Cuatro años de Francisco

(Columna de Hernán Reyes Alcaide)

Jorge Mario Bergoglio ejerce el poder sin miedo a los decretos mientras avanza en la reforma constitucional del Vaticano y en los cambios a la composición del colegio cardenalicio que elegirá a su sucesor.

Impulsa cambios por decreto, busca reformar la Constitución y está en plena modificación del colegio electoral. No, no es un presidente sudamericano visto como el “eje del mal” por Occidente. Es el jefe de Estado con mejor imagen del planeta.

El papa Francisco está atravesando lo que puede llegar a ser la mitad de su Pontificado, si creemos a sus propias palabras de que será “un magisterio breve”, en el que se ha planteado como objetivo casi central hacer una verdadera reforma de la Curia romana.

Es que más allá de una visión pastoral con la que pide una Iglesia “en salida y misionera”, Francisco asumió el 19 de marzo de 2013 con la idea de emprender una serie de reformas en el Vaticano y sus organismos de gobierno. Y en esa área deja ver que, si bien escucha a sus colaboradores de los cinco continentes, ejerce el poder de manera personal.

Para eso, muchas veces se hizo camino a base de derechos pontificios (“Motu Proprios”). Son 18 hasta ahora, como la creación en 2015 de la Secretaría para la Comunicación con la que busca centralizar y adaptar al Siglo XXI la forma en la que el Vaticano habla de sí al mundo o el que firmó en 2014 para crear el nuevo ente económico de la Santa Sede. Incluso en “materia penal”, endureció con su firma en 2016 las sanciones a los obispos que encubran casos de pedofilia.

Otros dos puntos centrales que muestran cómo viene avanzando, pese a las resistencias más internas que externas, son los cambios en la composición del colegio cardenalicio (a la sazón, los “electores” pontificios) y el proceso para reformar la Constitución apostólica, Pastor Bonus, vigente desde 1988. Como Pontífice, Francisco nombró 55 cardenales nuevos en tres Consistorios, 44 de ellos con derecho a voto en un eventual cónclave, por tener menos de 80 años. Así, renovó más de un tercio del órgano que, nadie sabe cuándo, elegirá a su sucesor.

En esa línea, cabe destacar la idea de Francisco de “deseuropeizar” el órgano que elige al Pontífice: en 2013, 61 cardenales electores eran europeos y 56 de otros países. Después de la última creación de purpurados en noviembre pasado, ahora hay 54 europeos y 67 de afuera del Viejo Continente.

De los 56 cardenales “extraeuropeos” que participaron en el Cónclave de 2013, había 33 de América, 11 de Africa, 11 de Asia y uno de Oceanía. Tras las sucesivas intervenciones de Francisco (2014, 2015 y 2016), en el próximo cónclave habrá 34 americanos, casi igual, pero aumentará significativamente el número de africanos, con 15; de asiáticos, con 14, y de los purpurados de Oceanía, cuatro.

Con Francisco crecieron, además, los purpurados de los países de las denominadas “periferias”, con la incorporación de cardenales de República Centroafricana, Bangladesh, Islas Mauricio, Papúa Nueva Guinea, Lesoto, Albania y Malasia, entre otros

La reforma de la Constitución Apostólica Pastor Bonus, sancionada en 1988 en épocas de Juan Pablo II, es otro de los pilares de su Pontificado y de su forma de conducir la Curia.

Para ayudarse con la reforma, Francisco creó en 2013 un grupo de ocho cardenales que lo asesoran en los ejes a modificar. Tiempo después, el grupo sumó al “número dos” del Vaticano, el secretario de Estado Pietro Parolin, y se consolidó definitivamente como el “C9”.

El Papa y el C9 ya se reunieron dieciocho veces, en encuentros que cada dos meses suelen tener tres días de trabajo en la residencia de Santa Marta. Fruto de ese trabajo colegido de reforma fue el nacimiento, por ejemplo, del Dicasterio sobre Desarrollo Humano Integral, algo así como el Ministerio de Desarrollo Social del papa.

Y en la composición del C9 también se ve la amplitud con la que el Pontífice imagina la Iglesia que dejará tras su magisterio. Además de Parolin, los otros miembros son los cardenales Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, de Honduras; Francisco Javier Erráuriz, de Chile; Sean Patrick O’Malley, de Estados Unidos; Reinhard Marx, de Alemania y Laurent Monsengwo, de la República Democrática del Congo.

También forman parte los cardenales Oswald Gracias, de India; George Pell, de Australia y el italiano gobernador del Estado Vaticano Giusseppe Bertello. Además actúa como coordinador y secretario el obispo italiano Marcello Semeraro.

Mientras avanza con las reformas internas, su “soft power” no deja de seducir al mundo. Barack Obama y Vladimir Putin. Juan Manuel Santos y Alvaro Uribe. Israelíes y Palestinos. Los refinados filomasones caballeros de la Soberana Orden militar de Malta y la simpleza atea de José “Pepe” Mujica.

Con sus visitas a Roma, todos ellos, entre más de 160 jefes de Estado, han confirmado a lo largo de los últimos cuatro años lo que el teólogo jesuita Antonio Spadaro, director de la revista cultural más antigua de Italia (La Civilta Cattolica, con 4.002 números desde 1850) define como un reposicionamiento de la capital italiana en la geopolítica mundial gracias a la figura del Pontífice. Hasta China, con quien el Vaticano no tiene relaciones desde 1951, está tomando nota de lo que genera Bergoglio y da señales concretas de acercamiento.

Con la misericordia como hilo conductor de su pontificado e incluso de esa diplomacia que cautiva al mundo, nuevamente en palabras de Spadaro, Francisco no se aleja, sin embargo, del camino firme y decisivo que se trazó al ser entronizado para que, una vez que deje de ser el sucesor de Pedro, poder dejar cambios concretos para una iglesia que, su elección en 2013 lo demostró, necesitaba un cambio de timón en esa dirección.

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