¿(Des)correización de Ecuador?

 

El resultado del referéndum constitucional de febrero deja al país en una etapa de cambios en sus opciones políticas de cara a las elecciones regionales de 2019

 

Por Natalia Del Cogliano (*)

 

 

El año político comenzó en Ecuador el pasado 4 de febrero cuando los ecuatorianos fueron convocados a un referéndum constitucional y una consulta popular para decidir, entre otras cosas, sobre la eliminación de la reelección indefinida introducida en la constitución en 2015 por el entonces presidente Rafael Correa. Con el 64,2% a favor de limitar la reelección presidencial a una única vez, el presidente Lenín Voltaire Moreno Garcés –por si le faltaba a su nombre alguna reminiscencia– obtuvo una contundente victoria sobre su antecesor. Así, 2018 comienza sellando el giro de Moreno hacia afuera del correísmo que lo llevara al poder tan solo nueve meses atrás, en el marco de una lucha sin cuartel entre ambos líderes.

Los resultados del referéndum no sólo cerraron la posibilidad de retorno de Rafael Correa en las elecciones presidenciales de 2021 luego de diez años en el poder. También hicieron eco al interior de la Asamblea Nacional, donde el bloque Alianza PAIS sufre los embates de la disputa entre el presidente y el ex mandatario. Mientras se conforma la Comisión Especializada para tratar –y aprobar o no– las modificaciones votadas por el pueblo, el bloque oficialista de Alianza PAIS se fracturó entre morenistas y correístas. A fines de 2017, convocado el referéndum, 23 de los 74 asambleístas del bloque –entre puros y aliados– se declararon correístas, cuestionando la legitimidad y constitucionalidad del referéndum de Moreno. De esta manera, si bien el oficialismo necesitará negociar apoyos para legislar, cuenta con parte importante de la oposición y con el presidente de la Asamblea para la aprobación de las reformas constitucionales.

¿NACE UN GOBIERNO LENINISTA?

La victoria del Sí en el referéndum constitucional y la consulta popular (5 y 2 preguntas respectivamente, estas últimas sobre reformas legales) significa, en primer lugar, un espaldarazo a la gestión de Moreno. El actual presidente necesitaba consolidar su liderazgo luego de haber triunfado en las elecciones de 2017, como candidato de la continuidad de un correísmo sin Correa, en las que serían las elecciones más ajustadas para la experiencia Alianza PAIS desde su nacimiento en 2006.

Si bien Moreno fue dos veces vicepresidente de Correa (2007-2013) y la composición de su gabinete mantiene nombres de la gestión de su predecesor, desde los inicios de su gobierno buscó apartarse del estilo correísta. Por eso, la victoria del Sí significa el cierre de un período de transición y el comienzo de una nueva etapa más puramente leninista basada en pretensiones de fortalecimiento del sistema republicano, la lucha contra la corrupción, en la restitución de libertades públicas cercenadas durante el gobierno de su antecesor, el diálogo y la generación de consensos con diversos actores, aún con históricos opositores de la llamada revolución ciudadana de Correa (la Confederación de Nacionalidades Indígenas, empresarios, medios de comunicación, banqueros, etcétera). El lema podría ser: menos Estado y volver a los actores.

Todavía está por verse en qué medida Moreno, que goza de alta popularidad y que, como advirtiera el especialista en política ecuatoriana Esteban De Gori, aparece como un presidente más cercano al espíritu menos amigo del estatismo del pueblo ecuatoriano; está dispuesto a terminar con la continuidad y el gradualismo poscorreista. En lo sucesivo Lenín deberá avanzar en definiciones en materia económica y política que darán entidad a su gobierno. En gran medida, el perfil ideológico que adquiera su gestión dependerá de los condicionamientos que establezca la necesidad de sellar acuerdos de gobernabilidad, a los que deberá arribar en un marco de fragmentación partidaria y legislativa. Por lo pronto, deberá negociar con las fuerzas opositoras con representación en la Asamblea Nacional, a la derecha del espectro político. Por lo tanto, si Lenín termina a la derecha de Correa será más como consecuencia no deseada de los acuerdos de gobernabilidad que deba hacer que, obviamente, por el deseo de traicionar sus orígenes trotskistas. En efecto ¿cuánto más de derecha sería un TLC con Estados Unidos que el firmado por Correa con la UE? Si bien lo espera con ansias, el mismo Correa admite en off que Ecuador (aún) no ha virado a la derecha.

¿QUE HARA RAFAEL?

Mientras tanto, desde Bélgica y vía Twitter, Rafael Correa apuesta a la consolidación del Movimiento Revolución Ciudadana –que, sin ahorrar en setentismo, está en proceso de convertirse en Movimiento Revolucionario Alfarista–, organización que fundó tras desvincularse de Alianza PAIS en enero de este año. El ex mandatario no pudo darse el lujo de que su criatura marchara hacia la institucionalización esperando su regreso en un futuro de mediano plazo. Con su nuevo movimiento, Correa podría participar, por ejemplo, como candidato a alcalde de su Guayaquil natal –la enmienda constitucional producto del referéndum no se lo impide– en las elecciones regionales de 2019, y disputar –esta vez no a título personal– el poder político en las presidenciales de 2021. Si así lo decidiera, sólo resta saber cómo o quiénes financiarían su candidatura. Sin embargo, en el marco de una elite política por demás adversa a la idea de su regreso, otra opción es que a través de su nueva fuerza partidaria Correa busque retener una base de apoyo y proyectarse en el tiempo, jugando con nuevos candidatos en las regionales de 2019. La apuesta, por supuesto, estaría en la región Costa.

De esta manera, 2018 será un año buffer pero vital, que terminará de acomodar a los viejos aliados en sus casilleros. Estos buscarán movilizar apoyos en el nuevo escenario de cara a la instancia en que medirán fuerzas: las regionales de 2019. Para entonces, habrá que estar atentos a ver cómo se reparten los votos de la otrora unificada Alianza PAIS en, por ejemplo, la región Costa del país –todavía baluarte del correísmo donde los resultados del referéndum sobre la reelección fueron más adversos a Moreno-.

 

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