Macri, sin cambios en Hamburgo

Por Tomás Múgica

El Presidente tuvo más visibilidad que la Cumbre anterior porque el país será sede de la próxima. También ratificó las prioridades de su política exterior.

 

El 7 y 8 de julio, Macri asistió a su segunda cumbre del G-20.La reunión de Hamburgo,marcada por las fuertes protestas de grupos anti-globalización, giró alrededor del comercio –donde primó el discurso librecambista– y el cambio climático, tema en el cual se hizo evidente la diferencia entre Estados Unidos, que confirmó su rechazo al Acuerdo de París, y el resto, que se comprometió a implementarlo rápidamente.

En esta ocasión el Presidente tuvo mayor visibilidad que en la cumbre anterior realizada en Hangzhou, China. La razón es simple: nuestro país será la sede de la próxima Cumbre, a realizarse en 2018 en Buenos Aires. Durante su intervención Macri enfatizó las posibilidades económicas argentinas, defendió las reformas emprendidas por su gobierno y abogó por una economía internacional más integrada. Aprovechó la tribuna para reiterar su condena al gobierno de Maduro por las violaciones a los derechos humanos en Venezuela. Durante su paso por Hamburgo, el presidente mostró también su costado pop: presentado por Shakira, participó del festival Global Citizen.

Para un país del poder relativo de Argentina, más allá del prestigio que otorga el pertenecer a un club selecto, el G-20 puede servir básicamente a dos propósitos: primero, es un ámbito en el cual promover cambios en los mecanismos de gobernanza global, algo que requiere una acción combinada de actores con intereses similares. En nuestro caso, los países de la región que participan del Grupo –Brasil sobretodo, y México– y otros emergentes. Segundo, crea oportunidades para profundizar lazos bilaterales con los países desarrollados y emergentes que también forman parte de ese foro.

El primer punto no forma parte importante de la agenda internacional del gobierno de Cambiemos. La administración de Macri no se propone impulsar la reforma del orden internacional vigente (con la excepción del proteccionismo agrícola de los países desarrollados, que cuestiona). Prefiere el camino de la adaptación: adecuarse a lo existente, más que unirse a otros para intentar transformarlo.

En cuanto al segundo objetivo, Macri concentra allí sus mayores esfuerzos. En esta ocasión, tres temas resultaban relevantes: el dialogo con Gran Bretaña por la cuestión Malvinas, la negociación para alcanzar un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE, y la búsqueda de nuevos mercados e inversiones entre los demás participantes del G-20.

Los resultados fueron dispares. Su reunión con la primera ministra Theresa May fue suspendida por los británicos, alegando problemas de agenda. Más allá de la debilidad del gobierno de May, que lo vuelve un interlocutor imprevisible, lo cierto es que no hubo posibilidad de diálogo sobreMalvinas, que sigue siendo el punto clave de la agenda bilateral, más allá de los intentos del gobierno de reeditar la fórmula del “paraguas de soberanía”.

También se frustró –a pesar de que hubo una charla informal–  el encuentro oficial entre Macri y el presidente francés Emmanuel Macron, la nueva estrella de la política europea. Macron es una de las claves para destrabar el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE, que el gobierno argentino quisiera ver firmado antes de fin de año. Es que más allá de sus inclinaciones librecambistas, Macron debe contar con la influencia de los grupos de interés ligados al sector agrícola; son ellos los que explican por qué Francia sigue siendo el principal opositor al acuerdo. En otro aparte de la Cumbre, y también con el objetivo de impulsar la negociación con los europeos, Macri y Temer se reunieron con el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. También allí recogieron declaraciones favorables, pero el avance es muy lento.

En su búsqueda de mercados e inversiones, Macri recibió nuevas muestras de buenas intenciones, que el tiempo dirá si se transforman en hechos concretos. El presidentemantuvo reuniones bilaterales con el indio Modi, el turco Erdogan, el sudafricano Zuma, y el primer ministro de Singapur Lee Hsien Loong. India, el país emergente de más alto crecimiento, es el más prometedor.

La participación argentina en la Cumbre de Hamburgo muestra la consolidación de un patrón en materia de política exterior: cercanía política con los gobiernos occidentales; mantenimiento de las relaciones consolidadas por el kirchnerismo con las potencias emergentes, como China, aunque circunscriptas al plano económico; y búsqueda de oportunidades económicas como eje de la acción externa.

También va emergiendo con más claridadel modelo de desarrollo que subyace a esa política: la Argentina como “supermercado del mundo”, un país que basa su inserción económica internacional en los alimentos, la energía y algunos servicios como el turismo. Pero dónde no parece haber lugar para un modelo productivo más complejo. Tampoco, en el más corto plazo, parece existir una alternativa a las inversiones que no vienen y los mercados que no se abren. El gobierno confía en que los resultados eventualmente llegarán. La política exterior deberá superar, en suma, la prueba del tiempo y el veredicto de la sociedad.

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