Productos argentinos con pasaporte Europeo
Tras décadas de negociaciones intermitentes, el Acuerdo Mercosur-Unión Europea se encuentra en un punto crucial. Aunque los avances han sido lentos y plagados de desafíos, en los últimos diez años las discusiones han retomado fuerza, alcanzando un hito significativo a mediados de 2019. Hoy, el acuerdo enfrenta su momento decisivo: es ahora o nunca.
Para contextualizar, este acuerdo de libre comercio vincularía a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay con los 27 países de la Unión Europea, facilitando el intercambio comercial mediante la reducción de barreras arancelarias, derechos de importación, burocracia administrativa y la simplificación de regulaciones y estándares de calidad sobre el 90% del comercio interbloque.
Sin embargo, aunque desde Sudamérica el apoyo parece consolidado, en el Viejo Continente las discusiones aún generan incertidumbre sobre la firma del acuerdo. El sector agrícola de países como Francia, Bélgica y Austria, entre otros, rechaza el tratado por la ausencia de cláusulas espejo. Esto implica que los productos del Mercosur que ingresen al mercado europeo deberían cumplir con las mismas normas medioambientales, sanitarias y de bienestar animal que se exigen a los productores locales. ¿Es esto posible para nuestros países?
Inicialmente, se esperaba que el acuerdo se firmara en el G20 de Brasil. No obstante, el cambio de administración en la Comisión Europea, sumado a las recientes protestas en Bruselas, postergó una posible firma hasta comienzos de diciembre. ¿Es posible que la Unión Europea alcance un acuerdo antes de fin de año? Aunque no será fácil, la respuesta es sí.
Según los tratados de la Unión Europea, la competencia en materia comercial es exclusiva de la Unión en primera instancia. Esto significa que el voto para alcanzar el acuerdo político requiere una mayoría calificada y no unanimidad. En términos prácticos, se necesita el apoyo del 55% de los países miembros (15 de 27) que representen al menos el 65% de la población europea. Existe la posibilidad de un veto, que podría darse si al menos cuatro países, que representen el 35% de la población de la Unión Europea, se opusieran. Sin embargo, este escenario parece poco probable en el contexto actual.
Esta alianza comercial abriría nuevas oportunidades para las industrias argentinas, especialmente las pymes, al permitirles integrarse en las cadenas de valor europeas y diversificar la exportación de bienes y servicios más allá de las materias primas. No obstante, el mercado europeo exige altos estándares de calidad en todos los productos que ingresan a la Unión para garantizar una competencia justa. ¿Qué tan preparado está el mercado argentino para enfrentar este desafío?
La producción argentina es diversa y altamente competitiva. En números, el sector agropecuario exporta aproximadamente 45 mil millones de dólares, destacando productos como maíz, soja y sus derivados, carne vacuna y maní. Los principales destinos de exportación son China, Brasil, Estados Unidos, la Unión Europea, Israel y el sudeste asiático.
Durante los últimos años, China comenzó a tener un peso significativo en nuestras exportaciones, al punto de que Argentina y el Mercosur en general se han vuelto "chino-dependientes". Ante este panorama, el pacto Mercosur-Unión Europea es un paso clave para diversificar exportaciones e insertar los productos agropecuarios de calidad en un mercado de 450 millones de consumidores. ¿Estamos preparados para enfrentar este desafío? Definitivamente, sí.
Desde hace más de veinte años, el productor argentino ha desarrollado una forma de producir distinta a la del resto de los países, con una capa de sustentabilidad admirable: incorpora rotación de cultivos, siembra directa y tecnología de agricultura de precisión. Estas prácticas permiten usar menos agroquímicos, fertilizar más los suelos y cuidar su materia orgánica. Es partícipe y fiel defensor del eslogan "producir más con menos".
Ahora bien, la trazabilidad de alimentos es un requerimiento clave del consumidor europeo y del mercado en general. Esta "barrera para-arancelaria", lejos de ser un obstáculo, puede ser una oportunidad. Argentina tiene la capacidad de escalar su desarrollo tecnológico para demostrar, medir, verificar y certificar sus prácticas. Por ejemplo, podría garantizar que un consumidor europeo sepa, al escanear un código QR en un supermercado, que la carne que está comprando proviene de un animal criado a pasto y en condiciones sanitarias óptimas.
En un mundo hiperconectado, donde las cadenas globales de valor desempeñan un rol fundamental en las producciones de cada país, una potencia agrícola-ganadera como la Argentina se beneficiaría al impulsar su sector agroindustrial en el mercado europeo. Nuestra carne bovina, vitivinicultura, aceites, cítricos y miel, productos de alta calidad y reconocimiento mundial, están más que listos para consolidar a la Argentina como un proveedor confiable de alimentos y productos agrícolas.
Sin embargo, incluso si el acuerdo se ratificara a fin de año, aún quedaría pendiente su aprobación por parte del Parlamento Europeo. Tras las elecciones de junio pasado, este podría convertirse en un escenario de alianzas inusuales entre conservadores de derecha y socialistas verdes, lo que añade complejidad al proceso. Y si esto ya parece un reto significativo, debemos considerar también la aprobación necesaria de los cuatro congresos nacionales del Mercosur y los 27 parlamentos nacionales de la Unión Europea.
El camino es largo, pero si recordamos que llevamos más de dos décadas intentando afianzar nuestras relaciones con el viejo continente, lo que queda por recorrer es apenas el tramo final.
Enzo Caldora - Consultor en Atlantic Consulting, Bruselas
Ivana Vidal - Politóloga y miembro de la Sociedad Rural Argentina