Todos los focos en un distrito

El distrito más grande del país será determinante para el oficialismo nacional en varios planos. En primer lugar, la provincia de Buenos Aires es donde Cambiemos -y el PRO en particular- tiene mayores chances de hacer crecer su contingente legislativo. Pone en juego apenas tres bancas (dos del radicalismo y una del PRO, de su magra cosecha del 2013, cuando compartió listas con el Frente Renovador) y los escenarios en que retiene su segundo lugar de 2015 o alcanza el primero le permitirían ganar entre ocho y once diputados, y uno o dos senadores. En ninguna otra jurisdicción del país tiene tanto para ganar.

Ni tanto para perder tampoco. El Gobierno se juega también en la elección bonaerense buena parte de su capital político de cara a los dos años restantes de su mandato y la capacidad o no que tendrá para llevar adelante su programa económico y político con menos resistencia y mayor éxito. Como señala Javier Zelaznik en esta edición, una derrota en el distrito con mayor cantidad de representantes en la Cámara Baja le complicaría llevar adelante su agenda legislativa e impulsaría a la oposición a una posición más confrontativa que la que tuvo hasta ahora.

Otro tanto pasará con la opinión pú- blica. El macrismo mantiene una imagen positiva relativamente estable en el distrito que es vidriera de los problemas nacionales, aunque debe revalidarla. Su fortaleza está más que nada en el interior provincial, donde la boleta de Mauricio Macri ganó en las PASO, primera y segunda vuelta de 2015, y en la Primera Sección Electoral, donde el principal adversario a vencer es el Frente Renovador. La Tercera Sección Electoral y el primer cordón del conurbano, tradicionalmente más fieles al peronismo y coyunturalmente, más golpeados por la recesión del último año, siguen siendo un hueso más duro de roer para el oficialismo.

Para ello, el gobierno centralizará la campaña en la figura de Mauricio Macri y de la gobernadora María Eugenia Vidal, la dirigente con mejor imagen del país según el consenso de las encuestas. La intención es mostrar un “grupo de candidatos” en lugar de centralizar la campaña en quien lidere la lista, todavía sin definir. En ese contexto, Gladys González y Facundo Manes, dos posibles postulados para ese lugar, podrían ser complementarios a esa estrategia, dado que su bajo nivel de conocimiento no opacaría a las figuras de Macri y Vidal. Elisa Carrió o Jorge Macri, por el contrario, posiblemente desviarían el foco hacia ellos mismos, alejándolo del mensaje que busque instalar la campaña, y -a diferencia de los anteriores- contribuirían menos a expresar el clivaje entre la “nueva” y “vieja” política al que apelará nuevamente Cambiemos.

“Se insiste mucho sobre la supuesta carencia de candidatos de Cambiemos en la PBA, pero no estoy de acuerdo. El PRO tiene probadas habilidades en las arquitecturas de campañas de manera que debería a repetirse el error que se cometió cuando se subestimaba a Vidal por desconocida”, recuerda el director de Ibarómetro, Ignacio Ramírez, y señala en ese sentido que “al PRO le conviene articular una candidatura vicaria que actúe en nombre de Vidal, una hoja en blanco que pueda teñirse por los atributos de la gobernadora”.

El peronismo, mientras tanto, todavía subsumido en internas y debe definir, antes que candidatos, un rumbo. La figura de Cristina Fernández, que todavía debe definir si será candidata, retrasa cualquier definición y obstaculiza toda contrucción paralela, tanto entre sus seguidores como entre quienes pujan por sacarla de la conducción justicialista. Por otra parte, si bien muchos dirigentes justicialistas recuerdan con rencor los últimos años de conducción por demás centralizada de Cristina, y apuntan contra sus más fieles a la hora de encontrar responsables de la última derrota, los sondeos conocidos en los últimos meses, que ubican a CFK con uno de los niveles de adhesión más altos en el GBA al interior del peronismo, vienen forzando al PJ a conservar los puentes que lo unen con la ex presidenta, como se vio en el último congreso del partido. Mientras tanto, los intendentes justicialistas piden un mayor protagonismo, aunque los antecedentes bonaerenses muestran que pocas veces tuvieron éxito propuestas de abajo arriba.

Entretanto, el massimo confía en no quedar atrapado en medio de la polarización y apostará una vez más a presentarse como una opción superadora de ambos macrismo y kirchnerismo, aunque profundizará su discurso opositor en contraste con el año que pasó. Para ello, contará entre sus filas tanto con panradicales como Margarita Stolbizer y peronistas de larga data como Jorge Sarghini y Daniel Arroyo.

LEGISLATURA

Las elecciones de medio término serán también clave para el oficialismo en lo subnacional. En la Legislatura bonaerense, Cambiemos tiene actualmente un bloque de 28 diputados (en su mayoría radicales), sobre un total de 92, y pone en juego apenas nueve. Lo mismo sucederá en el Senado, donde el interbloque que responde a María Eugenia Vidal pone solo tres de sus 16 bancas en disputa. En ambos casos, el oficialismo podría ganar varias bancas y acercarse o incluso alcanzar el quórum propio (de 46 y 23 legisladores, respectivamente), lo que lo volvería menos dependiente del massismo.

Por su parte, el Frente Renovador y el FpV arriesgarán mucho más. En Diputados, la bancada bonaerense de Sergio Massa cuenta con 20 diputados, de los cuales 11 terminan su mandato en 2017, mientras que el bloque que preside José Ottavis renueva nueve de sus 17 legisladores. Mientras tanto, en la Cámara Alta provincial, el panorama es desalentador para el massismo, que pondrá en juego ocho de sus nueve bancas. El FpV, en cambio, tendrá solo dos de sus ocho senadurías en disputa.

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