Duelo de mujeres: CFK vs. Vidal

Por Joaquín Múgica Díaz

La expresidenta habla poco, lo hacen los afectados en su nombre mientras que la gobernadora es la voz del oficialismo

 

La campaña electoral para las elecciones legislativas 2017 comenzó a levantar temperatura. En el combate dialéctico y permanente, Cristina Kirchner y María Eugenia Vidal sobresalen del grupo de candidatos. Son ellas las mujeres que protagonizan la campaña en territorio bonaerense, aunque sus discursos apelan a nacionalizar la elección.

Las dudas sobre el futuro de la expresidenta mantuvieron en vilo al mundo político nacional y a una parte del electorado, el más aferrado a los constantes vaivenes diarios de la caótica política argentina. Es decir, una minoría. Fue Florencio Randazzo, protagonista de la telenovela peronista de la primera parte del año, el que brindó mayor certidumbre sobre lo que iba a hacer Cristina. Se reunió con la ex mandataria en la noche previa al cierre de listas y escuchó de su propia boca que sería candidata.

Cristina lleva adelante una campaña en silencio. No habla con los medios de comunicación ni brinda discursos públicos. Desde que confirmó su candidatura, solo se expresó dos veces públicamente. Fue en el lanzamiento de campaña del frente Unidad Ciudadana que se realizó en Mar del Plata y luego, el martes 1 con científicos. Después se dedicó a recorrer diferentes localidades de la provincia y transmitió, a través de sus voceros, cuáles eran las charlas que mantenía con los trabajadores afectados por las políticas del gobierno.

La exmandataria les puso cara a los problemas de la Argentina actual. Lo hizo cuando habló ante una multitud en el estadio de Arsenal de Sarandí y cuando presentó a sus candidatos en la costa bonaerense. También lo hace ahora, donde se muestra junto a trabajadores de diferentes fábricas o empresas que fueron afectados por la política económica del gobierno de Mauricio Macri. No habla ella. Hablan los afectados.

En el kirchnerismo y en el oficialismo utilizan el mismo recurso para atacar al contrincante. Hablan del pasado y del presente. Los que gobernaron antes se refieren a los derechos conseguidos y a los puestos de trabajo creados. Aseguran que Macri no cumplió con las promesas de campaña y que generó más pobreza. En Cambiemos también hablan de los últimos años. Se refieren a la corrupción, el autoritarismo y la mentira que manchó a los gobiernos de los Kirchner. Intercambian argumentos con furia y precisión. Se abrazan a la campaña del miedo sin temor a ahogarse en las contradicciones.

Quienes rodean a la ex jefa de Estado están convencidos de que Cristina ganará la elección y volverá a convertirse en la única jefa del peronismo. Apelan al golpeado bolsillo de la clase media y a los sectores más pobres del GBA, aquellos a los que más les afectó el 40% de inflación del 2016, el aumento del transporte público y las tarifas.  Creen que esos votantes le asegurarán la victoria a la expresidenta, una mujer a la que, según la mayoría de las encuestas, un 70% de la sociedad argentina no la volvería a votar. Aun así, son optimistas.

Otra realidad diferente es la que observan los dirigentes que conforman el homogéneo mundo peronista. Muchos, inclusive varios de los que forman parte de Unidad Ciudadana, creen que la figura de la expresidenta carece de proyección. No se la imaginan compitiendo en el 2019 en una elección presidencial. En gran medida es porque los encantadores números de intención de voto que marcan los sondeos en Buenos Aires no son los mismos que existen en las provincias más pobladas del país. Cristina no es la misma que supo ser. Es una dirigente que, en la PBA, sobre todo en el Conurbano, tiene una valoración muy diferente a la que posee en el resto del país.

María EugeniaV idal es la contracara de la exmandataria. Es la dirigente mejor evaluada en el país y tiene una imagen positiva superior a los 50 puntos. Ese es el argumento más fuerte que tuvo el Gobierno para darle la cinta de capitana y avisarle que sería la líder indiscutida en la campaña bonaerense. Los estrategas de la Casa Rosada están tan confiados del convencimiento que puede generar la gobernadora en el electorado, que llenaron la boleta de dirigentes que tiene un bajo nivel de conocimiento. Lo importante, en definitiva, es que Vidal siempre esté al lado de ellos.

En este nuevo tiempo, la mandataria provincial se dedica a lanzar críticas contra el kirchnerismo y, en especial, contra Cristina. Invita a la ex presidente a subirse al ring electoral y le propone un duelo de imagen y palabras. Al igual que Daniel Scioli durante sus años de gobernador, Vidal parece tener un traje de amianto que le impide quemarse con los conflictos diarios de la provincia. Entonces, aprovecha su fortaleza y golpea. Sus declaraciones suben de tono con el pasar de los días. La destinataria es siempre la misma: la expresidente.

El Gobierno está decidido a polarizar la elección. Lo hará en las PASO y también en octubre. Es lo nuevo contra lo viejo. Son las caras, de larga trayectoria, de Scioli y Fernando Espinoza, frente a una desconocida Gladys González y un ex ministro de bajo perfil como Esteban Bullrich.

Vidal remarca esa división con un micrófono en la mano. Son ellos o nosotros. Rema contra el turbulento río económico de un año y medio de gestión, reconoce que el famoso “ cambio”  aún no llegó a todos y desgasta la imagen de Cristina. La gobernadora está transpirando la camiseta. Vidal repite varias veces en la semana las mismas preguntas. ¿Por qué Cristina no habla? ¿Por qué no responde preguntas? ¿Por qué esconde a sus candidatos? En cada discurso electoral ataca la figura de la ex jefa de Estado. Es la forma de exponerla. Además, aprovecha la estrategia de sus competidores. Sabe que ella no es blanco de ataque en el kirchnerismo, que su figura es más difícil de limar que la de Mauricio Macri. Entonces golpea sin tregua a su rival política. Pelea contra una figura. Cada frase es un golpe que apuesta a derretir la credibilidad kirchnerista.

En el Gobierno buscan dar el primer gran paso para eliminar a Cristina Kichner del mapa político. Le quieren ganar la elección de octubre. Ese triunfo podría retumbar con fuerza en los pasillos del peronismo. Allí donde no importa ni la mística, ni el pasado, ni las idolatrías. Allí donde lo que verdaderamente importa es ganar. Si Cristina no gana, le será muy difícil mantener al peronismo alineado detrás de ella. Una derrota en los próximos comicios podría ser el principio del final.Vidal se está embarrando los pies y quiere quedarse con los laureles. Es la principal encargada de que la derrota de la ex mandataria se haga efectiva.

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