¿A quién le importa ser concejal?

Por Marcos Falcone Licenciado en Ciencia Política y Gobierno por la UTDT

Las trayectorias de los concejales bonaerenses son  relativamente efímeras, sobre todo la de aquellos que representan a los grandes partidos nacionales

 

La última vez que, como grupo, los concejales fueron noticia en la provincia de Buenos Aires, fue cuando el año pasado la Legislatura sancionó finalmente una ley que limita sus posibilidades de reelección a solo una. El objetivo públicamente esgrimido en defensa del proyecto, sin embargo, era en realidad la limitación de la cantidad de mandatos acumulables de los intendentes, lo que también se aprobó aquella vez. ¿Por qué los concejales, entonces, fueron parte de esta reforma? ¿Suelen ser reelectos? ¿Qué sabemos acerca de sus trayectorias? ¿Sabemos algo acerca de sus fines a la hora de ser electos concejales?

Para responder a estas preguntas estoy desarrollando una investigación, en la Universidad Nacional de Mar del Plata, sobre las trayectorias y los fines de los concejales en la provincia de Buenos Aires. A partir de  “Amateur Legislators – Professional Politicians”, el trabajo seminal de Mark Jones et al. publicado en 2002 acerca de las consecuencias del establecimiento de ciertas reglas electorales centradas en los partidos en el funcionamiento del congreso nacional, la investigación en curso ha tomado hasta ahora al municipio de General Pueyrredón y,  a los efectos de este artículo, otros tres grandes municipios de la provincia (La Matanza, La Plata y Bahía Blanca) con el objetivo de comparar las trayectorias y los fines de los concejales de cada partido.

Las trayectorias de los concejales son, en todos los casos analizados, relativamente efímeras: entre 1983 y 2015, el porcentaje de concejales que solo fueron electos una vez oscila entre el 72% (General Pueyrredón) y el 77% (La Matanza). Este resultado está en línea con la teoría expresada en el trabajo de Jones et al.: se puede esperar que, cuanto más poder den las reglas electorales al partido por sobre los propios legisladores a la hora de decidir su reelección, más fugaz sea el paso por la Legislatura de estos últimos en comparación con la situación inversa. Igual que en aquel trabajo, en esta comparación se obtienen tasas de reelección similares para el Partido Justicialista y la Unión Cívica Radical. Sin embargo, la introducción de partidos vecinalistas en el análisis produce resultados interesantes que trascienden la teoría de Jones et al.: mientras en La Matanza su presencia es nula, en Bahía Blanca tiende a cero y en La Plata es debatible (según si se toman los desprendimientos del intendente Bruera en 2007 y 2009 como un ejemplo de vecinalismo), en General Pueyrredón el porcentaje histórico de concejales vecinalistas es del 15% y presenta tasas de reelección divergentes respecto de los partidos nacionales tradicionales. Un concejal de Acción Marplatense, en el período estudiado, tiene casi un 80% más de probabilidades de ser reelecto que un concejal del PJ, y un 45% más que uno de la UCR.

Que el vecinalismo tenga tasas de reelección más altas que los partidos tradicionales no sorprende si se tiene en cuenta que el objeto de un partido vecinalista es, necesariamente, más acotado que el de un partido nacional. Mientras los concejales del PJ y la UCR pueden aspirar a ocupar cargos a nivel nacional o provincial, esa posibilidad se ve naturalmente reducida para los vecinalistas (a menos que estos, como AM en los últimos años, establezcan alianzas puntuales con partidos nacionales, pero entonces la gama de posibilidades se amplía, precisamente, a costa del vecinalismo). Como sea, la intuición teórica que podría tenerse al respecto está respaldada por algunos datos, y ulteriores investigaciones que incluyan más municipios y mayores períodos de tiempo serían saludables para confirmar estos hallazgos.

Respecto de hacia dónde van los concejales una vez que dejan la concejalía, el análisis se dificulta porque la falta de datos sobre las carreras de todos los concejales es patente y limita las conclusiones a las que pueda llegarse. Pero se puede analizar, preliminarmente, un destino sencillo de observar: la intendencia.  Y, en este sentido, se encuentran patrones claramente heterogéneos: por ejemplo, en La Plata solo un concejal electo pasó desde el retorno a la democracia del recinto legislativo a la intendencia (Bruera, en 2007); pero en General Pueyrredón, a la inversa, solo un intendente no surgió del concejo deliberante (Russak, en 1991). La Matanza y Bahía Blanca, por su parte, son casos intermedios: en el primero, una mayoría de intendentes no provino del concejo, pero esa propensión ha menguado en los últimos años; en el segundo, la mayoría sí provino de él, pero la llegada de un outsider (ya no del Concejo, sino de la política en general) a la intendencia en 2015 ha interrumpido la tendencia. Estas diferencias, especialmente la que enfrenta a La Plata con General Pueyrredón, merecen ser explicadas, pues no parece hasta ahora existir investigación sistemática a nivel municipal sobre este punto: solo se puede suponer acerca de los factores causales detrás de estas diferencias.

Ser concejal en General Pueyrredón, entonces, no es lo mismo que serlo en La Matanza, La Plata o Bahía Blanca: los incentivos para serlo, parece indicar la evidencia, no son los mismos. Aunque en general se asume que la arena municipal es el primer paso para ascender al nivel provincial y nacional, se ha observado que existen importantes diferencias en las tasas de reelección de concejales según el alcance geográfico del partido, y que dista de ser igual el rol que los distintos concejos deliberantes juegan en  “colocar”  intendentes. ¿A quién le importa, entonces, tener una carrera como concejal? Pareciera ser que es más importante serlo si se pertenece a un partido vecinal, o si se está en Mar del Plata. ¿Por qué? Cuando hemos podido, hemos esgrimido argumentos provisionales, pero estas son preguntas cuyas respuestas requieren de más investigación: como siempre, hará falta recolectar más datos y producir teoría para captar de manera más sólida el sentido de los fenómenos sociales

Be Sociable, Share!
Esta entrada fue publicada en Edición 160. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *