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Recuperar Malvinas: el libro que narra el camino de construcción y manipulación política de la causa malvinera

Alejo Ramos Padilla recorre las disputas por los significados de la guerra y su tardía inclusión en el campo de los derechos humanos.
Islas Malvinas .
19-03-2025
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Recuperar Malvinasnarra el camino de construcción y manipulación política de la causa Malvinas en la historia argentina, y la manera en que distintos sectores hasta hoy se disputaron el sentido y la representación de esa bandera. También cuenta cómo, ya en el siglo XXI, algunas organizaciones de veteranos comenzaron a exigir justicia por el accionar del Estado apelando a los avances obtenidos a partir del juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad de la última dictadura. Así, la causa Malvinas empezó a ser mirada por el campo progresista con otros ojos: asimilada a las demandas de memoria, verdad y justicia, parte de un reclamo de soberanía nacional y, en los últimos años, de defensa de nuestros recursos naturales.

Sobre la base de documentos militares, periodísticos, jurídicos y testimoniales, y de su propia experiencia como abogado de excombatientes, el abogado Alejo Ramos Padilla logra iluminar un aspecto poco conocido de una disputa todavía abierta.

A continuación un fragmento de la introducción del libro: 

El nacionalismo y la construcción de la conciencia nacional

En las primeras décadas del siglo XX, Malvinas fue introduciéndose en la política nacional como una "causa pendiente"que ameritaba reclamos diplomáticos cada vez más enérgicospero fue recién a partir de 1930, luego de que se desatara la crisis económica mundial que provocó en la Argentina cambios en el modelo agroexportador dependiente de Gran Bretaña, que los vínculos con los ingleses -y, en particular, la colonización de las islas del Atlántico Sur- empezaron a ser cuestionados públicamente.

Nuevo mapa de las Islas Malvinas a cargo del Instituto Geográfico Nacional (IGN), dependiente del Ministerio de Defensa. Es el más completo hasta ahora.

Existieron en aquellos años dos formas opuestas de entender las ideas nacionalistas: por un lado, el nacionalismo autoritario, una corriente de ideas antiliberal, anticomunista y antidemocrática, que seguía el modelo corporativista y cuyas ideas fueron sostenidas por los generales José Félix Uriburu y Pedro Pablo Ramírez, quienes encabezaron los golpes de Estado de 1930 y 1943; por otro, el nacionalismo popular, que defendía los intereses nacionales, pero buscaba profundizar la democracia y una mayor integración con América Latina.

Poco antes de la traducción al castellano de la obra de Groussac, en 1934, se publicó uno de los libros fundacionales del revisionismo histórico argentino: La Argentina y el imperialismo británico. Los eslabones de una cadena, 1806-1933, escrito por los hermanos Rodolfo y Julio Irazusta, que se centra en el tratado Roca-Runciman de 1933. Esta obra, retirada de circulación por el editor ante la presión de la diplomacia inglesa, daría a Malvinas una inserción mucho más amplia en la política interna, ya que expresaba que la recuperación del archipiélago era parte de una lucha política contra una élite liberal, oligárquica y extranjerizante, que convalidaba el despojo y la entrega de los recursos naturales.

Desde este punto de vista, Malvinas simbolizaba no solo el reclamo por el territorio, el honor mancillado frente a la usurpación británica, sino que era parte de la denuncia contra aquella minoría gobernante que no tenía inconvenientes en llevar adelante inmorales concesiones a la Corona. En este esquema, Malvinas era el contraejemplo de lo que debía ser un gobierno nacional (Guber, 2001). Por otro lado, en la obra de los hermanos Irazusta se señala que el asentamiento inglés era la revancha a la resistencia de las invasiones de 1806, 1807 y 1845, cuando tuvo lugar la llamada "Vuelta de Obligado". Encarnaba, también, una demostración de la hipocresía y arbitrariedad con la que actuaba el imperialismo británico que, si bien había reconocido la independencia argentina en 1825, "era sin duda respecto de los otros Estados, no de ella misma".

Invasiones inglesas.

En esos años, la causa Malvinas se torna transversal y ya no pertenece a una ideología o sector políticos definidos: será abrazada tanto por los nacionalistas autoritarios, que continúan la tradición de Carlos Ibarguren y la línea de pensamiento desplegada en la última etapa de Leopoldo Lugones, como por los nacionalistas populares, cuyo pensamiento abarca desde quienes mantienen la tradición yrigoyenista del radicalismo -como la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (Forja), integrada, entre otros, por Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche y Homero Manzi- hasta sectores del socialismo, que tienen una mirada latinoamericanista -como son los casos de Manuel Ugarte o Alfredo Palacios-.

Los nacionalistas autoritarios y populares coincidían en la denuncia de la política entreguista de los gobiernos conservadoresque presentaba una continuidad con la política iniciada con Bernardino Rivadavia y se expresaba en frases como la del vicepresidente Julio Argentino Roca (hijo): "La República Argentina, por su interdependencia recíproca, es, desde el punto de vista económico, una parte integrante del Imperio Británico". Señalaban también que en 1816 solo se había alcanzado la independencia política, pero no la soberanía económica. Formaron parte de este pensamiento las acusaciones del senador demócrata progresista Lisandro de la Torre contra los negociados británicos y, una década después, la reforma constitucional promovida por el gobierno de Juan Domingo Perón en 1949, que proclamó a la Argentina como una nación "socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana".

Las Islas Malvinas en la actualidad.

El conflicto entre imperialismo y nación continúa hasta nuestros días. Pero es en esos años cuando se comienza a gestar un nuevo marco teórico. Un nacionalismo que va a contramano de la perspectiva liberal, que hasta ese momento era hegemónica. Desde este nuevo enfoque se introduce la diferencia que existe entre países colonialistas y colonizados, con una mirada crítica hacia las potencias imperialistas, el modelo agroexportador y la alianza con el Reino Unido. Era precisamente Scalabrini Ortiz quien alertaba sobre el modo de actuar del Imperio Británico:

Más influencia y territorios conquistó Inglaterra con su diplomacia que con sus tropas o sus flotas. Nosotros mismos, argentinos, somos un ejemplo irrefutable y doloroso. Supimos rechazar sus regimientos invasores, pero no supimos resistir la penetración económica y a su disgregación diplomática. 

-Scalabrini Ortiz, 2001: 43

El nacionalismo popular, representado por Forja y por una parte de los revisionistas históricos, realizó una labor pedagógica para desarmar el relato liberal que alababa las relaciones con el Reino Unido. Sus referentes distinguían a las naciones colonizadas de las semicolonizadas, es decir, aquellas que estaban ocupadas militarmente por una potencia extranjera y aquellas que tenían una colonización económica y cultural. En el caso de la Argentina ambas situaciones se daban en simultáneo, porque al enclave colonial en el Atlántico Sur se sumaba la dependencia económica respecto de Gran Bretaña.

Portada del libro Recuperar Malvinas publicado por Siglo XXI.

Los pensadores de Forja no centraron sus estudios en la ocupación militar de las Malvinas, sino en la dominación económica y cultural imperial, menos visible que la colonización del territorio. Sin embargo, el 3 de enero de 1938, Forja organizó un acto para repudiar la ocupación británica de las islas: "Las Islas Malvinas son la expresión geográfica de la dominación inglesa sobre la Argentina. [...] La conciencia argentina debe agitarse permanentemente en reafirmación de la voluntad nacional de recuperar las Malvinas", plantearon sus integrantes en un volante.

A partir de la labor llevada adelante por los nacionalistas populares y los historiadores revisionistas, la causa Malvinas se insertó en un repertorio de luchas contra el imperialismo británico, en el que también se contaban la reacción frente a las invasiones inglesas, la Vuelta de Obligado, la denuncia del empréstito de la Baring Brothers y el rol de los frigoríficos y ferrocarriles en el modelo agroexportador. 

Hernández Arregui, por su parte, explicó que el imperialismo no actuaba solo a partir de la hegemonía militar, sino fundamentalmente de la desigualdad económica. Así, denunció que la "doctrina Monroe", establecida por los Estados Unidos en el siglo XIX como principio de relación con América Latina, se trató en realidad de un acuerdo entre ese país y el Reino Unido para colonizar la región. Según esta doctrina, conocida por la frase "América para los americanos", pronunciada en 1823 por el presidente James Monroe y escrita por el entonces secretario John Quincy Adams, los Estados Unidos podían considerar como una ofensa cualquier ataque al territorio continental, salvo si provenía de Gran Bretaña, como había ocurrido el 3 de enero de 1833.

La doctrina Monroe es una postura de la política exterior de los Estados Unidos que se opone al colonialismo europeo en el hemisferio occidental.

Los partidarios de esta doctrina fomentaron en nuestros pueblos un nacionalismo que no promovería la unidad latinoamericana ni la defensa de nuestros recursos naturales, pero sí las relaciones con el Reino Unido y los Estados Unidos. En este sentido, se intentaba evitar "la unificación de América Latina"

Más de un siglo después, el presidente Franklin D. Roosevelt resaltó la importancia de esta doctrina para justificar ciento diecisiete años de intervención en la región y se jactó de haber "montado guardia en el Atlántico con nuestros vecinos los ingleses" desde esa fecha. Desde el 12 de mayo de 1985, funciona en las Islas Malvinas una base de operaciones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que mantiene el control del paso oceánico y sobre los recursos naturales en la zona de las islas y la Antártida, lo que confirma el planteo de Roosevelt.