El botín legislativo de Cambiemos en 2017

(Columna de Patricio Gómez Talavera y Facundo Matos Peychaux)

La composición de las cámaras legislativas no se modificará demasiado, aunque eso no significa que no vaya a haber cambios. Qué se juega el Gobierno y qué puede pasar.

La Cámara de Diputados renovará este año 127 de sus 257 bancas, mientras que el Senado verá renovarse un tercio de su composición (24 asientos) y se pondrán en juego dos gobernaciones (Santiago del Estero y Corrientes). El núcleo de la batalla, no obstante, será la provincia de Buenos Aires. Por su importancia en bancas de Diputados y su peso simbólico y visibilidad, determinará la magnitud de un eventual triunfo de Cambiemos y sus posibilidades de expansión parlamentaria. En ese marco, el gobierno de Mauricio Macri ha puesto discurso y práctica alineados en una visión clara: las elecciones serán un “plebiscito” de la gestión, incluso por encima del peso individual de las candidaturas que seleccione.

Cambiemos cuenta con un contexto favorable: en el Senado, el Frente para la Victoria (FpV) renueva a sus representantes votados en 2011, una de sus mejores elecciones, por lo que tiene mucho para arriesgar y la posibilidad de que no pierda escaños es baja. En cambio, Cambiemos pone en juego tres asientos (todos radicales), por lo que el Gobierno tiene allí mejores perspectivas para expandir su representación. En Diputados, la elección a renovar es la del 2013, donde la votación del PRO fue más bien marginal (integrado como estaba en el Frente Renovador de Sergio Massa) y por tanto, Cambiemos tiene un amplio margen para crecer. La magnitud de asientos a renovarse en cada cámara parece, a su vez, augurarle mayores probabilidades de expansión en la Cámara Baja que en el Senado. El FpV, sin un liderazgo claro y todavía subsumido en debates internos, en cambio, se encuentra expuesto a una merma considerable también en el Senado.

Un escenario probable permite avizorar varias tendencias: la composición de ninguna de las cámaras cambiará significativamente, aunque es posible que el oficialismo aumente su caudal legislativo y es probable que tanto en Diputados como en el Senado, el radicalismo –socio minoritario en Cambiemos– y el kirchnerismo –en retroceso en el FpV– se licúen al interior de sus respectivos interbloques.

Un Senado de peronismo disperso

En la Cámara Alta, ocho provincias renuevan sus tres respectivas bancas: Santa Cruz, San Juan, San Luis, La Rioja, Jujuy, Formosa, Misiones y Buenos Aires. Quien más arriesgará es el FpV, con 15 senadores, contra 4 de Cambiemos.

En ese sentido, sobre las proyecciones realizables y analizando la dinámicas de partidos en magnitudes pequeñas como las que impone la distribución de bancas en el Senado, el Gobierno tiene un importante margen para crecer, aunque no lo suficiente para superar al FpV, hoy con mayoría absoluta. Es que, la mayoría de las provincias que renuevan son provincias con oficialismos que cuentan con una gran solvencia electoral, frente a un Cambiemos que padece dificultades para encumbrar alianzas y candidatos electoralmente rentables en el interior del país.

Así, aún contando posibles triunfos en Jujuy, Buenos Aires, Santa Cruz, el interbloque que capitanea Ángel Rozas podría pasar de 16 a 22 senadores. O a 24 si logra vencer también en La Rioja, donde el peronismo mantiene una compleja interna. No obstante, Formosa y San Juan (con el PJ), San Luis (con los hermanos Rodríguez Saá) o Misiones (con el provincial Frente Renovador para la Concordia) parecen huesos más difíciles de roer para el oficialismo.

Entre tanto, el bloque PJ-FpV retrocedería varios casilleros, pero no tantos como uno podrían suponer. Un escenario probable es que pasara del quórum actual a detentar entre 31-33 senadores, suficientes para retener la condición de fuerza dominante en la Cámara.

De este modo, el oficialismo no alcanzaría el control del Senado aún con el apoyo del massismo, cuya inorganicidad y falta de construcción en las provincias atentará una vez más contra su expansión en escaños en la Cámara Alta: UNA permanecería en torno a las 3-4 bancas, mientras el grupo de peronistas provinciales (de Oscar Romero, Rodríguez Saá, Carlos Menem y Alfredo Luenzo, entre otros) retendría alrededor de 6 asientos. Una restante constelación de senadores peronistas independientes (de San Luis, Salta, La Rioja), aún sin homogeneidad en la acción, son y serían en este caso objeto de negociación de oficialistas y opositores. La nueva configuración de la Cámara aumentaría su valor a la hora de las votaciones.

Diputados: Vidalita a la centena

Cambiemos como conjunto renueva 42 bancas (30 de ellas, radicales) entre sus 91 escaños. En el interior del país, el escenario parece indicar alguna estabilidad, producto de la baja magnitud de la representación y al existencia de oficialismos sólidos, que mantienen una amplia primacía en Legislaturas e Intendencias, como Formosa o San Luis. Solo algunas provincias, como La Rioja, Tucumán, Corrientes o Santa Fe, podrían reportar márgenes de inestabilidad en donde hacer la diferencia. El objetivo del oficialismo estaría fijado: llegar a las 100 bancas, un plan modesto si se tiene en cuenta la composición actual (sería un aumento de menos del 5% del total de la Cámara).

Para ello, la provincia de Buenos Aires tendrá la clave. Las dificultades para enhebrar alianzas en el interior, la competencia con estructuras locales más asentadas, el déficit de candidaturas taquilleras y la baja magnitud de bancas conspirarían en líneas generales para pensar a Cambiemos como algo más que la principal fuerza de oposición en la mayoría de las provincias.

En cambio, los 35 escaños bonaerenses, con candidaturas opositoras difusas y una imagen de la gobernadora María Eugenia Vidal en alza, aparecen como botín principal, clave en la compulsa electoral. Según las encuestas y el historial electoral, Cambiemos podría obtener entre 8 y 11 diputados en la provincia, la exacta cantidad que necesita para llegar a los dorados 100 lugares. La división del peronismo, la decisión de presentarse o no de Massa y Cristina, la calidad del candidato de Cambiemos y su estrategia de campaña, no obstante, influirá para determinar la cosecha en bancas en la principal apuesta del oficialismo.

En tanto, la eventual ausencia de Martín Lousteau como candidato en Capital Federal podría granjear entre 3 a 4 bancas extras a Cambiemos, producto de votos “oficialistas críticos” que quedarían atrapados en una polarización entre el PRO y el FpV, el cual difícilmente exceda el 25% en CABA en el mejor de los escenarios. Pero ese escenario (que le permitiría al oficialismo rasgar las 110 bancas, contando con un escenario favorable en provincia) depende aún de la definición que tome el actual embajador.

Finalmente, el FpV difícilmente quiebre la barrera de los actuales 70 escaños y es factible que se deje 4 o 6 bancas por el camino en esta elección, a no ser que incorpore a algunos de los legisladores peronistas externos al bloque y sin liderazgo claro, lo que podría pasar ante la eventual licuación del kirchnerismo en el espacio.

Por otra parte, y gracias fundamentalmente al delasotismo cordobés, es factible que UNA gane una decena de bancas, quedando en el entorno de los 40 votos en Diputados, mientras que no se esperan muchas variaciones entre los bloques minoritarios como Progresistas (7-8 bancas posibles), el Frente Cívico Santiagueño (6 asientos), el FIT u otras fuerzas menores.

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