Es la economía, Argentina
Con el resultado de la elección en la CABA, el oficialismo logró sumar su segunda victoria en los últimos 60 días. La primera, fue la salida parcial del cepo y la eliminación gradual de las restricciones cambiarias, con un dólar fluctuando por debajo del techo de la banda de los $1.400; logrando obtener como resultado una inflación minorista para el mes de abril de 2,8 %. Controlada e incluso menor a la esperada por la mayoría de las consultoras.
Esta secuencia de hitos —económico primero, político después— refuerza la hipótesis de que el gobierno capitaliza los efectos inmediatos de estabilización monetaria como respaldo electoral. La baja inflación, junto con el control del tipo de cambio, funcionó como plataforma para reposicionar al oficialismo en un distrito donde no contaba con estructuras locales robustas.
La victoria de Manuel Adorni en la Ciudad puede leerse así no sólo como un avance territorial, sino como una validación plebiscitaria del rumbo económico.
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, La Libertad Avanza(LLA) se impuso con el 30,1% de los votos, superando por 2,8 puntos a Es Ahora Buenos Aires (27,3%), liderado por Leandro Santoro. Esta diferencia le permitió al oficialismo capitalino quedarse con 11 de las 30 bancas en juego. El tercer lugar fue para Buenos Aires Primero (PRO) con 15,9%, seguido por Volvamos Buenos Aires (Larreta - 8,1%) y el Frente de Izquierda (3,2%).
La estabilización cambiaria y la disminución de las presiones inflacionarias se lograron luego de los desembolsos del Fondo Monetario Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo, Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, Banco Mundial y la refinanciación del swap por parte del Banco Popular de China.
En este marco, el resultado electoral en la CABA fue leído en los mercados como una señal de continuidad y gobernabilidad. La ratificación del rumbo por parte del electorado porteño coincidió con una baja del riesgo país a niveles previos a 2020, lo que permite a la administración nacional planificar con menor presión financiera de corto plazo. Las elecciones no sólo definen representación legislativa: también inciden en las expectativas y marcan el pulso de la viabilidad política de los planes económicos.
En el transcurso del año, las nuevas financiaciones internacionales y recursos líquidos disponibles alcanzarán los US$ 28.000 millones. Este monto permitirá, junto con una óptima liquidación de la cosecha del sector agropecuario, lograr que las reservas brutas puedan superar los US$ 40.000 millones. Recordemos que la primera semana de abril, días previos al anunció de la tercera fase del programa del Ministerio de Economía, las mismas se encontraban en torno a los US$ 24.000 millones.
El saneamiento del balance del Banco Central y el levantamiento parcial del cepo mejoró también las expectativas del mercado y los inversores, sobre la viabilidad y consistencia del plan económico impulsado por el presidente Javier Milei.
Por ejemplo, el índice bursátil S&P Merval tuvo un crecimiento mensual del 8 %, pese a la volatilidad transcurrida en los mercados internacionales luego del "Liberation Day" anunciado por Donald Trump. Allí cotizan las empresas de hidrocarburos y energéticas; bienes de consumo; y servicios financieros más importantes de la Argentina.
Dentro del espectro macroeconómico, otro punto nodal ha sido la baja del riesgo país, que mejoró la performance de la renta fija. Entre ellos, la cotización de los bonos globales- GD/ ley Nueva York- y bonares- AL/ ley Argentina- donde la mayoría de los GD y AL subieron de precio el último mes.
Cabe mencionar que la calificadora de riesgo internacional Fitch Ratings, anunció el pasado lunes 13 de mayo, la mejora en la nota de deuda soberana de largo plazo de Argentina pasando de CCC a CCC +. También, los principales fondos de inversiones esperan una recategorización del país a emergentelo cual aceleraría el ingreso de capitales y una mayor integración global.
En términos políticos, estos logros técnicos —baja inflación, recomposición de reservas, mejora de indicadores de riesgo— son utilizados por el oficialismo como narrativa legitimadora ante el electorado urbano.
La elección en la CABA funcionó como un test político sobre los costos sociales de la política económica. El resultado indica que, en determinados segmentos socioeconómicos y territorios, la ciudadanía prioriza la estabilidad y las señales de orden por sobre el deterioro del poder adquisitivo o el ajuste fiscal.
En clave política, la victoria de LLA no sólo fue simbólica por tratarse de un bastión histórico del PRO, sino que también representó un cambio de ciclo: en 2021, el PRO había ganado en 14 de las 15 comunas, mientras que en esta elección no se impuso en ninguna.
LLA ganó en 9 comunas, destacándose con performances del 38% en la Comuna 2 y superiores al 34% en las comunas 13 y 14, todas de alto perfil socioeconómico. Sin embargo, el panorama a nivel microeconómico presenta mayores desafíos. Por un lado, el dólar relativamente accesible para los sectores de clase media con empleo formal ha incentivado un aumento en los viajes al exterior, especialmente hacia Brasil, alcanzando niveles récord.
La apreciación cambiaria genera efectos colaterales en la economía interna: el fortalecimiento del peso frente al dólar y a otras monedas regionales —particularmente el real brasileño— favorece el turismo emisivo y el consumo en el extranjero.
Esto impacta negativamente en la demanda de bienes y servicios locales, reduciendo las reservas hoteleras en destinos nacionales y afectando el dinamismo del mercado interno, con consecuencias sobre el empleo y la producción.
En 2024, según la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, se perdieron más de 180.000 puestos de trabajo, dentro de los cuales 119.000 corresponden a empleados registrados formales; 51.000 a empleados públicos; y 15.000 personal de casas particulares. A su vez, se registra un crecimiento de los trabajadores autónomos y monotributistas.
Esta dinámica también se refleja en los resultados comunales de CABA: las comunas con menor participación electoral fueron las del sur (1, 3 y 8), donde Es Ahora Buenos Aires(PJ) obtuvo mejores resultados, mientras que LLA se impuso con claridad en las comunas 11, 12 y 6, que superaron el 60% de participación.
El corte territorial de los resultados muestra un patrón de segmentación socioeconómica que podría profundizarse en las elecciones de Provincia de Buenos Airesen septiembre.
El gobierno deberá prestar atención a esta geografía del voto. Si bien la victoria en la CABA fortalece la narrativa oficialista, las comunas del sur —más golpeadas por las medidas económicas de ajuste— mostraron señales de resistencia. La construcción de consensos futuros requerirá tender puentes entre el orden macro y la contención social. Una macroeconomía robusta sin sostenibilidad territorial y social puede convertirse en un factor de inestabilidad política.
Con la aceleración del proceso de reducción del arancel externo común para ciertos bienes intermedios y de consumo, el gobierno dependerá del sector agropecuario, hidrocarburífero, minero, energético y de los servicios para generar las fuentes de trabajo que se vayan perdiendo; en particular de la industria manufacturera.
Pese a este contexto desafiante en términos de empleo y producción industrial, algunos indicadores de corto plazo sugieren una tenue reactivación en sectores vinculados al consumo. Según la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara) los patentamientos de autos crecieron un 25% interanual en abril, alcanzando las 39.000 unidades, lo cual refleja cierta recuperación del mercado interno.
A su vez, como informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos- INDEC-, la venta de electrodomésticos aumentó casi un 150% en el último cuatrimestre de 2024, con fuerte impulso en las grandes cadenas comerciales y productos de línea blanca, motorizado por el acceso al crédito y una baja transitoria de precios en cuotas.
Desde el plano productivo, la eliminación de las retenciones a las exportaciones industriales anunciada recientemente por la Secretaría de Industria y Comercio del Ministerio de Economía -decreto 305/25- representa una señal que podría contribuir a recomponer márgenes y mejorar la competitividad externa de sectores clave.
Este tipo de medidas, aunque bien recibidas por los actores del entramado exportador, no compensan automáticamente la pérdida de empleo en los sectores intensivos en mano de obra. Si el sendero electoral confirma una mayoría oficialista en distritos clave, el gobierno tendrá mayores márgenes para sostener el equilibrio entre disciplina fiscal y herramientas de estímulo productivo. De lo contrario, la presión legislativa y territorial podría forzar revisiones en la hoja de ruta económica.
En definitiva, el escenario actual combina una macroeconomía en proceso de estabilización, con señales heterogéneas en el consumo y una estructura productiva que aún enfrenta desafíos. La sostenibilidad de esta dinámica dependerá de la evolución de las variables fiscales, cambiarias y del crédito, así como de la capacidad de implementar medidas que fortalezcan la competitividad, el empleo y la inversión en el mediano plazo.
Lo que está en juego, entonces, no es sólo un programa económico, sino su capacidad de sostenerse con validación política. La elección en CABA aportó una cuota de oxígeno institucional al oficialismo, pero también delineó los límites del consenso social disponible. Cómo se traduzcan estos apoyos en las provincias, y si logran acompañar al plan económico con gobernabilidad extendida, será clave para proyectar estabilidad más allá del corto plazo.