Primarias: un mecanismo al que todos le temen

(Columna de Néstor Leone)

Las PASO reciben elogios como instrumento ordenador. Pero su utilización sería baja en las elecciones de medio término

 

Las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) fueron concebidas como un mecanismo para ordenar la oferta electoral, mejorar la representación del sistema de partidos y democratizar la vida interna de los espacios. O, por lo menos, que la designación de candidatos deje de ser un acuerdo de cúpulas. La fragmentación preexistente y los atajos utilizados en la ingeniería electoral de las distintas fuerzas formaban parte del estado de situación que se pretendía superar.

La ley que le dio forma fue sancionada en 2009, por iniciativa del Frente para laV ictoria en el poder, y el rechazo de la mayoría de los espacios opositores. El kirchnerismo venía de una derrota importante y los adversarios sólo veían una eventual trampa en la propuesta. Pero fue aprobada y utilizada de manera intermitente hasta aquí. Con una paradoja, si se quiere: al actual oficialismo, contrario a la iniciativa entonces, le sirvió para dirimir las pretensiones de sus tres partidos más importantes y fortalecer Cambiemos en la campaña de 2015, mientras que al FpV, que había sido esquivo a su utilización, le significó un dolor de cabeza en la provincia de Buenos Aires cuando la puso en práctica.

Más allá de esto, las PASO conservan como mecanismo institucional una alta valoración entre la dirigencia política más variada, buena parte de los cientistas sociales y la ciudadanía, como lo muestran los recurrentes sondeos que se hicieron para medir su aprobación y la alta participación en las urnas, similar a las generales. Pero no logra tener anclaje extendido. Aún en los escenarios en donde persisten las disputas y hay sectores internos enfrentados, el denominador común parece ser la idea de evitar definir en esa instancia las divergencias. La negativa del PRO de la Ciudad, oficialismo desde 2007, a conformar Cambiemos y aceptar a Martín Lousteau como rival interno, y las dudas en el peronismo bonaerense para habilitar unas primarias entreel kirchnerismo más consustanciado y la disidencia que plantea Florencio Randazzo, son dos de los ejemplos más notorios, pero no los únicos.

ANTECEDENTES

Desde que se sancionara la Ley 26.571, el 2 de diciembre de 2009, las primarias se aplicaron en dos elecciones presidenciales y tres legislativas. El 14 de agosto de 2011 tuvieron su debut. Acotado, por cierto. Ninguna de las diez propuestas presidenciales habilitó duelos internos. En 18 de las 24 provincias hubo primarias reales, es cierto; pero de manera marginal en la mayoría de los casos. De hecho, según un relevamiento de CIPPEC, sólo el 9,26% de los ciudadanos participaron en aquella ocasión de primerias en donde competían al menos dos listas para cargos legislativas. Donde sí hubo disputa, entonces, fue en el peronismo de la provincia de Buenos Aires. Para el cargo de gobernador. Pero sin competitividad: Daniel Scioli venció aquel día por 93,4% a 6,6% a un “cuasitestimonial” Mario Ishii.

En las legislativas de 2013 hubo una utilización más extendida. Considerados todos los distritos, una de cada cuatro agrupaciones presentó más de una lista para los cargos legislativos. Nuevamente, la competencia fue más frecuente entre las fuerzas de oposición. Y más fuerte a nivel municipal, en la disputa por los concejos deliberantes. Mientras que 2015 fue el gran año de las PASO. Las hubo en la Ciudad de Buenos Aires para Jefe de Gobierno, pero también en las presidenciales entre los partidos que conforman Cambiemos (el vencedor Mauricio Macri frente a Elisa Carrió y a Ernesto Sanz), entre las fuerzas de UNA (Sergio Massa le ganó a José Manuel de la Sota) y en el Frente de Izquierda y los Trabajadores (Nicolás Del Caño a Jorge Altamira). Un salto cuantitativo enorme que prefiguraba su naturalización progresiva en el sistema de definiciones.

Sin embargo, en las semanas previas a los cierres de listas, esto no resulta tan así. En Cambiemos, el frente oficialista, la idea preponderante es recurrir a las propuestas unificadas y evitar que las tensiones decanten en campañas diferenciadas. Así fue estipulado entre las conducciones nacionales de las fuerzas y avalado expresamente por el presidente Mauricio Macri. En las provincias donde Cambiemos es oficialismo a nivel local, lo que se dispuso es que la organización de la oferta esté a cargo del gobernador. Mientras que en las provincias donde es oposición, la correlación de fuerzas determinaría la conformación de las listas.

De todos modos, la práctica resultó más compleja. Y enrevesada. El radicalismo porteño, con candidato taquillero propio (caso Lousteau), pretendió dar pelea interna, y encendió la mecha. Pidió la conformación de Cambiemos a nivel local y participación en las primarias. Sin suerte. La incomodidad macrista, en 2015, por la primaria entre Horacio Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti, díscola frente a la decisión de unificar fórmula, y el susto posterior en las generales a jefe de Gobierno que Larreta ganara por escaso margen en el balotaje frente a Lousteau sirvió como antecedente para bloquear la interna. Con argumentos en contraposición. Desde el PRO le reprochan al radicalismo porteño no respetar lo acordado. Desde la UCR local se defienden diciendo que el socio mayor sólo acepta la disputa en los escenarios en los que se sabe de antemano vencedor.

Pero esas rencillas porteñas, no han sido las únicas. En Entre Ríos, Chaco y Corrientes no faltaron disidencia entre socios. E, incluso, se dieron al interior del mismo PRO, entre la conducción nacional y algún sector disidente local. Mientras que Tucumán (tiene dos candidatos, el peronista Domingo Amaya y el radical José Cano, ambos miembros del gabinete) o Santa Fe (se bajó el radical José Corral y Mario Barletta y el PRO Luciano Laspina disputan la cabeza de lista) son escenarios todavía abiertos. Es cierto, hay otros ya cerrados, como el de Córdoba, con el macrista Héctor Baldassi ya definido al frente; o el de la provincia de Buenos Aires, con Esteban Bullrich en punta como candidato a senador y Facundo Manes y Gladys González en lugares expectantes. Pero aún en estos casos, las tensiones parecen inevitables. Y las PASO para dirimirlas, una instancia a evitar o, en todo caso, un recurso no deseado o“ de última”.
 
ALTERNATIVAS

Existen otras razones que alejan la posibilidad de las PASO. Por ejemplo, la naturaleza misma de las elecciones legislativas que ofrece mayores posibilidades (o bancas) para negociar entre fuerzas.Y  algunas experiencias previas no lo suficientemente“ virtuosa” en términos de acumulación política. El peronismo bonaerense teme que pueda reeditarse lo que se dio entre Aníbal Fernández y Julián Domínguez para dirimir la candidatura a gobernador. Randazzo quedó afuera de la disputa y la pelea fue más que dura, y dejó malherido al ganador. Por eso la reticencia actual, a pesar de la presión del sector randazzista. En la conducción del partido a nivel provincial, entre la mayoría de los intendentes (incluso entre algunos que antes apoyaban la moción) y en el núcleo duro kirchnerista no ven con buenos ojos la eventual disputa. Qué decidirá hacer finalmente Cristina Kirchner (si será candidata o no), marcará seguramente el pulso de la disputa. De todos modos, parece el escenario más cercano a abrir una competencia real en las PASO.

En otros distritos, la posibilidad parece, por cierto, más lejana. En la Ciudad, el peronismo busca una “unidad amplia” entre sus diferentes fracciones. En Santa Fe, las diferencias siguen marcadas entre el sector de Agustín Rossi y el de Omar Perotti, pero sin que se haya pensado seriamente en unas PASO. Mientras que en distritos donde el liderazgo del gobernador resulta claro no parecen existir demasiados márgenes para las disidencias “por adentro” . El caso de San Luis parece ser sintomático. El exgobernador peronista Claudio Poggi rompió su acuerdo con los Rodríguez Saá en el poder y ambas partes tomaron caminos diferentes. El primero cerró un acuerdo con Cambiemos. Alberto Rodríguez Saá se acercó al kirchnerismo para obstaculizar a su antiguo aliado. Sin que las PASO estuvieran en el radar de las opciones posibles.

Y ni siquiera en la izquierda, el mecanismo de las primarias tiene hoy adeptos, luego de hacer usufructo de ellas con buen provecho. Sus partidos fueron los más críticos cuando se sancionó la reforma electoral en 2009. El principal cuestionamiento que tenían era respecto al piso de 1,5% de los votos que se exige para saltar hacia las generales. Esta condición fue denunciada como “proscriptiva” en el debate público, pero, en los hechos, no sólo contribuyó a potenciar sus posibilidades, sino que también les permitió encontrar los canales adecuados para dirimir sus diferencias y dar a conocer sus propuestas. Tres de ellas (el Partido Obrero, el Partido de los Trabajadores Socialistas y la Izquierda Socialista), en especial, formaron el FIT, con relativo éxito. En 2015 tuvieron sus PASO y cierta resonancia mayor. Pero, en 2017, son más los dirigentes del espacio que aspiran a la unidad que aquellos que esperan repetir el esquema.

A pesar de la buena “prensa” que tienen las PASO y la aceptación extendida como instrumento, no está claro que sean muchos los escenarios de disputa real al interior de los distintos frentes electorales este 13 de agosto. Los temores por disputas que trasciendas los carriles previstos y las dudas ante la posibilidad de dar el“ mal paso” juegan en contra. Aunque, todavía, desde ahora al 24 de junio, todo sea posible

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