Gobierno

¿Working against history?

A días de las elecciones que condicionarán el próximo bienio oficialista, el Gobierno norteamericano se pliega al discurso local para crear la expectativa de que un cambio de rumbo aún es posible.
Milei frente a la historia, entre ruptura y continuidad. IA
Antonio Yannuzzi 22-10-2025
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La administración de Donald Trump, en su afán por justificar el salvataje a nuestro país, se apropia del relato según el cual Javier Milei estaría (por primera vez) enfrentando las tendencias de la historia.

Para respaldar el swap, Scott Bessent afirmó que el presidente combate cien años de malas decisiones, aunque las medidas económicas previas a los comicios se asemejan demasiado a las de la vieja casta.

Con reducción de retenciones para engrosar las reservas, un tipo de cambio contenido dentro de franjas reguladas, apoyo externo y nuevo endeudamiento, la primera gestión libertaria no logra distanciarse demasiado de los patrones clásicos de la economía argentina.

Así como existe una "economía de guerra", Argentina cuenta ya con su "economía electoral", en un contexto de inflación, control cambiario y pérdida de divisas, se repite un esquema intervencionista del que Milei no ha conseguido apartarse. Sin embargo, hay una dimensión en la se podrían alterar algunos elementos de la historia democrática reciente.

Aunque la provincialización del sistema de partidos es una tendencia creciente en las últimas décadas, la polarización previa a las elecciones nacionales se ha mantenido como rasgo estructural. En este terreno, el oficialismo, al ampliar el ángulo del péndulo (Diamond dixit), abre la posibilidad de quebrar esa lógica binaria y generar la demanda social necesaria para institucionalizar un espacio de centro federal con aspiraciones presidenciales.

 

El escenario tripartito que podría configurarse en tres de las cuatro provincias más pobladas anticipa una posible alineación de incentivos para consolidar la alianza de Provincias Unidas, con liderazgos dispuestos a disputar la Rosada en 2027. De paso, con ese quiebre, el Gobierno conserva competitividad incluso ante un resultado legislativo adverso y gana un socio potencial para impulsar las reformas de segunda generación previstas para el próximo bienio.

El próximo bienio pondrá a prueba hasta qué punto el libertarismo puede trascender la retórica antisistema y traducirse en una nueva arquitectura política. Si el experimento logra estabilizar la economía sin diluir su identidad, podría reconfigurar el mapa de poder en la Argentina pos polarización. Pero si el pragmatismo termina imponiéndose sobre el relato refundacional, el intento de "trabajar contra la historia" no será más que otro capítulo dentro de ella.