El tecno-populismo criollo
Javier Milei es un enigma político: en Davos 2024 llevó al extremo el libertarismo económico y "anticasta"; en enero 2025, en el mismo foro, superó cualquier discurso nativista (hiperconservador); en febrero la estafa de la $LIBRA lo descubrió como un tecno-corrupto; marzo trajo la represión clásica - autoritaria- de la protesta social. Contra viento y marea, conserva amplio apoyo popular: ¿se debe a su estrategia comunicacional? Pongámosle un marco.
En algo Francis Fukuyama estaba en lo cierto. En 1989, con el muro de Berlín cayeron también los grandes relatos. La democracia liberal se impuso y dio paso a dos décadas de planificación tecnocrática. Bastaba con gestionar bien. No funcionó. El populismo fue una reacción a eso, una demanda de devolver al pueblo el poder "usurpado" por las élites de Bruselas y "amenazado" por la migración.
Como síntesis, surgió en Italia el tecno-populismo del movimiento 5 Estrellas (M5S), liderado por el comediante Beppe Grillo y el diseñador web Gianroberto Casaleggio; un movimiento vertical, anti status quo y débil ideológicamente, que implementó la toma de decisiones directas online por los afiliados. Síntesis de la secuencia: tecnocracia (generalizada), respuesta populista (localizada pero extendida), reacción tecno-populista (hiperlocalizada y efímera). ¿Es este el lugar y destino de Milei?
Verdades de Perogrullo: Europa no es América Latina. En Argentina no hubo nunca un momento tecnocrático al que siguiera otro de reacción populista. Gobiernos como el de Mauricio Macri parecen estar más cerca de lo primero y los de los Kirchner de lo segundo, pero tienen en común, con todos los proyectos políticos del período post-transición, el no haber resuelto sino agravado los problemas estructurales del país.
A pesar de esto y por encima de las diferencias de contexto se ha instalado que unos "ingenieros", como Casaleggio en Italia, Steve Bannon y Elon Musk en Estados Unidos o "nuestro" Santiago Caputo en Argentina, imponen líderes a base de activar la máquina generadora de caos y desinformación. Las hordas de bots y trolls dirigidas por Caputo parecerían demostrarlo. Sin embargo, existencia no prueba eficacia. Es indiscutible que hay campañas de desinformación y esto tiene efectos, pero nada indica que sean lineales y masivos, que como una aguja hipodérmica las audiencias inertes respondan con las conductas esperadas. En Argentina, mucho más claro es el rechazo activo a una clase política deslegitimada.
Milei combina libertarianismo con una agenda atrapa-todo-a-la-derecha del espectro político. En su estrategia comunicacional hay que matizar las novedades: las plataformas son en cierto sentido nuevas pero las prácticas no. Su estrategia es de confrontación y movilización, no de participación. Igual que Grillo (cuyo poderío tuvo poco vuelo), no admite el debate con la oposición, los medios o la sociedad civil, no lo admite ni siquiera con los suyos ("la guillotina" y las purgas son parte del paisaje de La Libertad Avanza).
Cree tener la verdad del economista y se atribuye también la verdad del pueblo. Pero lo que lo catapultó al gobierno fue la mala gestión previa y la desesperación ante la certidumbre inflacionaria. Lo que lo sostiene es el aval a la precaria estabilidad conseguida y una oposición fragmentada, confundida e incapaz de generar alternativas viables.
¿Es posible que Milei derive en un liderazgo más autoritario o está condenado a la volatilidad? Los liderazgos que apuestan por restablecer una autoridad agonizante con prácticas iliberales enfrentan dos escenarios. Si su único apoyo es el popular, el sistema permanece abierto. Si se cierra a base de cooptación institucional y aumento de la presencia de las fuerzas de seguridad en el gobierno (Nicaragua, Venezuela) la categoría a utilizar pasa a ser la clásica: dictadura. En Argentina todo parece cambiar cada día y poco cambia a lo largo del tiempo. El bizarro tecnopopulismo libertario criollo de Milei no es la excepción: su destino parece estar atado a la misma volatilidad que lo llevó al poder.