Nuevos jugadores, nuevas reglas
Bajo el concepto de "Buenos Aires primero", el jefe de Gobierno de la Ciudad anunciaba que el distrito se adelantará y renovará a la mitad de sus representantes locales antes que la elección de cargos nacionales. Decidieron comunicarlo nada menos que en la semana entre navidad y año nuevo, preparados para ser objeto de críticas, tanto del peronismo como de Casa Rosada.
Es objetivo es claro, no perder poder en la Legislatura en una elección nacional donde posiblemente el PRO tendrá que competir con La Libertad Avanza y en la que la agenda porteña quedaría en segundo plano. En este contexto, el "voto útil" para esa porción de porteños que acompaña el rumbo del Gobierno, o que su principal deseo es que no vuelva el peronismo, sería para respaldar al oficialismo.
La decisión de enviar a votación la suspensión de las PASO matiza el gasto extra que supondrá para las arcas de la Ciudad el desdoblamiento. Esto no eximió al oficialismo porteño de las críticas de opositores y aliados, donde se destacó la operación de Karina Milei, decidida a horadar la legitimidad del jefe de Gobierno.
Es incierto el efecto que produciría la ausencia de primarias obligatorias en los incentivos de los actores y el resultado final. El desdoblamiento ayuda a delimitar las dudas en este contexto, dado que se favorece la posibilidad de que representantes de La Libertad Avanza se sumen al Gobierno subnacional, adelantándose a la decisión estratégica final sobre el futuro de la -casi-coalición de Gobierno.
A pesar de la cruzada de Karina contra Jorge Macri, la jugada de este último es fundamental para asegurar su mayoría variable. El oficialismo porteño ahora funciona como un péndulo político, apoyándose en dos mayorías cambiantes sobre la base de su minoría parlamentaria de 20 legisladores (contando aliados constantes) sobre el total de 60.
De un lado del péndulo tiene a los libertarios, que tampoco están exentos de internas, pero que programáticamente apoyan iniciativas de desregulación y achicamiento de la injerencia estatal, mientras que para iniciativas más progresistas tiene al bloque radical y al PS con los que queda a dos ediles de la mayoría absoluta.
La posible eliminación de las PASO, teóricamente, generaría un incentivo para el ordenamiento de la oferta electoral en base a afinidades ideológicas y al flamante clivaje en relación a la posición frente al Gobierno nacional.
Este nuevo elemento de división afecta fundamentalmente a la Ciudad de Buenos Aires, cuna del PRO y de la Libertad Avanza, dos espacios centrales para la próxima elección. LLA tiene todo para ganar, pero necesita legitimarse en uno de los distritos más importantes del país y demostrar que, aún con el desdoblamiento, tiene potencial para destronar al PRO en todos los niveles.
El partido amarillo, por su parte, necesita retener su poder para conformar mayorías legislativas y no permitir que el oficialismo nacional aumente su influencia en la política porteña. Si el desenlace de las elecciones legislativas locales deja a los ediles que responden a Karina como únicos garantes de la gobernabilidad, las expectativas de que Jorge Macri pueda retener su oficina en Uspallata bajarán considerablemente.
Sin embargo, y para consuelo del jefe de Gobierno, LLA no está libre de conflictos internos. Luego de que Karina decidiese sacarle la jefatura de bloque a Ramiro Marra, se abrió una división innecesaria pero útil para Macri. Allí hay un germen para dividir al oficialismo nacional, retener la mayoría y eventualmente conformar una coalición de gobierno local con la nueva generación de la política porteña.