Opinión

La discusión con el Congreso y la posible deriva autoritaria

Por qué el modelo libertario contradice los principios del liberalismo y pone en riesgo la institucionalidad democrática.
El populismo libertario afecta a la república, por ende a la libertad. we
Nicolás Cereijo 15-07-2025
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En medio de la discusión política, preocupa la visión populista que tiene el gobierno. Se busca imponer una lógica de funcionamiento basada en apoyos y no en roles institucionales. Concentrar el poder en el Ejecutivo es un camino hacia el autoritarismo. Esto lo percibo con preocupación y, por eso, en las líneas que siguen intentaré explicarlo de manera argumentativa.

El liberalismo surge en la historia con la modernidad, es decir, el momento en que el individuo y la razón pasaron a ser el centro de atención y acción.

Anteriormente, los esquemas sociales se organizaban en estamentos y la noción de individuo-ciudadano no existía como la entendimos a partir de la modernidad.

Uno de los argumentos fundamentales del liberalismo fue luchar contra la concentración del poder, cuyo caso por excelencia eran los absolutismos monárquicos. Allí, el rey tenía participación en todas las decisiones públicas.

Para ocupar ese lugar, autores como Jean Bodino otorgaban a la ley divina como fuente de soberanía, siendo el monarca su único intérprete en la tierra. Como contrapartida, el liberalismo inglés de Locke y luego el francés de la Revolución marcaron un antes y un después en dos aspectos. Primero, la igualdad ante la ley y segundo, en términos de representación, que la soberanía pasa a ser del pueblo.

Montesquieu, inspirado en la monarquía constitucional inglesa del siglo XVIII, escribe sobre la división de poderes, esquema republicano que inspira a los federalistas norteamericanos a pensar en su Constitución el sistema de frenos y contrapesos.

Al instalarse la forma de gobierno presidencialista en territorio americano, autores como Thomas Jefferson y James Madison estaban preocupados por la posible aparición de un tirano. Por eso adoptan todos los controles necesarios para que esto no ocurra.

A su vez, este modelo inspiró al constitucionalismo latinoamericano en tiempos de independencia y necesidad de pensar formas de gobiernos autónomas. El liberalismo fue un protagonista clave en comprender la división política de los poderes públicos, siempre respetando los derechos individuales a partir de un Estado de Derecho que garantizara la vigencia de la Constitución.

Por tanto, el liberalismo es, por sobre todas las cosas, el respeto irrestricto de la división de poderes y de los derechos individuales. Las democracias institucionalizadas son simplemente las que entienden este rol y lo respetan.

En América Latina, a la par de la constitución de los Estados, heredamos de nuestro pasado colonial el liderazgo caudillista. Éste, que pondera atributos personales y carismáticos sobre las normas, construye poder en su nombre.

Las referencias personales y no institucionales son un ejemplo. Seguir a un líder a cualquier precio da forma a las construcciones populistas del poder, que basan el poder en los gustos de un líder (que muchas veces persigue causas nobles como la justicia social), pero que no le importan las formas. Se hace o se hace, y si es necesario, se modifican las reglas del juego.

Esta tensión con el populismo estuvo presente bajo un principio liberal como es la soberanía popular. La discusión no es su aceptación, sino la forma de implementación. Cuando un gobernante habla por el pueblo y dice ser el pueblo, está muy cerca del team populista.

De esta manera, estoy en condiciones de afirmar y sostener que el pensamiento libertario está en las antípodas del pensamiento liberal. Confunden, en su defensa de principios económicos, la defensa irrestricta del derecho a la propiedad privada.

Pero con esto claramente no alcanza para ser liberal, dado que desconoce toda su dimensión jurídica y política. La destrucción del Estado significa anarquía, algo que el liberalismo luchó siempre por evitar. Tanto la anarquía como la tiranía son los principales enemigos del liberalismo.

Estamos en presencia de un gobierno libertario (no liberal), curiosamente con la reivindicación de valores anteriores a la modernidad (ultraconservador) y con una lógica populista de construcción del poder. Como pueden ver, todo lo que el liberalismo NO es.

En estos días presenciamos un debate público que me preocupa mucho. Un gobierno nacional que no cuenta con cuadros políticos e intelectuales de referencia, sino fanáticos que hablan desde un revanchismo.

Sus referentes o son tuiteros (sin formación académica) que actúan como lúmpenes, o personas sin relevancia intelectual que, bajo su lógica populista, llevan adelante un debate con bajo rigor intelectual.

Instalan la lógica populista y autoritaria de que, si no se hace lo que el presidente dice, está mal. Y no solo está mal, sino que se lo tiene que derribar.

La ministra Bullrich se muestra como una talibana insultando a la vicepresidente. Un aparato que monta legitimidad a partir de datos falsos, sin sustento empírico. Una campaña en redes sociales que llamaba a sacar los tanques a la calle y cerrar el Congreso (situación que a ningún liberal se le ocurriera ni en chiste).

Con lo cual, lo que busco, querido lector, es explicarle, con fundamentos, no solo por qué este gobierno NO es liberal, sino que se basa en una lógica populista con una posible deriva autoritaria.

El amedrentamiento contra el Congreso forma parte de esta peligrosa lógica discursiva. En un presidencialismo, el presidente y el Congreso cuentan ambos con una legitimidad original que es el voto del pueblo. Y, por ende, cada uno debe respetarse.

Los autoritarismos suelen darse cuando un mandatario decide desconocer o cerrar el Congreso. A su vez, el uso indiscriminado de los vetos o el destrato hacia el rol institucional de los parlamentarios también alienta a salidas autoritarias. Los relatos mágicos de buenos y malos, también.

Por último, me preocupa cierta liviandad del debate público y de medios de comunicación que, dando minutos al aire a personalidades que banalizan el discurso, alimentan una sociedad que se muestra en mayor medida poco dispuesta a debatir y busca más bien soluciones rápidas, sin registrar su procedencia.

Querido amigo, creo haber argumentado no solo por qué el modelo libertario no es liberal, sino que, en nombre de la "libertad", ejecuta un modelo populista con una posible deriva autoritaria.