Coloradismo eterno o alternancia en Paraguay

 

Por Marcos Pérez Talia (*)

 

El consolidado bipartidismo paraguayo se juega en las elecciones de este año una reproducción eterna de su lógica o la posibilidad de repetir un escenario de cambios

 

El 22 de abril Paraguay va a celebrar elecciones generales. Como en casi todas las elecciones previas, las candidaturas con posibilidades de alcanzar el poder provienen de los dos partidos tradicionales: la del colorado Mario Abdo Benítez, hijo del eterno secretario privado del dictador Stroessner, y la de Efraín Alegre, en el marco de una alianza entre el Partido Liberal y la izquierda. Por el sector colorado, Abdo Benítez derrotó en las primarias de su partido al candidato del presidente Cartes, Santiago Peña.

Una vez que Abdo Benítez triunfó y se convirtió en el candidato oficial del Partido Colorado su discurso dio un giro repentino, abandonando su posición crítica hacia el oficialismo y mostrándose muy cercano a Cartes. Su decisión viene dada a partir de dos escenarios que se le plantearon: 1) mantenerse coherente con su discurso de campaña, a distancia prudencial de Cartes y su entorno, pero a sabiendas de que ello podría disminuir sus chances electorales, o 2) apartarse de su discurso y buscar el célebre“ abrazo republicano”, todo un ritual dentro del coloradismo.

Finalmente optó por la segunda opción, lo cual le generó ciertas críticas especialmente en el sector independiente. Como consecuencia, el candidato colorado disminuyó ostensiblemente sus críticas hacia Cartes proponiendo, en su lugar, la “ unidad total”  del coloradismo para derrotar a la oposición.

En el sector opositor, el Partido Liberal y la izquierda logaron concretar un acuerdo, semejante al 2008 que llevó a la presidencia a Fernando Lugo, a fin de enfrentar unidos al coloradismo. El candidato a presidente es el liberal Efraín Alegre y la candidatura a vicepresidente recayó en Leo Rubín, un comunicador sin trayectoria política, quien defiende los derechos indígenas, medioambientales y campesinos.

Sin embargo, el camino de la oposición para concretar el acuerdo fue prolongado y sinuoso. El intento de introducir la reelección presidencial fue otro motivo de crisis en la oposición. El presidente Cartes buscó activamente la aprobación de la reelección, en alianza con Lugo y un sector del liberalismo. La oposición a la reelección estuvo liderada por el presidente liberal Alegre, el colorado no oficialista Abdo Benítez y el intendente de Asunción, el izquierdista Ferreiro. Este episodio generó una fuerte crisis institucional por cuya consecuencia la reelección finalmente no prosperó, pero la oposición había quedado fragmentada.

A pesar de esos hechos, los opositores decidieron hacer “borrón y cuenta nueva” y lograron unos meses después concretar la alianza a fin de intentar enfrentar con éxito al todopoderoso partido colorado. El desafío opositor pasa por conformar un solo cuerpo cohesionado en el que se destacan al menos cuatro facciones bien diferenciadas y que muchas veces se sitúan en las antípodas: el oficialismo liberal de Alegre, la oposición liberal de Blas Llano, el Frente Guazú de Lugo y Avanza País de Mario Ferreiro.

Las propuestas de Abdo Benítez se centran principalmente en devolver la dignidad del coloradismo en el poder, lo cual se traduce en “ coloradizar”  nuevamente la administración pública, la vuelta del servicio militar obligatorio para los jóvenes como respuesta a las altas tasas delictivas, reducción de impuestos a empresarios que inviertan en el país y mejorar la burocracia estatal.

La alianza opositora, por otro lado, propone principalmente una política energética en torno a las hidroeléctricas Itaipú y Y acyretá como generadora de empleos, incentivación a la agricultura familiar campesina y una reforma tributaria más equitativa.

Sin embargo, hay debates que están acaparando los medios de prensa y la opinión pública que, de alguna manera, evitan discutir las propuestas de los candidatos. Las candidaturas al Senado del presidente Cartes y del ex presidente Duarte Frutos, a pesar del impedimento constitucional, y la designación de la nueva Fiscal General del Estado, luego de una dudosa conformación de terna, son ejemplos de ello.

El Partido Colorado tiene la virtud de ser problema y solución a la vez; ser poder y oposición al mismo tiempo. Ese poder centrípeto les lleva a acaparar indefectiblemente el debate político nacional y la atención de una importante mayoría electoral. Los medios de prensa y la ciudadanía se han mostrado muy críticos con el devenir del gobierno de Cartes. El triunfo de Abdo Benítez dentro del coloradismo representa el éxito del voto-protesta del electorado colorado, normalmente conservador y contrario al cambio. Más allá de que hoy Cartes y Abdo Benítez se muestren diariamente juntos, y con un mismo equipo político unificado, queda la sensación de que el gran cambio ya se votó en las internas coloradas.

El derrotero de la oposición, como en todas las elecciones, no deviene fácil más allá de haber logrado reeditar la exitosa alianza entre liberales e izquierda que hace diez años llevó a Lugo a la presidencia. Su gran desafío pasa por convencer con un programa más sustantivo y diferenciado del conservador Partido Colorado; por aprender de sus errores que costaron la destitución de Lugo por la vía del juicio político. Pero, sobre todo, por persuadir al electorado que la derrota de Cartes en diciembre no bastó, porque el coloradismo es flexible y con una notable capacidad de adaptación en momentos en que el poder está en juego, lo cual requiere de un segundo voto-castigo, esta vez a nivel nacional. Nada sencillo.

Como fuere, el 22 de abril los paraguayos elegirán en las urnas si optan por la segunda alternancia política por la vía democrática en poco más de doscientos años de vida independiente, o por la continuidad del Partido Colorado en el poder, lo que reafirmaría la idea del  “coloradismo eterno”  encarnada por el pensador colorado Natalicio González.

(*) UNR

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