Diputados 2017 y la sucesión peronista

(Columna escrita junto a Miguel de Luca)

En las próximas elecciones se juega el futuro del oficialismo e, igual de importante, la interna de la oposición.

Nacidos en la oposición, los radicales son internistas incluso en el gobierno. Nacidos en el poder, los peronistas son verticalistas salvo en el llano. Ahí se desata una pelea por la conducción donde vale todo. La lucha no cesa hasta que un compañero llega a la Rosada, aunque a veces dura un rato más. Ya hubo renovadores contra ortodoxos y duhaldistas frente a menemistas. Hoy hay massistas versus kirchneristas. El peronismo está en uno de esos momentos de liderazgo vacante, de estado de naturaleza. ¿Quién se quedará con el cetro? Las pugnas sucesorias del pasado dejan algunas pistas y abren interrogantes.

La primera pista es que el peronismo en el gobierno puede tolerar, incluso a regañadientes, un vicario (Cámpora, Isabel, Cristina), pero más temprano que tarde despacha a los jefes partidarios que no habitan en Olivos (Cafiero, Duhalde). Quien se imponga en la elección interna/general de 2017 debe saber que sus días como jefe están contados si no gana la presidencia en 2019.

La segunda pista es que tres son multitud. Cafiero versus Menem, Menem contra Duhalde. La de ahora es entre Cristina, la que está de vuelta, y Massa, el renovador oportuno. A tomar nota los grupos que abrieron rancho aparte como el tándem Urtubey- Bossio, el Movimiento Evita y otros Miles. Los terceros son de palo.

La siguiente pista es que el conflicto vuelve a girar alrededor del eje Buenos Aires-Córdoba versus el resto. Cafiero y De la Sota perdieron, en 1988, contra Menem y el descarriado Duhalde. El antecedente no es amable para la entente de Massa con el eterno De la Sota, que enfrentan a un kirchnerismo fuerte en las demás provincias.

Cuarta pista. Salvo por obligación, los gobernadores peronistas evitan alinearse en la pelea sucesoria. Siempre es mejor una discreta carrera para subirse al carro del vencedor que un firme apoyo al derrotado.

La quinta pista está en el manejo de los tiempos de acercamiento y alejamiento del gobierno ajeno. Menem fue el primer aliado de Alfonsín al empezar la gestión, pero hacia el final se mostró como el más crítico y Cafiero pagó el costo de apoyarlo en su etapa más difícil. La versión de Menem en 2003 logró más votos en la primera vuelta, pero su mensaje estaba más cerca de De la Rúa que la del ignoto Néstor. Su asociación con el 2001 lo hizo descarrilar sin segunda vuelta. Massa fue un colaborador precoz de Macri, pero difícilmente pueda mostrarse ahora más crítico que Cristina. Quien quiera votar en contra del gobierno la tiene más a mano a ella o a un ahijado genuino.

La sexta pista se basa en la fascinación del peronismo por la victoria: en caso de ir divididos en la provincia de Buenos Aires, quien obtuviera más votos sería candidato natural a la Presidencia. Sin embargo, la discusión sólo estará saldada si la que saca más votos es Cristina, porque ganándole a Massa no le quedarían rivales. En cambio, si Massa termina adelante el juego seguirá abierto. Los K quedarán con más diputados (para no hablar de senadores) que el Frente Renovador. Y, mientras los diputados de Massa son sobre todo bonaerenses, los kirchneristas vienen de todas partes. Varios de ellos proceden de distritos que combinan sobrerrepresentación y sesgo mayoritario: o sea, los kirchneristas pueden sacar menos votos que Massa y obtener más diputados. Muchos más.

El 43% del bloque del FpV termina su mandato en diciembre (30 de 70). En el massista UNA la proporción es ligeramente superior: el recambio le llega al 46% (11 de 24). Pero la composición por provincia muestra al Frente Renovador en desventaja: TODOS los que renueva son bonaerenses, donde su desempeño sólo puede empeorar por contraste con el triunfo de 2013. El FpV, en cambio, arriesga menos de la mitad del bloque en los cuatro distritos grandes: Buenos Aires, CABA, Córdoba y Santa Fe. El resto lo disputa en territorio más amable. Además, confía en recuperar con los votos varias bancas perdidas por escisiones parlamentarias. El bloque de Bossio, por ejemplo, pone en juego la mitad de sus 17 miembros y es improbable que renueve muchos.

Gane o pierda, en diciembre asumirán más diputados del FpV que de cualquier otra vertiente del peronismo. Pero si el kirchnerismo no garantiza un presidenciable competitivo, sus flamantes diputados tardarán poco en cambiar de carril. Porque a los peronistas, el único colectivo que los deja bien es el que termina en Balcarce 50.

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