Una guerra de fondo en la política argentina

 

Sin un PJ fortalecido, los peronismos en las provincias se verán impulsados hacia estrategias electorales locales

Por Julio Burdman

 

La competencia que domina la política no es entre Cambiemos y el kirchnerismo. Es entre Cambiemos y el peronismo no kirchnerista. Mientras dialoga y por momentos co-gobierna con el oficialismo, piensa en sucederlo. Y así, poco a poco y sin llamar la atención, se convirtió en una amenaza electoral para la continuidad del presidente. Mauricio Macri busca la reelección.Y  aspira, naturalmente, a lograrla en primera vuelta. Hoy, lo probable es que el kirchnerismo y el peronismo no kirchnerista vayan divididos, lo que facilita al presidente el ideal de un triunfo con 40 puntos porcentuales y 10 puntos de diferencia con el segundo. Tal como estipula la Constitución de 1994. Pero si no llegase a los 40 puntos, prefiere volver a enfrentar al kirchnerismo. Repetir noviembre de 2015. El kirchnerismo es un buen rival de segunda vuelta, porque divide el voto opositor. En cambio, en una eventual segunda vuelta, un peronista no kirchnerista podría arrastrar detrás de sí al voto kirchnerista, y arrebatar a Cambiemos la reelección. Por esa razón, Macri debe impedir que ese peronismo no kirchnerista -es decir, el justicialismo de los gobernadores, Pichetto, Massa y Bossio- se organice y se vuelva competitivo. Es cierto que ese peronismo no kirchnerista hoy no pone sobre la mesa un candidato fuerte. Y eso puede llevar a muchos a creer que ese otro peronismo no existe como fuerza política nacional. Pero alguien va a representar a la oposición en 2019, y el justicialismo es la fuerza más preparada para terciar en la hegemonía macrista-kirchnerista de la Argentina reciente. Es una fuerza en potencia. Cuenta con una gran cantidad de gobernadores y bloques determinantes en el Senado y la Cámara de Diputados. Tiene presencia en cada rincón del país. Y aliados en el empresariado, los sindicatos, el Estado y los grandes medios de comunicación. Puede promover la candidatura de un cuadro propio -Massa y Urtubey tienen ganas- o sorprender con un extrapartidario sin pasado político. Hay una restricción: ese justicialismo forma parte de la mesa de gobernabilidad argentina. Junto al PRO y los radicales. Facilitó el triunfo de Macri en 2015, cuando Massa y los cordobeces apoyaron a Macri en el balotaje. Y co-gobernó con Macri en el Congreso y en las relaciones federales durante los dos primeros años de Cambiemos. Por lo tanto, para muchos gobernadores ir por la Presidencia es una decisión existencial. Tienen que mudarse a otro lugar. Y para ello, tienen que convencerse de que Macri ya no les resulta funcional. Sea porque no llega al 40%, o porque creció demasiado y ya no los necesita. No sirve un presidente demasiado fuerte que se agrande y promueva candidatos cambiemitas en las provincias peronistas.Y  tampoco sirve uno demasiado débil sin proyección de continuidad. Hoy en día, ese justicialismo amenazante está dudando. Algunos ven que el momento de jugar ya llegó. Duhalde los llama, Pichetto los persuade. Son los que creen al mismo tiempo que la economía de Cambiemos no garantiza una reelección, y que el kirchnerismo no levanta más. Otro sector, más mediterráneo, cree en cambio que Macri es un aliado reelegible que no piensa amenazar el poder territorial del PJ. Es decir, que no va a jugar a fondo por candidatos amarillos allí donde haya un gobernador justicialista con el que se pueda negociar. Por lo tanto, concluyen los mesurados, hay que apostar a un plan de“ reelección para todos los que gobiernan”. Consistente en adelantar las elecciones provinciales y jugar tibiamente -o no jugar- en las presidenciales. Sobre esa duda opera hoy el macrismo. Su estrategia es dividir al justicialismo amenazante, manteniéndose muy cerca de algunos y no tanto de otros. Hay que seguir de cerca lo que sucede en la provincia de Chaco, donde el gobierno provincial está jaqueado por una investigación de corrupción en manos de la justicia federal. Y mientras tanto, proliferan los “ataques preventivos” en todo el país. Alguien no quiere que los medios de comunicación de origen mendocino se enrolen detrás de una candidatura peronista. Y Macri convoca a los cuatro gobernadores del Noreste (Formosa, Misiones, Corrientes y Chaco) para“ relanzar el Plan Belgrano” justo el mismo día y a la misma hora en que Pichetto y Bordet se reúnen en Gualeguaychú con el resto de los gobernadores peronistas. En este marco, la intervención del PJ crea un problema para la emergencia de un justicialismo federal competitivo. El convocante sello partidario argentino, que el justicialismo no kirchnerista pensaba recuperar, permitía articular a los gobernadores provinciales (y a sus listas legislativas) detrás de una lista presidencial común. Sin un PJ fortalecido y organizado, los peronismos provinciales se ven más empujados hacia estrategias electorales provincialistas, y a dejar en segundo plano la apuesta presidencial

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