarial

Hace unos meses salió un documental protagonizado por Ofelia Fernández que a través de entrevistas a trabajadores en ocupaciones que no encajan completamente con las características de una relación laboral salarial típica planteaba una crítica al discurso político del progresismo en Argentina. 

Aparecían un cartonero, un repartidor de plataforma, una influencer, una emprendedora de manicura independiente, una profe de danza con diversas categorías ocupacionales, una mesera y como representante plena de la relación salarial típica, una obrera industrial. El documental es muy claro en señalar que el discurso de "vienen por tus derechos" le habla y resuena con un porcentaje chiquito de la población argentina y por lo tanto no es estratégico. 

Pero hace otra cosa muy bien: escucha. 

Ofelia pregunta y escucha y muestra empatía por lo que le dicen las y los trabajadores, sin juzgar y adaptándose a lo que le comentan. Ese ejercicio también lo ha perdido el progresismo argentino, la voluntad de representar para liderar no desde la vanguardia sino desde la escucha y la articulación política de la realidad cotidiana y los deseos de los trabajadores. 

En mi propio campo de investigación aparece regularmente el análisis sobre cómo los repartidores de plataformas son sujetos neoliberales que han comprado el discurso del emprendedorismo y cómo esta supuesta incorporación acrítica es la que los lleva a enarbolar una ideología individualista. Es esta ideología neoliberal (incluso entendida en términos marxistas como falsa consciencia), y no las actuales condiciones que se viven en los poquísimos trabajos en relación de dependencia que existen en el país, la que los ha llevado a no apoyar propuestas que buscan regular el trabajo en plataformas para volverlo una relación salarial de dependencia.

No discuto que las características de la forma de trabajo en plataformas efectivamente muestran una relación de subordinación mediante la cual un empleador impone las condiciones de trabajo y decide unilateralmente el pago por el mismo. Lo que cuestiono es que en el afán por criticar el discurso empresarial y demostrar cómo el modelo de "sé tu propio jefe" es en realidad una mentira, se pierdan también de vista los deseos de las y los trabajadores. 

Debería ser posible cuestionar el discurso de las empresas de plataformas en un plano e incorporar las percepciones de los trabajadores en el otro. Esto además permitiría diseñar un programa político que represente los reales sentimientos y experiencias de los trabajadores, en vez de volver por default a un paradigma de relación salarial que no los convoca. 

En los testimonios de trabajadores en roles "atípicos" como los llama la OIT, a pesar de que en muchos países representan a la gran mayoría de la población económicamente activa, hay un elemento común: la búsqueda de autonomía. 

Utilizando el caso de repartidores de plataformas como ejemplo, esta reivindicación está condicionada por la valoración que los mismos tienen de la flexibilidad horaria, tanto por las posibilidades que abre en términos de reducción del tiempo de trabajo como por el poder de decidir cuándo trabajar, aunque estén constreñidas a través de la gestión algorítmica. Los sindicatos han puesto el foco en esta restricción de la capacidad de decisión para denunciar el uso que hacen las empresas de un discurso de trabajo flexible como excusa para violar los derechos de los trabajadores dentro del marco legislativo vigente. Sin embargo, en lugar de centrarse únicamente en cómo el capital implementa esta estrategia de explotación, una alternativa podría ser exigir a las empresas que respeten la autonomía y flexibilidad que tanto anuncian. 

Es en esa movilización del deseo de autonomía de los trabajadores que la lucha de las organizaciones puede volverse realmente transformadora.

"Ofelia pregunta y escucha, mostrando empatía por lo que le dicen las y los trabajadores, sin juzgar y adaptándose a lo que le comentan", opina Sofía Negri sobre el documental Cómo ganar plata.

3 . Autonomía

Para incorporar la idea de autonomía en un proyecto político es necesario primero analizarla críticamente. 

Si bien las organizaciones deben escuchar las demandas de los trabajadores, esto no significa que no deban ser examinadas. 

Por un lado, se busca enfatizar la autodeterminación de las y los trabajadores y el desarrollar una práctica política que surja de la centralización de su deseo y no desde el foco en su sufrimiento

Por otro lado, interrogar las condiciones en las que surge este deseo permite entenderlo en un contexto de fragmentación del mercado laboral y así también criticar cómo las empresas utilizan la idea de autonomía para generar consenso entre los trabajadores y operar, por ejemplo, sin realizar contribuciones a la seguridad social. No examinar críticamente estas condiciones estructurales puede conducir a proyectos políticos de ideología libertaria donde la autonomía se operacionaliza como un valor individualista ligado a ideas de meritocracia, que oculta desigualdades estructurales. 

Volvemos entonces a lo mismo: construir un proyecto político de la libertad que centre la justicia social.

Por lo tanto, la tarea política consiste en sintetizar los valores anti establishment que los trabajadores desarrollan a partir de una experiencia del mercado de trabajo y marcos regulatorios que quitan mucho pero que en el día a día dan poco y movilizar estos sentimientos en una lucha radical. Las nuevas formas de trabajo ya están acá y los trabajadores han sido claros en decirnos por qué los eligen y qué es lo que aprecian de ellos. 

Sólo el 21% de las y los trabajadores en Argentina son empleados asalariados con descuento jubilatorio. 

El desafío político, entonces, no es retroceder en el tiempo sino imaginar un futuro y pensar cómo se puede hacer para que los trabajos ya existentes sean buenos trabajos redefiniendo por completo lo que entendemos por bueno.

Análisis y propuestas que buscan pensar más allá de lo existente están cada vez más presentes en la literatura local, como este análisis económico que evalúa cómo es posible regular el trabajo en plataformas, en parte cuestionando los márgenes de ganancia de las empresas. O este estatuto específico para trabajadores de plataformas que concilia viejos y nuevos derechos, incluyendo el poder de decisión de los trabajadores sobre los tiempos de trabajo. 

Tal vez estas nuevas propuestas pueden ser el puntapié inicial para comenzar a construir un nuevo paradigma laboral, mediante una articulación de las ideas de autonomía que nos permitan cuestionar la relación de subordinación que se encuentra en la base del paradigma salarial. Y como alternativa desarrollar un modelo que no esté centrado en ideas de emprendedorismo y valores individuales sino en la independencia del trabajador. 

Esto sería dar un paso adelante en la construcción de nuevas utopías de izquierda y avanzar hacia una autonomía real del trabajo respecto del capital.

"Las nuevas formas de trabajo ya están acá y los trabajadores han sido claros en decirnos por qué los eligen y qué es lo que aprecian de ellos. El desafío político no es retroceder en el tiempo, sino imaginar un futuro donde estos trabajos sean realmente buenos trabajos", concluye Negri.