La Tercera Sección, clave y con números adversos

(Columna de Néstor Leone para El Economista)

Representa más de un tercio de los votos bonaerenses. El Gobierno muestra preocupación por el nivel de rechazo.

Un cuesta arriba que genera preocupación. El cuadro de situación de la tercera sección electoral bonaerense amenaza con convertirse en un verdadero dolor de cabeza para los gobiernos nacional y provincial de Cambiemos. Con consecuencias políticas que los oficialismos pretenden, sin no revertir, al menos neutralizar o aminorar. Por un lado, los partidos que la integran fueron de los más perjudicados por la recesión económica y la quita de subsidios, mientras que se discute qué tipo de alivio concreto podría darse en estos distritos ante un eventual proceso de recuperación o ante los “brotes verdes” que el Gobierno ve en el horizonte. Por el otro, la sección tiene un fuerte anclaje peronista, histórico y presente, que se expresa en rechazos al oficialismo más pronunciados y expectativas muy por debajo de la media. El hecho de que, en los tres turnos de las elecciones presidenciales de 2015, Cambiemos haya sido derrotado con distancia considerable (58,82 a 42,18% en el balotaje) sirve de antecedente. Como habla de ello el dato de que la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner encabece hoy en la sección las encuestas de intención de votos.

Entre los equipos de trabajo de ambos gobiernos ya existen varios canales de comunicación y de trabajo conjunto para evitar que este cuadro de situación golpee las chances electorales de Cambiemos en un distrito, como el bonaerense, que resulta clave de lectura determinante para la evaluación de los resultados nacionales y en una elección de medio término en la que no tendrá en sus boletas a sus principales referentes. En la evalución inicial, el oficialismo es muy optimista respecto de su performance en el interior bonaerense y considera de regular a buenas sus chances en la primera sección, la segunda más populosa. De todos modos, tendría que achicar distancias en la tercera, donde las encuestas hoy muestran una situación adversa. Allí cuenta sólo con dos intendentes entre los partidos más poblados (Martiniano Molina, en Quilmes; y Néstor Grindetti, en Lanús) y algunas pautas de trabajo ya definidas. Por caso, un “trabajo de cercanía” para consolidar, en la medida de lo posible, los territorios propios (Berisso, Lobos, Brandsen, Magdalena y San Vicente, además de los mencionados) e intentar perforar con obras el techo bajo (¿30%?) que le impone esa base social adversa. Aunque fuentes del Gobierno consultadas también consideran que será aquella recomposición o no del bolsillo el elemento más preponderante.

Datos duros

Según el último padrón electoral (el que sirvió para los comicios de 2015), la tercera sección está compuesta por 4.132.956 electores habilitados, que votan en 11.905 mesas. En el turno 2017, además de concejales en los municipios, y senadores y diputados nacionales que representen a la provincia, elegirá 18 diputados y 9 senadores provinciales propios para la Legislatura. La Matanza, con 1.775.816 habitantes; Lomas de Zamora, con 616.279; Quilmes, con 582.943; y Almirante Brown, con 552.902 son los más poblados entre los diecinueve partidos que lo integran. Como se dijo, la sección fue clave para que el Frente para la Victoria sumara más votos en las presidenciales de la provincia. En esa oportunidad, Cambiemos ganó en seis de las ocho secciones electorales, pero perdió en la primera y la tercera, cuyo caudal de votos fue clave para el resultado final en favor de Scioli. En el balotaje se dio el 58,82 a 42,18% ya mencionado. Aunque, corte de boleta mediante, la diferencia también considerable en la categoría a gobernador, no sirviera para evitar el entonces sorpresivo (y determinante) triunfo de Vidal.

Percepciones

Curiosamente (o no), el nivel de rechazo del Gobierno Nacional en la sección tiene parámetros parecidos a aquel resultado. Según una encuesta de la consultora TresPuntoZero, que dirige Shila Vilker, realizada en febrero pasado, el 59,9% tiene una consideración negativa de su gestión, mientras que sólo el 36,6% evalúa con atributos positivos la marcha de Cambiemos. Como observa el estudio en una de sus conclusiones, “se trata de los peores guarismos para el oficialismo no solo a escala provincial sino, también, nacional”. El gobierno de Vidal, en tanto, logra revertir en parte la cuestión. El 48,7% tiene una opinión positiva de su funcionamiento, que supera a la negativa, de 46,2%.

En el mismo estudio, también se evalúa la imagen de los principales dirigentes nacionales. Allí la gobernadora Vidal logra lo que en el resto de las secciones: imponerse por sobre el resto. Encabeza la encuesta con 54,5% de imagen positiva y 41,4% de negativa. Lo sigue el exministro peronista Florencio Randazzo (50,3% de positiva), el referente del Frente Renovador, Sergio Massa (50,3%) y la expresidenta Cristina Fenández de Kirchner (45,9%), por encima de la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, y la diputada del GEN, Margarita Stolbizer. Otro de los datos que deja el estudio marca uno de los problemas de Cambiemos en la sección. El intendente de Vicente López aparece con baja imagen positiva (24,6%, frente a 51% de negativa); mientras el neurocirujano de simpatías radicales, Facundo Manes tiene un alto nivel de desconocimiento (44,8%).

No obstante, es el cuadro de la intención de votos el que más preocupa al oficialismo. Allí, Cristina encabeza las preferencias en la mayoría de los partidos de la sección. Con margen bastante holgado. En La Matanza, con el 44,4%; en Florencio Varela, con el 44,3%; en Esteban Echeverría, con el 42,8%; en Berazategui, con el 37,7%; en Lomas de Zamora, con el 37,4%.

Apuesta

Ante este escenario, en Cambiemos apuestan al “trabajo de cercanía” y a consolidación del territorio conquistado en 2015, como punto de partida. A cargo de la tarea cotidiana “en el barro” suelen estar Sebastián García de Luca, secretario del Interior del gobierno del presidente Mauricio Macri, y Alex Campbell, subsecretario de Gobierno y Asuntos Municipales de la gestión de Vidal. Recorren los distritos, dialogan con los intendentes (los propios y los ajenos), con cierta regularidad, apuntalan las Mesa Cambiemos y están a cargo del termómetro que mide los climas sociales y políticos. A los propios, le piden mayor consustanciación con las políticas de Cambiemos y “ponerse la camiseta” para una defensa integral de la gestión. Con los ajenos negocian la llegada de obras y un contexto no tan esquivo para hacer política.

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