El G-20, oportunidad para Argentina

Por Gino Pauselli

En 2018 nuestro países será sede de la cumbre de una organización mundial informal pero que puede hacer un aporte importante.

 

El G-20 no es una organización internacional formal, como lo es Naciones Unidas o la Unión Europea. Este grupo de 19 países más la Unión Europea es lo que se conoce como organización internacional informal: una organización de estados con un propósito explícito que participan de reuniones regulares, pero no poseen una secretaría o ningún otro tipo de institucionalización. Los estados suelen crear este tipo de organizaciones cuando necesitan flexibilidad, mantener un mayor control de la información, reducir los costos de transacción en favor de la rapidez en la toma de decisiones y gestionar la incertidumbre durante momentos de crisis.

Si bien el G-20 fue creado en 1999 después de la crisis financiera asiática, la crisis financiera de 2008 hacía imposible definir un curso de acción sin tener en cuenta a los países emergentes como China, India, Indonesia o Sudáfrica. En este sentido, el G-20 era un foro preexistente que proveía de los elementos que hacen útiles a las organizaciones internacionales informales. De esta forma, se convirtió en el primer organismo internacional global sobre temas económicos desde la creación de las instituciones de Bretton Woods en donde la voz de los países desarrollados y en vías de desarrollo tienen el mismo peso. Casi una década después de la reconversión del G20 en un foro de jefes de estado, su legitimidad y eficacia están puestas en entredicho. En este contexto, la reunión del G-20 se llevó a cabo los días 7 y 8 de julio en Hamburgo, Alemania, y dejó un par de elementos para entender la política internacional contemporánea.

En primer lugar, se observó un acuerdo general en cuestiones de terrorismo, la economía digital, la facilitación de inversiones en Africa y los objetivos de desarrollo sostenible. Por otro lado, las mayores diferencias se observaron entre los 18 estados miembro y Estados Unidos respecto al comercio internacional y el cambio climático. Con respecto al primer tema, Trump se anotó una victoria al incorporar en el lenguaje del comunicado final el reconocimiento del “uso de instrumentos legítimos de defensa comercial”. A su vez, el comunicado expresa que Estados Unidos se compromete a colaborar con países en vías de desarrollo en la utilización de energías fósiles limpias y sustentables.

En segundo lugar, se presenció de forma explícita la pérdida de liderazgo de Estados Unidos. Trump no boicoteó la reunión. Y las pequeñas introducciones realizadas al comunicado final no pudieron ocultar la realidad: la presidencia alemana logró mantener la cohesión de la mayoría de los países del G20 (entre los cuales se encuentran Rusia y Arabia Saudita) tanto en la promoción del libre comercio como en reafirmar los compromisos con el Acuerdo de París, dejando aislado a Estados Unidos. Y, finalmente, Washington firmó el comunicado que explicita estas diferencias. Este hecho no implica, necesariamente, que Alemania se convirtió en la nueva líder del liberalismo: nadie ha ocupado el lugar que Trump quiere dejar vacante. Refleja la imposibilidad de la administración Trump conseguir seguidores entre las principales economías del planeta.

En tercer lugar, muchos analistas han tomado nota de que el movimiento antiglobalización no ha desaparecido con las derrotas electorales de las derechas antiliberales en Europa. Las protestas (pacíficas y violentas) de Hamburgo obligan a repensar en la legitimidad y aceptación que tiene la actual dinámica de globalización ¿A qué individuos representan los países miembros del G-20? ¿Cómo pueden hacerse escuchar los perdedores del libre mercado a nivel mundial? ¿Cómo se puede incorporar la sociedad civil y la opinión pública a los debates de la política internacional? ¿Por qué no avanzar en una globalización más allá de la lógica económica?

Argentina se encuentra en una posición privilegiada para discutir y elaborar respuestas a estas preguntas: estará a cargo de la presidencia del G-20 desde fines de este año. Además, será sede de la Reunión Ministerial de la Organización Mundial del Comercio, en momentos en donde la gobernanza del comercio internacional está siendo ampliamente disputada por los mismos fundadores del actual orden internacional. Aquí debemos recordar que ser sede de la ministerial de la OMC y ser anfitrión de una cumbre del G-20 no hace a un país líder ni poderoso. Si es de tamaño intermedio como  Argentina, le permitirá hacer de facilitador de las discusiones y propuestas de los principales actores. Este rol será aún más significativo dada la naturaleza del G-20: un foro informal, sin reglas explícitas ni una burocracia permanente. El lugar único que ocupará la administración de Cambiemos durante el próximo año medio impactará probablemente poco en el bienestar de los argentinos y seguramente mucho en el bienestar de los ciudadanos del mundo

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