El Gobierno mantiene una estrategia defensiva
Un gobierno con apoyo popular suele obtener alrededor de 42% de los votos en las elecciones legislativas de medio término. Cambiemos en 2017 es el ejemplo más cercano. Pero el actual gobierno, según muestran distintas encuestas, no tiene en esta instancia el respaldo que tuvieron sus antecesores que lograron ese porcentaje. Teniendo en cuenta los antecedentes, aunque por cierto no es el único criterio válido, LLA no debería llegar al 40%.
Tampoco lo favorecen los resultados de las elecciones provinciales más cercanas, porque perdió en todas con la excepción de las realizadas en la CABA. De acuerdo a los sondeos, LLA cosecharía en torno al 33% de los votos en las tres provincias con mayor padrón - Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe- que reúnen el 54% del electorado y solo lograría alrededor del 50% en los distritos que le siguen: la CABA y Mendoza.
En ese contexto, el Gobierno procura instalar que si obtiene el 35% de los votos a nivel nacional, reduce la diferencia en Buenos Aires y aumenta considerablemente el número de legisladores, lo que se descuenta que ocurrirá, debe considerarse un triunfo.
El mercado está atento a que pueda ocurrir un hecho inesperado como sería tanto un triunfo como una derrota electoral del oficialismo por porcentajes mucho mayores a los que se están anticipado. Si los resultados están dentro de lo previsible, poco importa un punto más o menos o un legislador más o menos.
Lo determinante será si el Gobierno decide avanzar en la búsqueda de acuerdos con otros sectores como los que le permitieron aprobar la Ley Bases. Eso es lo que se espera en los sectores productivos tal cual se manifestó en el reciente Coloquio de IDEA, porque las reformas que se reclaman exigen mayorías parlamentarias.
Pero por ahora, el discurso del oficialismo va por otro carril. Su objetivo sería tener 85 diputados y los 23 senadores, que representarían un tercio de cada cámara que le permitirían al Poder Ejecutivo sostener sus observaciones a los proyectos aprobados por el Congreso.
El oficialismo diseña de esta manera una estrategia defensiva concentrada en frenar las iniciativas del Congreso y recurrir al mismo tiempo a los DNU. No pareciera estar priorizando la construcción de mayorías parlamentarias sobre la base del diálogo que le permitan avanzar con su agenda. Los resultados del 26 de octubre determinarán la viabilidad de esa estrategia.